Santidad de J.C.Ryle

Introducción

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En el año 1992 mientras vivía en la ciudad de Campinas, Sao Paulo, Brasil; tuve la oportunidad de comprar una serie de libros. De todos ello, el libro de J.C Ryle llamado “Santidad” ocupa un lugar importante en mi colección. La lectura de este libro ha sido un refrigerio para mi vida y al encontrarlo traducido al español, me ha colmado de mucha alegría. Estoy tomando la traducción del Blog Descubriendo El Evangelio que ha sido traducido por la hermana Erika Escobar a quien agradezco de todo corazón.
J.I.Packer dice de este libro “todo verdadero cristiano lo considerara como un banquete, una mina de oro, un aguijón, comida y bebida, remedio y vitamina – todo ello en un solo libro. Tómelo y léalo”. Te invito a que hagas lo mismo y lo leas.

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En los veinte ensayos que componen este volumen está mi humilde contribución a una causa que está provocando mucho interés en estos días – Me refiero a la causa de la santidad bíblica. Es una causa que cualquiera que ama a Cristo, y desea anticipar Su reino en este mundo, debe enfrentar para adelantar.   Todos pueden hacer algo y deseo agregar mi cuota.
El lector encontrará poco que sea directamente controversial en estos escritos.  Me he abstenido cuidadosamente de  usar citas de  maestros o libros modernos. He sido impelido a entregar el resultado de mi propio estudio de la Biblia, mis meditaciones personales, mis propias oraciones para obtener entendimiento y mis lecturas de  los viejos textos sagrados. Si en algo estuviese equivocado, espero saberlo antes de abandonar este mundo.  Todos vemos en parte y tenemos un tesoro en los veleros terrenales.  Confío, estoy deseoso de aprender.
Por muchos años, he tenido una profunda convicción de que, en este país,  la santidad práctica y la total consagración a Dios no son suficientemente consideradas por los cristianos modernos.  La política, o la controversia, o los espíritus divididos, o la mundanería, han consumido en muchos de nosotros la piedad activa del corazón.  El tema de la santidad personal ha caído tristemente al patio trasero. En muchos barrios el estándar de vida se ha vuelto dolorosamente bajo. La inmensa importancia de “de acicalar la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:10), para hacerla adorable y hermosa según  nuestros hábitos diarios y temperamentos ha ido demasiado lejos.  Las personas del mundo a veces se quejan con razón de que las personas “religiosas”, así llamadas, no son tan afables, ni generosas y de buena naturaleza comparados con otros que no profesan religión alguna.  Con todo y eso la santificación, en su lugar y proporción, es tan importante como la justificación. La reconocida doctrina protestante o evangélica es inútil si no está acompañada por una vida de santidad.  Es peor y por lo tanto inútil,  provoca daño.  Es tenida a menos por  hombres del mundo de mirada acuciosa y perspicaz, que la ven como irreal y hueca, y la cuestionan con desdén.  Es mi firme impresión que nosotros necesitamos una renovación amplia de la Santidad bíblica y estoy muy agradecido porque la atención va hacia esa dirección.
Es, sin embargo, de gran importancia que todo el tema sea puesto en las fundaciones correctas, y que el movimiento alrededor de ella no sea dañado por declaraciones crudas, desproporcionadas y unilaterales.   Si tales declaraciones abundan,  no debemos sorprendernos.   Satanás conoce muy bien el poder la verdadera santidad, y el inmenso daño que una atención incrementada hacia ella puede causarle  a su reino.  Es su interés, por lo tanto, promover la contienda y controversia acerca de esta parte de la verdad de Dios.  A medida que el tiempo pasa, él ha tenido éxito en mistificar y confundir la mente de los hombres sobre la justificación, así es que él trabaja ahora para dar  a los hombres “consejos oscuros con palabras sin conocimiento” acerca de la santificación.  Ojalá Dios lo reprenda!  No puedo abandonar la esperanza que lo bueno brotará de lo maldad, que las discusiones despertarán la verdad, y que la variedad de opiniones nos llevará a buscar más en las Escrituras, a orar más y a llegar a ser más diligentes en tratar de encontrar lo que es “el entendimiento/intención del Espíritu”.
