Una Mirada al Bautismo Infantil

por Richart Pratt

Hablaremos de algunos aspectos relacionados con la pregunta de quién debe ser bautizado. Mi propósito es que comiencen a considerar que el bautismo de infantes quizá no es una práctica tan contraria a la enseñanza de la Biblia después de todo, como a veces se le considera.

Hay enseñanzas de la Biblia de las que podemos tener certeza con facilidad. Por ejemplo, la resurrección de Cristo, la muerte de Jesús por los pecados, etc. Pero hay otros asuntos en la Biblia de los que no llegamos con rapidez a una conclusión. Por ejemplo, ¿qué tipo de gobierno eclesiástico debemos tener? En este tipo de asuntos, a veces decimos algo como: “Entiendo que hay varios puntos de vista sobre este asunto que se derivan de la Biblia, pero me parece que este es el correcto”. En tales asuntos, tienes que ser humilde con tus conclusiones, tienes que ser abierto y ser paciente con los demás.

Quiero decirles que el bautismo de infantes no es uno estos asuntos de absoluta claridad u obviedad. No es un asunto para el cual puedas sólo leer un versículo y haberlo resuelto enseguida. Más bien, el bautismo de infantes es más un asunto que hay que estudiar, pensar y aun así, no se convence uno a la primera.

Cuando crecía en casa de mis padres, siempre hablábamos de poner una barda alrededor del patio trasero. Pero mi padre decía: “No, es muy caro….voy a esperar”. El decía: “Vamos a esperar a que el Sr. Springfield, nuestro vecino, haga la barda de su lado, y el Sr. Berkhoff haga la suya y luego yo sólo tendré que construir un pedazo al fondo y listo”. Por supuesto, le llevó 25 años el proceso pero por fin se terminó la barda.

En mi experiencia he encontrado que hay varias maneras de intentar explicar porqué bautizamos a los niños. Y pienso que una estrategia similar a la de mi padre con su barda es apropiada para entrar en la discusión. En vez de atacar el asunto directamente y tratar de “construir la barda” alrededor de todo esta enseñanza, vamos a construir la barda abordando primero otras doctrinas bíblicas importantes. Pienso que estas doctrinas son esenciales porque son precisamente estos asuntos los que alejan a las personas del entendimiento de porqué ponemos agua sobre la cabeza de nuestros niños.

Estos asuntos son: 1. La pregunta de la unidad de la Biblia; 2. La relación entre enseñanzas implícitas y explícitas en la Biblia; y 3. El origen y el propósito del bautismo. Si vas encontrando estas enseñanzas como bíblicas, será luego más fácil entender porqué los reformados bautizamos a los niños.

La Pregunta sobre la Unidad de la Biblia
¿Sabían ustedes que hay cristianos que piensan que la Biblia está desunida? Yo crecí en una Escuela Dominical en la que se me enseñaban este tipo de cosas: “El Dios del Antiguo Testamento es un Dios de enojo e ira, en cambio el Dios del Nuevo Testamento es un Dios de Misericordia, bondad y amor”. Lo que este tipo de enseñanza apoya es una idea básica sobre la Biblia. La idea de que la Biblia está desunida. En vez de tener un solo tema o programa básicos, la Biblia puede ser dividida en segmentos. En esos segmentos se pueden ver programas radicalmente distintos de época en época. La idea es como si Dios plantó un árbol, pero no funcionó; entonces lo cortó y plantó un nuevo árbol y así sucesivamente. Si este es tu punto de vista sobre la Biblia, nunca creerás en el bautismo de infantes.

Para creer en el bautismo de infantes es necesario creer que la Biblia está unificada. Por supuesto, es claro que hay diferencias entre los diversos períodos de la historia bíblica, pero al mismo tiempo enseñamos que hay una unidad básica a través de la historia de la redención. El tema unificador de todos estos períodos es lo que llamamos el pacto. Hablamos de dos pactos: el pacto de obras (antes de la caída de la humanidad en pecado) y el pacto de gracia (a partir de la caída y abarca toda la Biblia). Por esto la idea de que la Biblia está fragmentada la consideramos equivocada. No creemos que Dios plantó un árbol y luego lo destruyó y plantó otro, y así sucesivamente; sino creemos que Dios plantó una semilla, que nació, creció, y llegó a ser un árbol grande. Ese árbol es el pacto de gracia que abarca todas las épocas de la historia bíblica.

