Pingüinos, Vómito de Perro, Canibalismo, y Sexualidad Humana

Escrito por Gary deMar

“And Tango Makes Three” (“Con Tango Son Tres”) es un libro ilustrado para niños sobre dos pingüinos machos que crían a un pingüino bebé. Está basado sobre la historia verdadera de dos pingüinos machos en el zoológico de Central Park en la ciudad de Nueva York, que “adoptan” un huevo fertilizado y crían el polluelo como suyo. Algunos padres preocupados ven el libro como una propaganda homosexual y han solicitado que sea removido de los estantes de las bibliotecas. Un padre necesitaría otorgar un permiso antes de que su hijo o hija saque tal libro.

No hay dudas de que el libro está siendo promovido como una iniciación al homosexualismo para suavizar las mentes jóvenes para recibir propagandas más eruditas. En “”Biological Exuberance” (“Exhuberancia Biológica”), el autor Bruce Bagemihl afirma, “El mundo está, verdaderamente, repleta de criaturas homosexuales, bisexuales y transexuales de todas las rayas y plumas. … desde la abeja Blueberry Suroccidental de los Estados Unidos hasta más de 130 diferentes especies de aves alrededor del mundo, las ‘aves y abejas’, literalmente, son homosexuales.”

Esta es la premisa: Lo que los animales hagan en la naturaleza es natural. Lo que es natural es normal. Lo que es normal es moral. Así que si los pingüinos se entrelazan en comportamiento homosexual, entonces ese comportamiento debe ser natural, normal, y moral. ¿Cómo puede ser que nosotros como meros mortales impongamos nuestras leyes de comportamiento sexual sobre lo que es natural en el reino animal? Los homosexuales extrapolan que lo que los animales hacen naturalmente en la naturaleza aplica a lo que los animales más altos pueden hacer naturalmente sin juicio. Pero el modelo animal bajo/animal alto se rompe cuando otros llamados comportamientos naturales en animales son considerados. Por ejemplo, la Biblia enuncia, “Como perro que vuelve a su vómito Es el necio que repite su necedad.” (Proverbios 26:11) y “La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno.” (2 Pedro 2:22). Ahora, me encantaría ver a los propagandistas homosexuales explicar cómo estos comportamientos pudieran explicar la normalidad del comportamiento animal y sus paralelos humanos.

Considere el caso de Timothy Treadwell visto en la película “Grizzly Man.” El vivió entre osos por 13 años y los consideraba como su familia. En el 2003, Treadwell y su compañera, Amie Huguenard, fueron destruidos y casi enteramente comidos por uno de los osos grizzly de Alaska que él consideraba ser parte de su familia animal extendida. Mientras que él veía a los osos como sus hermanos y hermanas, ellos le veían como un almuerzo. Luego tenemos el caso de Armin Meiwes quien mató y se comió a Bernd-Jurgen Brandes quien tenía 43 años de edad. ¿Qué tenía de malo lo que hizo el Sr. Miewes, dada la premisa de que el comportamiento animal es un modelo normativo para la conducta humana?

Hace unos años, vi una publicidad para un especial de televisión en Turner Network Television – “The Trials of Life” (“Las Pruebas de la Vida”). El anuncio que ocupaba una página completa mostraba una imagen compuesta de seis animales, entre los cuales estaba el águila calva, con la siguiente inscripción: “Descubra qué tan similar es la cara de la naturaleza a la suya propia. La forma en que usted ama, la forma en que usted pelea, la forma en que usted crece, todos tienen raíces dentro del reino en que todos vivimos: el reino animal.” La implicación aquí es obvia: Los humanos sólo están a un paso evolucionario de los demás animales. En términos bíblicos, los hombres y las mujeres no son animales. Dios no creó a Adán a partir de otro animal pre-existente.

Mientras estaba pasando canales, me topé con la segunda entrega de la serie de seis partes de “The Trials of Life”. Pronto aprendí lo que Benjamín Franklin quiso decir cuando describió al águila calva como un ave de “mal carácter moral”. Con dos polluelos en su nido y sin suficiente comida para todos, mami permite que el águila más débil se muera. Luego canibaliza el polluelo muerto y se lo da de comida a su sobreviviente. ¿Fue esto natural o antinatural? ¿Es esto un comportamiento moral y animal que debemos imitar? ¿Cómo lo sabremos? ¿Debemos seguir también el ejemplo de las águilas o sólo el de los pingüinos homosexuales?

No debemos olvidar otros comportamientos animales “naturales”. Los animales violan regularmente. ¿Debemos dar el mismo salto que los homosexuales pretenden hacer en referencia a los pingüinos? Si el comportamiento homosexual en pingüinos es una plantilla para la sexualidad humana, entonces ¿por qué no se puede hacer un argumento similar acerca de la violación sexual entre humanos? A pesar de lo difícil que sea de creer, la conexión ya ha sido hecha. Randy Thornhill, biólogo, y Craig T. Palmer, antropólogo, intentaron demostrar en su libro “A Natural History of Rape” (“Una Historia Natural de la Violación”) que los principios evolucionarios explican que la violación es “una estrategia genética desarrollada, sostenida a través de generaciones de vida humana porque es una forma de selección sexual – una estrategia de reproducción exitosa.” Continúan afirmando, sin embargo, que aunque la violación puede ser explicada genéticamente usando términos evolucionarios, esto no significa que este comportamiento esté moralmente correcto.

Por supuesto, dados los asumidos Darwinianos, no hay forma alguna de condenar la violación sobre bases morales. Lo mismo puede ser dicho acerca del comportamiento homosexual y todo lo demás. Si en verdad somos productos de la evolución, no pueden haber juicios morales acerca de cualquier cosa. Por consiguiente, si los homosexuales quieren usar a los pingüinos como su modelo moral, entonces deberán tomar en consideración a todos los demás comportamientos animales a la hora de construir su cosmovisión moral. Si es cierto que debemos seguir al mundo animal en cuanto a los pingüinos homosexuales, y de esa manera considerar el comportamiento homosexual humano como normal, entonces debemos ser consistentes y seguir el mundo animal en cuanto a la violación sexual, a comernos a nuestros hijos y a nuestros vecinos – y por consiguiente debemos descriminalizar también estos comportamientos.

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Articulo tomado del Blog Metanoia Spa Mental de Alexander Rodríguez

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