Ahora lo siento como un deber, en despachar este volumen para ofrecer unas pocas señales introductorias a aquellos cuya atención está especialmente dirigida al tema de la santificación en nuestros tiempos.  Sé que haciéndolo, pareceré presuntuoso, y posiblemente ofensivo, pero hay que arriesgarse cuando se trata de los intereses de la verdad de Dios.   Pondré mis sugerencias en la forma de pregunta, y pediré a mis lectores las tomen como “Precauciones en los tiempos presentes en el tema de la santidad”.
(1) Pregunto, en primer lugar, si es o no sabio hablar de fe como una necesidad y como la única condición requerida – como parece ser en los tiempos actuales- al manipular la doctrina de la santificación?  Es sabio proclamar en una forma tan vana, desnuda e incompetente – como algunos hacen-  que la santidad de las personas convertidas es sólo por la fe, y en absoluto un esfuerzo personal?  Está esto en armonía con la Palabra de Dios?  Lo dudo.
La fe en Cristo es la raíz de toda santidad –  QUE el primer paso hacia una vida santificada es creer en Cristo – QUE hasta que creemos no tenemos ni una pizca de santidad – QUE la unión con Cristo por la fe es el secreto para ser santos y mantenernos en santidad – QUE la vida que vivimos en la carne debemos vivirla por la fe en el Hijo de Dios – QUE la fe purifica el corazón – QUE la fe es victoria que vence al mundo – QUE por la fe los ancianos obtuvieron su buen registro. Todas estas son verdades que ningún Cristiano bien instruido nunca pensaría en negar.  No obstante y con certeza las Escrituras nos enseñan que para buscar la santidad los verdaderos Cristianos necesitan esfuerzo personal y trabajo, así como también fe.    Es el mismo apóstol que dice en una parte “La vida que vivo en la carne la vivo por la fe en el Hijo de Dios”;  en otra dice, “Peleo, corro, domino mi cuerpo”, y en otros lugares “Limpiémonos nosotros mismos – trabajemos, pongamos aparte cualquier peso”.  (Gálatas 2:20, 1ª Cor. 9:26, 2ª Cor. 7:1, Heb. 4:11, Heb. 12:1).   A mayor abundamiento, en ninguna parte de las Escrituras se nos enseña que la fe nos santifica en el mismo sentido y en la misma forma en que la fe nos justifica!   Fe justificada es gracia que “no trabaja”, pero simplemente confía, descansa y se apoya en Cristo (Rom. 4:5).  La fe santificadora es gracia de la cual la vida misma es acción:  “ella trabaja por amor”, y, como un resorte angular, mueve todo el interior del hombre (Gal 5:6).  Después de todo, la oración exacta “santificado por la fe” se encuentra referida solamente una vez en el Nuevo Testamento.  El Señor Jesús dijo a  Saulo: “Te envío para que ellos puedan recibir perdón de pecados y herencia entre aquellos que son santificados por la fe que es mí”.  Aún allí, estoy de acuerdo con Alford, que “por fe” pertenece a toda a toda la oración y no debe ser atada a la palabra “santificado”.  El verdadero sentido es “que por la fe que es en Mí ellos pueden recibir perdón de pecados y herencia entre aquellos que son santificados” (Compare Hech. 26:18 con Hech. 20:32).
compromiso-de-santidad2-300x198 En lo que se refiere a la frase “Santidad de la fe”, no la encuentro en ninguna parte del Nuevo Testamento.  Sin controversias, en la materia de nuestra justificación ante Dios, la fe en Cristo es la única cosa necesaria.  Todos aquellos que simplemente creen están justificados.  La rectitud se atribuye “a aquel que no trabaja pero cree” (Rom. 4:5).  Tiene un sentido profundamente bíblico y correcto decir “la fe por si misma justifica”, pero no es igualmente bíblico y correcto decir “que la fe por si misma santifica”.  Estos decires requieren de mucha calificación.  Dejemos que sólo un hecho sea suficiente: frecuentemente Pablo  nos dice que un hombre es “justificado por la fe sin la intervención de la ley”, pero ninguna vez se nos dice que somos “santificados por la fe sin la intervención de la ley”.  Por el contrario, somos expresamente advertidos por Juan que la fe por medio de la cual estamos visiblemente y demostrativamente justificados ante el hombre, es una fe que “sin obras es muerta” * (Jn 2;17).  En respuesta, puede decírseme, que nadie quiere decir que desprecia el trabajo como una parte esencial de una vida santificada.  Sería bueno, sin embargo, hacer esto más sencillo como  muchos parecen hacerlo en estos días.
