La Persecución: el proceso purificador de la Iglesia

Acabo de ver este video que es una especie de Biografía del Dr. Wong, que según he entendido es maestro de nuevo Testamento en el seminario donde John MacArthur es director.

Trata de un momento especial de sus vida en medio de la china comunista, del como Dios en su providencia movió los hilos de las vidas de muchos para preservarlos en medio de la persecución comunista.

MacArthur al hablar del porque una iglesia como la china que es cruelmente perseguida es la más grande del mundo dice lo siguiente:

¿a qué se debe esto? Por que es un proceso purificador. Los hipócritas abandonan la religión, porque no es gracioso hacer algo que les costaría la vida. ¿y cuál es el resultado de eso? Una tremenda expansión del evangelio, por la credibilidad que causa”

Que Dios en su providencia permita que la iglesia crezca. No me refiero a numero, me refiero a contenido, a profundidad en el relacionamiento personal con el Señor de la Iglesia.

 

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Somos la Escoria del mundo

Constantemente escuchamos que somos más que vencedores, que Dios nos ha llamado a reinar junto con Él, etc. Todo ello es verdad, pero cuan pocas veces escuchamos lo que John MacArthur nos dice a continuación sobre 1 Co 4:13:

En el versículo 13 de 1 Co 4, dijo (Pablo): “hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos”. Otra manera de traducir esto sería: “Hemos venido a ser la escoria del mundo y las heces de todo”. ¿Escoria? ¿ Heces? Esa no es la manera de atraer una multitud de seguidores. Escoria, en griego, es perikatharma. Katharma, que se relaciona con “catarsis”, es “limpiar”, y peri significa rodear o encerrar en un círculo. La perikatharma es la escoria que se queda en el fondo de la olla, el residuo que alguien tiene que restregar por completo para quitar. La gente en el mundo antiguo usaba la palabra en sentido metafórico para describir a los criminales de la más baja ralea, que las autoridades ofrecían como sacrificios humanos para aplacar a las falsas deidades que temían. Si uno quería quitarse de encima a un dios furibundo, por creer que ese dios había mandado una hambruna o una plaga, o porque se había perdido la guerra, se buscaba a alguien entre la escoria de la sociedad, un mugriento don nadie al que no echarían de menos y que de todas maneras había que eliminar, y se ponía sobre un altar como sacrificio para aplacar a la deidad, Pablo dijo que así es como el mundo nos ve. Somos la escoria.

Luego dijo que somos peripsema, el desecho. Lo que hacemos aquí es hundirnos todavía más, se puede eliminar la perikatharma mediante una limpieza completa, pero esta es la costra pegoteada que no sale si no es con gran esfuerzo. Es el desecho último, pertinaz, totalmente inútil, que se pega en el fondo de la olla que se ha vaciado y limpiado.

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John MacArthur, Difícil de Creer, pagina 53, Editorial Betania