Cuando comparas los tiempos de Moisés con los de Cristo, puedes notar las diferencias, pero al mismo tiempo sabemos que Jesús dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mat 5:17). En Romanos 3, el Apóstol dice que precisamente la ley de Moisés y los profetas testifican sobre la justificación por la fe (Romanos 3:21). La Biblia no está desunida, sino existe un mismo tema que abarca toda la historia bíblica; por supuesto en diferentes épocas se mostró en vías de desarrollo, pero es el mismo tema unificador.

¿Existe algo que vaya a través de toda la Biblia y le de su trasfondo al bautismo de infantes? Así es. Cuando Dios salva a las personas, no sólo el adulto entra a una relación especial con Dios sino también sus descendientes están incluidos. Pensemos en Noé, por ejemplo, su relación con Dios incluyó también a sus hijos al grado de que fueron preservados en el arca. Consideremos ahora a Abraham. En Génesis 15 y 17 Dios hace su pacto con Abraham y esto incluyó también a sus descendientes. En los tiempos de Moisés, Deuteronomio 29:29 nos dice: “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre”. Esto suena extraño para nuestros oídos que estamos acostumbrados a pensar sólo en el adulto creyente, pero vemos la pauta de Dios de incluir en el pacto a los descendientes del adulto creyente. De igual manera en los tiempos de David, como dice 2 Samuel 7, el pacto incluyó a David y a sus descendientes.

Después de tener todo el Antiguo Testamento por siglos siguiendo esta pauta de incluir a los descendientes en el pacto, esperaríamos que el Nuevo Testamento dijera enfáticamente, ya no es así; que dijera ya los descendientes no están incluidos en el pacto, ahora sólo es para los adultos creyentes. Pero vemos que el Nuevo Testamento no sólo no detiene esta pauta, sino que de hecho, nos dice que efectivamente la pauta continúa. En Hechos 2:37-39, Pedro, en este contexto, afirma que la promesa también es para los hijos de los creyentes. Otro versículo que nos recalca esto es 1 Corintios 7:14. En este versículo, los hijos del creyente son llamados “santos”. Esto no quiere decir que son salvos automáticamente, pero al igual que los hijos de Noé, Abraham, Moisés, David fuero apartados de una manera especial para Dios, así mismo los hijos de creyentes están en un lugar especial para con Dios.

¿Por qué no hay muchos versículos sobre esto en el Nuevo Testamento? Por la misma razón de que no hay muchos versículos sobre la oración, la justicia social, adoración y muchas otras cosas., porque están en el Antiguo Testamento. Por todo esto, uno de los temas que van de pasta a pasta de la Biblia es que el pacto de gracia te incluye a ti y a tus hijos.

La relación entre enseñanzas implícitas y explícitas en la Biblia
¿Qué es una enseñanza explícita de la Biblia? Aquellas que son claras y directas. Por ejemplo: “haz esto o aquello y vivirás”. Ahora bien, ¿Qué es una enseñanza implícita de la Biblia? Son aquellas que están por debajo de la superficie. Algunos de nosotros pensamos que si algo se dice explícitamente en el Nuevo Testamento, entonces eso es lo más importante y si algo está implícito, entonces no es importante. Pensamos que lo explícito es lo más importe; aquello para lo cual podemos leer un versículo palabra por palabra y la enseñanza está en la superficie. Si podemos citar un versículo explícito, entonces sentimos que hemos probado nuestro caso.
Si crees que las enseñanzas explícitas de la Biblia son más fundamentales o más importantes que las implícitas, nunca creerás en el bautismo de infantes. La realidad es que nadie puede mostrar un versículo del Nuevo Testamento que ordene explícitamente que bauticemos a nuestros hijos. Por supuesto, hay varios versículos en los que esto se podría estar implicando, como el episodio de Hechos 16 con el carcelero de Filipos. Pablo le dice: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa”. Hay varios relatos de bautismos de casas enteras en Hechos. Por supuesto, ninguno de esos pasajes dice explícitamente que había niños.