* Hay una doble justificación en Dios:  Una es de autoridad, la otra de declaración o demostración.  “…La primera corresponde al alcance de Pablo, cuando él habla de justificación por la fe sin la intervención de la ley.  La segunda, al alcance de Juan, cuando él habla de justificación por obras”.  T. Goodwin en Gospel Holiness – “Santidad de los Evangelios”, Vol. VII, Pág. 181.
(2)  Pregunto, en segundo lugar, si es sabio hacer tan poco -como algunos parecen hacer en su vida diaria- comparativamente con las muchas exhortaciones prácticas hacia la santidad que encontramos en el Sermón del Monte, y las partes finales de la mayoría de las epístolas de Pablo?   Está en concordancia con la Palabra de Dios? Lo dudo.
QUE una vida de diaria consagración y comunión con Dios debería ser el foco de todos y cada uno de los que declaran ser creyentes –QUE nosotros deberíamos atenernos al hábito de ir a la presencia de Jesús con todo lo que sean nuestras cargas, sean éstas grandes o pequeñas, y entregárselas a Él – Todo eso, repito, ningún hijo de Dios bien instruido soñará siquiera con contra-argüirlo.  Es seguro que el Nuevo Testamento nos enseña que necesitamos algo más que generalidades acerca de la vida en santidad, generalidades que  a menudo no conmueven la consciencia y no ofrecen agravio.  Los detalles e ingredientes particulares de los cuales la santidad está manifestada en la vida diaria, deben ser completamente determinados y entregados con fuerza a los creyentes por quienes dicen manejar el tema.  La verdadera santidad no consiste meramente en creer y sentir, sino en hacer y soportar, y en una evidencia práctica de la gracia activa y pasiva. nuestras lenguas, nuestros temperamentos, nuestras pasiones e inclinaciones naturales – Nuestra conducta como padres e hijos, maestros y siervos, esposos y esposas, legisladores y legislados – Nuestro vestido, nuestro tiempo laboral, nuestro comportamiento en los negocios, nuestro comportamiento en enfermedad y salud, en la riqueza y en la pobreza – Todo,  Todas estas materias que son ampliamente tratadas por escritores inspirados, no están relacionadas con aseveraciones generales de cómo nosotros debemos creer y sentir, y cómo vamos a plantar las raíces de la santidad en nuestros corazones.  Ellas van a lo más profundo, ellas van a lo particular.   Especifican en detalle  lo que un hombre santo debe hacer y ser dentro de su propia familia, cerca de su propio fuego, si él permanece en Cristo.  Dudo si esta clase de enseñanza es suficientemente considerada en el movimiento actual.  Cuando las personas hablan de haber recibido “una bendición tan especial”, y haber encontrado “una vida superior”, luego de escuchar a algún fervoroso defensor de la “santidad por fe y consagración”, y sus familia y amigos no ven ningún progreso y ni mayor santidad en sus temperamentos y comportamientos diarios… inmenso daño se hace a la causa de Cristo.  La verdadera santidad, seguramente debemos recordar, no es sólo las sensaciones internas y las impresiones.  Es mucho más que lágrimas, suspiros, o excitación física, un pulso acelerado, y un sentimiento apasionado de apego a nuestro predicador favorito y a nuestro propio grupo religioso, o una inmediata disposición a discutir con cualquiera que no esté de acuerdo con nosotros.   Es algo de “la imagen de Cristo” que puede ser visto y observado por los otros en nuestra vida privada, en nuestros hábitos, en nuestro carácter y nuestras acciones. (Rom. 8:29)
(3)  Pregunto en tercer lugar, si es sabio usar lenguaje vago acerca de la perfección y presionar a los Cristianos hacia un estándar de santidad alcanzable en este mundo y del cual no existe garantía sustentable en las Escrituras o en la experiencia?  Lo dudo.
Que los creyentes son exhortados a la “santidad perfecta en el temor de Dios” –“continuar en el perfeccionamiento” – “ser perfectos”,  ningún lector de su Biblia pensará nunca en negarlo. ( 2ª Cor 7:1, Heb 6:1-2, 2ª Cor 13:11).    Excepto que debo aprender que no existe ni un pasaje en las Escrituras  que enseñe que esa literal perfección, una completa y entera libertad de pecado, en pensamiento, palabra o acción, es alcanzable o ha sido alguna vez alcanzada por cualquier hijo de Adán en este mundo.  Una perfección comparativa, una perfección en conocimiento, una consistencia a toda prueba en cada reacción de vida, un pensamiento sólido en cada punto de l doctrina,  puede verse ocasionalmente en algunos de los creyentes en Dios.  Pero,  como un absoluto de perfección literal,  ni los más eminentes santos de Dios, en cada época, han pretendido reclamarla.  Muy por el contrario, ellos siempre han tenido el más profundo sentido de su insignificancia e imperfección.  Mientras más luz espiritual ellos han alcanzado más parecen haber sido conscientes de sus incontables defectos y deficiencias.  Mientras más gracia han hallado más se visten con las ropas de la humildad (1ª Ped. 5:5)
Qué santo puede encontrarse en la Palabra de Dios, de cuya vida tenemos muchos detalles registrados, que fuera literal y absolutamente perfecto?  Cuál de todos ellos, cuando escriben sobre ellos mismos, hablan alguna vez de sentirse libres de la imperfección?  Todo lo contario, hombres como David, Pablo, Juan declaran en el más fuerte de los lenguajes que ellos sienten la debilidad de sus propios corazones y el pecado.  Los hombres más santos de los tiempos modernos han sido notables por su profunda humildad.  Han visto alguna vez hombres más santos que los mártires John Bradford, o Hooker, o Usher, o Baxter, o Rutherford, o M´Cheyne?  Uno no puede leer los escritos y cartas de estos hombres sin observar que ellos se perciben  a sí mismos “deudores de la misericordia y gracia” y la última cosa que hubieran pretendido sería reclamar la perfección!
santidad2 Haciendo frente a hechos como estos, debo protestar contra el lenguaje utilizado en muchos círculos, en estos últimos días, acerca de la perfección.  Debo pensar que esos que la usan o conocen muy poco sobre la naturaleza del pecado, o de los atributos de Dios, o de sus propios corazones, o de la Biblia, o del significado de las palabras.  Cuando un cristiano profesa su fe, serenamente me indica que él ha ido más allá de himnos como “Tal como soy”, y que éstos están por debajo su experiencia actual, aunque alguna vez se ajustaron cuando abrazaron la religión, debo pensar que su alma está en un estado poco saludable!  Cuando un hombre puede hablar serenamente de la posibilidad de “vivir sin pecado”, mientras está en su cuerpo, y puede realmente decir que  “en tres meses nunca ha tenido un pensamiento malicioso”, sólo puedo decir que en mi opinión es un cristiano muy ignorante!  Protesto contra la enseñanza de este tipo.  No es sólo que no haga bien sino que hace mucho daño.   Esto disgusta y aliena a las personas del mundo que observan desde lejos, quienes saben que es incorrecto y falso.  Me entristecen algunos de nuestros mejores hijos de Dios, que sienten que ellos nunca pueden alcanzar una “perfección” de este tipo.  Hace que los hermanos débiles se pavonen fantaseando ser algo cuando son nada.  En breve, es una ilusión peligrosa.
(4)  En cuarto lugar, es sabio afirmar tan enfática y violentamente, como muchos hacen, que el séptimo capítulo de la Epístola a los Romanos no describe la experiencia de un santo avanzado, sino  la experiencia de un hombre no renovado espiritualmente, o de un creyente débil e inestable?  Lo dudo.
Admito de lleno que el punto ha sido discutido por dieciocho siglos, de hecho desde los días de Pablo.  Admito de lleno que cristianos renombrados como John y Charles Wesley, y Fletcher, cientos de años atrás; ni qué decir de algunos escritores de nuestro tiempo, que sostienen firmemente que Pablo no estaba describiendo su propia experiencia del momento cuando él escribió este capítulo siete.  Admito de lleno que muchos no pueden ver lo que yo y algunos otros vemos:  Bis,  que Pablo no dice nada en este capítulo que no cuadre con la experiencia evidenciada de los más prominentes santos de cada época, y que él dice varias cosas que un hombre no renovado espiritualmente o un creyente débil pensaría alguna vez en decir y que no puede decir.  Así me parece a mí,  pero no entraré en un detallado análisis de este capítulo (*)
*Los que deseen entrar en el tema, lo encontrarán comentado en detalle en Comentarios de Villet, Elton, Chalmers y Haldane, y en Owen en “Pecado implantado”, y en el trabajo de Stafford sobre el Séptimo de Romanos.