Sin embargo, quiero decirles que las doctrinas más fundamentales de la fe cristiana en el Nuevo Testamento no son explícitas, sino implícitas. Por ejemplo, la doctrina de la Trinidad. No hay un solo versículo en la Escritura que enseñe explícitamente la doctrina de la trinidad. ¿Cómo sostenemos la doctrina? Tomamos un poco de este versículo y otro poco del otro y así implícitamente llegamos a la enseñanza bíblica. Otro ejemplo, es la doble naturaleza de Cristo. Es decir, que Cristo es totalmente Dios y totalmente hombre al mismo tiempo. No encontramos ningún versículo en la Biblia que nos diga explícitamente: “Cristo es humano y divino”. Pero hemos llegado a esta conclusión tomando la enseñanza implícita de muchos pasajes de la Escritura. Un ejemplo más sería el título que más se aplica a Jesús en el Nuevo Testamento: Cristo. El Nuevo Testamento nunca define el significado de este título. ¿Cómo sabemos qué significa? por todas la enseñanza implícita del Antiguo Testamento.

Si quieres considerar realmente la enseñanza del bautismo de infantes, tienes que reconocer que hay enseñanzas importantes en la Biblia que son implícitas. En el Antiguo Testamento había una señal del pacto, la circuncisión. Y ahora decimos que la nueva señal del pacto es el bautismo. Y a la luz de todos estos versículos que enseñan que el pacto incluye también a los descendientes, entonces, concluimos que nuestros hijos también deben recibir la señal del pacto de manera similar a como se aplicó a los hijos de Abraham, Isaac, Jacob, etc. No hay un solo versículo que por sí solo demuestre esta enseñanza, sino hay que considerar toda la enseñanza implícita de la Biblia entera.

El origen y propósito del Bautismo
¿De dónde vino esta idea de bautizar a la gente? Durante el tiempo del período entre el Antiguo y Nuevo Testamento, los judíos hicieron mucho trabajo misionero. Cuando la gente se convertía los hacían pasar por un lavamiento ritual llamado bautismo de prosélitos. Inclusive hoy en día en las sinagogas hay lugares donde hacen este ritual. Luego, los varones eran circuncidados después de ser bautizados. Juan el Bautista era uno de estos judíos que le decía a la gente que debía ser bautizada, que debía pasar por este ritual de lavamiento. Pero lo curioso era que Juan no le estaba hablando a gentiles, sino a judíos. Con esto les estaba diciendo que si querían entrar al reino de Dios tenían que bautizarse como los gentiles. No es de extrañarse que los judíos se hayan ofendido. Por eso decían que eran los hijos de Abraham, pero Juan les recordaba que Dios podía levantar hijos de Abraham inclusive de las piedras. La circuncisión había comenzado a desaparecer como señal del pacto. Había sido tan mal usada que iba a ser reemplazada por una nueva señal, es decir, el bautismo.

En el Antiguo Testamento la señal de pacto era la circuncisión y duró hasta los días de Cristo, pero le fue añadida una nueva señal. Luego, la Iglesia hizo algo interesante en el capítulo 15 de Hechos, ya no se iba a requerir la circuncisión como señal del pacto para los nuevos conversos gentiles. La circuncisión ya no era importante, ahora la señal era sólo el bautismo.
Colosenses 2:11 dice: “Además, en él fueron circuncidados, no por mano humana sino con la circuncisión que consiste en despojarse del cuerpo pecaminoso. Esta circuncisión la efectuó Cristo. Ustedes la recibieron al ser sepultados con él en el bautismo. En él también fueron resucitados mediante la fe en el poder de Dios, quien lo resucitó de entre los muertos”. Pablo dice que los creyentes fueron circuncidados espiritualmente cuando fueron bautizados. Entonces, el bautismo funciona como la circuncisión para el creyente. Antes de ser bautizados, los creyentes eran como los incircuncisos en el Antiguo Testamento. Ahora bien, los reformados notamos que en el Antiguo Testamento eran circuncidados los creyentes y sus hijos; y siguiendo la misma pauta del pacto decimos que ahora los creyentes y sus hijos deben también recibir la señal del pacto, esto es, deben ser bautizados.
Si tratas de entrar al asunto del bautismo de infantes sin antes considerar estos tres aspectos doctrinales que hemos visto, acabarás estrellándote contra la pared. Pero si consideras con seriedad primero estos tres aspectos (la unidad de la Biblia, las enseñanzas implícitas y explícitas de la Biblia y el origen y propósito del bautismo) comenzarás a ver cómo la enseñanza del bautismo infantil empieza a emerger de las Escrituras.

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Star Esta es una trascripción resumida en Español de una conferencia en Inglés impartida por el Dr. Richard Pratt Jr. sobre el bautismo de infantes en una Iglesia en EEUU. El audio original en Inglés puede ser escuchado en http://www.thirdmill.org

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