En lo que pongo énfasis es el amplio hecho de que los mejores comentaristas en cada época de la Iglesia  han, casi invariablemente, atribuido el capítulo séptimo de Romanos a creyentes avanzados.   Los comentaristas que no concuerdan con este punto de vista han sido, con pocas brillantes excepciones, Romanistas(1), los Socinianos(2) y los Arminianos(3).  Contra ellos forman fila el enjuiciamiento de casi todos los Reformistas, casi todos los Puritanos, y las mejores divinidades evangélicas modernas.  Puede que se me diga, por supuesto, que ningún hombre es infalible, que los Reformistas, Puritanos y las divinidades evangélicas a las que me refiero pueden haber estado completamente equivocadas, y que los Romanistas, Socinianos y Arminianos pueden haber estado en lo correcto!   Nuestro Señor nos ha enseñado, sin duda, a “A no llamar a hombre alguno maestro”.  En tanto que solicito a  hombre alguno llamar a los Reformistas y Puritanos “maestros”, también pido a las personas leer lo que ellos dicen sobre el tema y contestar sus argumentos, si pueden.   Eso no ha sido hecho aún!   Decir, como algunos hacen, que ellos no quieren dogmas y doctrinas humanas no es respuesta alguna.  El punto en cuestión es “ Cuál es el significado de un pasaje en la Escritura?  Cómo debemos interpretar el Séptimo Capítulo de la Epístola a los Romanos?  Cuál es el verdadero sentido de sus palabras?  A cualquier precio, debemos recordar que es un gran hecho sobre el cual no podemos pasar.  En un lado están las opiniones y las interpretaciones de los Reformistas y los Puritanos y en el otro las opiniones e interpretaciones de los Romanistas, Socinianos y Arminianos.  Esto debe ser claramente entendido.
A la vista de este hecho, debo manifestar mi protesta contra el lenguaje socarrón, burlón y recalcitrante que ha sido última y frecuentemente utilizado por parte de algunos de los defensores, de lo que debo llamar la visión de los Arminianos del Capítulo Séptimo de Romanos, al referirse a las opiniones de sus oponentes.  Por decir lo menos, tal lenguaje es  impropio y denosta su propio fin,  Una causa que es defendida con tal lenguaje merece suspicacia.  La verdad no necesita armas.  Si no podemos estar de acuerdo con los hombres, no necesitamos hablar de sus puntos de vista con descortesía y desprecio.  Una opinión que se basa y soporta en tales hombres como los mejores Reformistas y Puritanos puede no convencer a todas las mentes del siglo diecinueve, pero debería siempre ser manifestada con respeto.
(5)  En quinto lugar, es sabio usar un lenguaje que es comúnmente utilizado en nuestro días para denominar la doctrina de “Cristo en nosotros”?  Lo dudo.   No es esta doctrina a menudo exaltada a una posición que no ocupa en las Escrituras?  Me temo que así es.
QUE el verdadero creyente es uno con Cristo y Cristo es en él,  ningún lector cuidadoso del Nuevo Testamento lo negaría nunca.  Hay, sin duda, una unión mística entre Cristo y el creyente.  Con El morimos, con El fuimos sepultados, con El nos levantamos nuevamente, con El nos sentamos en lugares celestiales.  Tenemos cinco simples textos donde se nos enseña inequívocamente que Cristo es “en nosotros” (Rom. 8:10, Gal 2:20, 4:19, Efe 3:17, Col 3:11).  Pero debemos ser cuidadosos con lo que entendemos es la expresión.  “ Por la fe  Cristo mora en nuestros corazones” y lleva adelante su trabajo en nosotros por medio del Espíritu Santo, es claro y simple.  No obstante, si pretendemos decir que al lado, sobre y por sobre esto hay un misterioso trabajo interno de Cristo en los creyentes, debemos ser cuidadosos acerca de esto.  Si no ponemos ese cuidado, nos enfrentaremos a nuestra propia ignorancia sobre el trabajo del Espíritu Santo.  Estaremos olvidando que la economía divina de la elección de la salvación de un hombre es un trabajo de Dios Padre, que la redención, mediación e intercesión, el trabajo especial Dios Hijo,  y la santificación es el trabajo especial de Dios Espíritu Santo.  Nos estaremos olvidando de lo que nuestro Señor dijo cuando se fue, que El enviaría otro Consolador  que tomaría Su Lugar, quien “habitaría con nosotros” por siempre, y, así fue  (Jn 14:16).  En breve, bajo la idea que estamos honrando a Cristo, encontraremos que estamos deshonrando Su especial y peculiar regalo: el Espíritu Santo.  Cristo, sin lugar a dudas, como Dios, está en todas partes –en nuestros corazones, en el cielo, en el lugar donde hay dos o tres reunidos en Su nombre, Pero verdaderamente debemos recordar que Cristo, nuestra Cabeza y Supremo Pastor, está sentado a la diestra de Dios intercediendo por nosotros hasta que El venga por segunda vez: y que Cristo realiza Su trabajo en los corazones de Su gente por el trabajo especial de Su Espíritu, el que El prometió enviar cuando El partió de este mundo (Jn. 15:26).  Una comparación de los versículos nueve y diez del capítulo octavo de Romanos, en mi opinión, muestra esto en pleno.  Esto me convence que “Cristo en nosotros” significa Cristo es en nosotros por Su Espíritu.  Y más que todo, las palabras de Juan son más claras y precisas:  “Así sabemos que El habita en nosotros por el Espíritu que El nos ha dado” (1ª Jn 3:34).
Al decir todo esto, espero que nadie me malentienda.   Yo no digo que la expresión “Cristo en nosotros” no esté en las Escrituras, pero al decirlo de este modo veo gran daño al dar una importancia no bíblica y extravagante a la idea contenida en la expresión, y temo que muchos actualmente sin saber exactamente lo que ella significa, e inadvertidamente, quizá, deshonren el poderoso trabajo del Espíritu Santo.   Si algún lector piensa que estoy siendo innecesariamente escrupuloso acerca de esto, les recomiendo notar un curioso libro de Samuel Rutherford (autor de cartas bien conocidas), llamado “El Anticristo espiritual.   Podrán ver que dos siglos atrás se originaron las más descabelladas herejías derivadas de esta misma doctrina del “involucramiento de Cristo en los creyentes”.  Encontrarán que Saltmarsh, y Dell, y Towne, y otros falsos maestros, contra los cuales contendió  Samuel Rutherford, comenzaron con extrañas nociones de “Cristo en nosotros”, y construyeron una doctrina antinomanista(4), y un fanatismo de la peor descripción y la más vil tendencia.  Ellos mantenían que la vida separada, personal del creyente lo había abandonado, y que era Cristo,  que vivía en él, el que se arrepentía, creía y actuaba!  La raíz de este garrafal error es una forzada y no bíblica interpretación de un texto como el que indica:  “Yo vivo:  aunque no yo, pero Cristo vive en mi” (Gal. 2:30).  El resultado natural de esto fue que muchos de los seguidores infelices de esta escuela se volvieron a la cómoda conclusión de que los creyentes no eran responsables, sin importar lo que hicieran!  Los creyentes, increíble, estaban muertos y sepultados, y sólo Cristo vivía en ellos, y se hacía cargo de todo por ellos!  La consecuencia final era  que algunos pensaron que podían sentarse en su carnal seguridad puesto que  su responsabilidad personal  ya no existía y podía cometer cualquier clase de pecado sin miedo!  Nunca olvidemos que la verdad, distorsionada y exagerada puede ser madre de las más peligrosas herejías.  Cuando hablamos de “Cristo siendo en nosotros”, tengamos cuidado en explicar lo que significamos con ello.  Me temo que algunos desatienden esto en los tiempos actuales.
(6)  En sexto lugar, es sabio trazar  una línea de separación tan profunda, ancha y distintiva entre conversión y consagración, o una vida elevada, así llamada, como muchos la trazan en estos días?  Está esto en concordancia con la Palabra de Dios?   Lo dudo.
Es incuestionable que no hay nada nuevo en esta enseñanza.  Es bien conocido que los escritores católicos a menudo indican que la Iglesia se divide en tres clases –pecadores, penitentes y santos.  Los maestros modernos que nos dicen que los cristianos activos son de tres clases –los inconversos, los conversos, y los participantes de una vida superior de completa consagración.  En mi opinión, ambas están basadas en lo mismo.   Si la idea es vieja o nueva, Católicos o Ingleses, no soy capaz de ver que tenga asidero en las Escrituras.  La Palabra de Dios siempre habla de la vida y la muerte en pecado –el creyente y el no creyente – el converso y el inconverso – los viajeros de un camino angosto o los viajeros del ancho – el sabio y el necio – los niños de Dios y los niños del diablo.   Dentro de estas dos grandes categorías hay, sin duda, varias dimensiones de pecado y gracia, pero su única diferencia está entre lo más alto y lo más bajo de un plano inclinado.  Entre estas dos grandes clases hay un enorme abismo; son tan distintivas como la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, el cielo y el infierno.  Pero de una división entre tres clases,  la Palabra de Dios no dice nada en absoluto! Me cuestiono sobre la sabiduría en hacer divisiones con nuevos deslindes que la Biblia no ha hecho, y me disgusta enormemente la noción de una segunda conversión.
Hay una vasta diferencia de un grado de gracia a otro.  Que la vida espiritual admite el crecimiento y que los creyentes deberían urgirse continuamente con cada oportunidad de crecer en gracia – Todo esto, lo concedo ampliamente.  Pero la teoría de una súbita, misteriosa transición de un creyente a un estado de bendición y entera consagración, a través de un poderoso salto, no la puedo aceptar.  Me parece una invención de hombre; y no puedo ver un solo simple texto que lo pruebe en las Escrituras.   El crecimiento gradual en gracia, crecimiento en conocimiento, crecimiento en fe, crecimiento en amor, crecimiento en santidad, crecimiento en humildad, crecimiento en mentalidad espiritual, está  claramente enseñado y con apremio en las Escrituras, y claramente ejemplificado con las vidas de muchos Santos de Dios.  Pero saltos súbitos, instantáneos de conversión a consagración no logro encontrarlos en la Biblia. Dudo, verdaderamente, si tenemos algún aval para decir que un hombre puede posiblemente estar convertido sin estar consagrado a Dios!  Mientras más consagrado menos dudoso puede estar, y será en la medida en que su gracia aumenta.  No obstante si  él no fue consagrado a Dios en   el mismo día en que se convirtió y nació de nuevo, yo no sé lo que conversión significa.  No están los hombres en peligro de subvalorar y subestimar la inmensa bendición de la conversión? No lo están, cuando ellos instan a los creyentes a una “vida más elevada” como una segunda conversión, subestimando la longitud, el ancho, la profundidad, la altura del gran primer cambio que las Escrituras señala como el nuevo nacimiento, la nueva creación, la resurrección espiritual?  Puedo estar equivocado.   Algunas veces he pensado, mientras leo el potente lenguaje que usan muchos acerca de la “consagración”, en los últimos años, que aquellos que lo usan deben haber tenido previamente una singularmente baja e inadecuada visión de la “conversión”,  si en realidad ellos sabían algo acerca de la conversión.  En breve, he casi sospechado que cuando ellos se consagraron, ellos en realidad se convirtieron por primera vez!
Confieso francamente que prefiero los viejos senderos.   Pienso que es más sabio y seguro gatillar en todas las personas convertidas la posibilidad de un continuo crecimiento en gracia, y la absoluta necesidad de continuar adelante, aumentándola más y más, y cada año dedicarse y consagrarse a sí mismos más a Cristo, en espíritu, alma y cuerpo.  Por todos los medios, enseñemos que más santidad para ser alcanzada, más cielo para ser disfrutado en la tierra, así más creyentes lo experimentarán.   Rehúso decir a cualquier hombre convertido que él necesita una segunda conversión, y que puede un día u otro pasar por medio de un enorme paso a un estado de consagración completa.  Rehúso enseñar eso, porque pienso que la tendencia de la doctrina es completamente maliciosa, deprime al de mente humilde y mansa, e infla al superficial, al ignorante, al presuntuoso hasta el grado más peligroso.
(7)  En el séptimo lugar,  es sabio enseñar a los creyentes que no deben pensar mucho en pelear y luchar contra el pecado, sino mejor, “abandonarse a Dios” y estar pasivos en las manos de Cristo?   Es esto de acuerdo con la Palabra de Dios?  Lo dudo.
Es un hecho simple que la expresión “abandonarse” sólo se encuentra en un lugar en el Nuevo Testamento, como un deber que urge a los creyentes.  Ese lugar está en el capítulo sexto de Romanos, y allí, dentro de seis versículos, la expresión aparece cinco veces (Rom. 6:13-19).  Aun cuando existe la palabra, ésta no tiene el sentido de “ponernos nosotros mismos pasivamente en las manos de otro”.  Cualquier estudiante de griego puede decirnos que el sentido es presentarnos a nosotros mismos activamente para uso, trabajo y servicio (Vea Rom. 12:1).  La expresión, por lo tanto, se sustenta por sí misma.  Sin embargo, no sería difícil establecer que hay al menos 25 o 30 distintos pasajes de las Epístolas mediante los cuales los creyentes son simplemente exhortados a utilizar su esfuerzo activo y personal, y son encomendados como responsables por hacer con energía lo que Cristo les habría pedido hacer.  En ellos, no se les dice “abandónense” como agentes pasivos y siéntense tranquilos, sino levántense y trabajen.  Una violencia santa, un conflicto, una batalla, una pelea, la vida de un soldado, un combate  son designadas como características de un verdadero cristiano.  Una cuenta de “la armadura de Cristo” en el sexto capítulo de Efesios, uno podría pensar, cierra el asunto.
– Nuevamente, sería fácil mostrar que la doctrina de santificación sin involucramiento personal, al simplemente “abandonarnos nosotros mismos a Dios”,  es la precisamente la doctrina de los fanáticos antinominianos del siglo XVII (a quienes me referí previamente, descritos en el Anticristo Espiritual de Rutherford),  y que la tendencia de ésta es satánica en extremo.  –Nuevamente, sería fácil mostrar que la doctrina es absolutamente subversiva de toda la enseñanza de libros, tratado  y aprobados como El progreso del peregrino, y si la aceptamos no podemos hacer nada mejor que tirar el viejo libro de Bunyan al fuego!  Si los cristianos en  El progreso del peregrino simplemente se abandonan a Dios, y nunca pelearon, o combatieron, he leído la famosa alegoría en vano.  La verdad  simple es que los hombres persistirán en confundir dos cosas que difieren – lo que es justificación y santificación.  En justificación la palabra que necesita el hombre es creer, sólo creer; en santificación, las palabras deben ser “vela, ora y pelea”.  Lo que Dios ha dividido no lo mezclemos ni confundamos.
Aquí termina mi introducción y me apuro a una conclusión.  Confieso que he dejado mi pluma con sentimientos de pena y ansiedad.   Hay mucho en la actitud de un cristiano en estos días que me llena de preocupación y me hace sentir miedo del futuro.
santidad-a-dios Existe una asombrosa ignorancia sobre las Escrituras entre muchos, y un deseo consecuente de una religión establecida y sólida.   De ninguna manera puedo estar de acuerdo con la tranquilidad que algunas personas, como niños, “sean fluctuantes, llevadas por doquiera de todo viento de doctrina (Efe 4:14).   En el azaroso camino de nuestros antepasados hay un amor de novedad ateniense hacia lo extranjero, una aversión morbosa por cualquier cosa antigua y ordinaria.  Muchos harán multitud para escuchar una nueva voz y una nueva doctrina, sin considerar por ningún momento si lo que oyen es verdad o no.   Hay un deseo ardiente e incesante después de cada enseñanza sensacional, excitante y que mueve las emociones.   Hay un apetito insano por una suerte de cristiandad espasmódica e histérica.  La vida religiosa de muchos es un poco mejor, pero  luego el sorbo espiritual y el manso y humilde espíritu, que Pedro  preconiza, se olvida por completo (1ª Ped 3:4).  Multitudes, llantos, sitios calientes, cantos de alto vuelo, y una incesante excitación de los sentidos son las únicas cosas por las cuales muchos se preocupan.  La incapacidad de distinguir las diferencias en las doctrinas se expande, va  lejos y ampliamente, y en la medida que el predicador es “inteligente” y “fervoroso”, cientos parecen pensar que debe estar en lo correcto, y te llaman terriblemente “estrecho y poco caritativo” si sugieres que él no tiene fundamento!  Moody & Hawies.  Dean Stanley and Canon Liddon, Mackonochie y Pearsil Smith, todos ellos parecen ser lo mismo a los ojos de tales personas.   Todo esto es triste, muy triste.   Más aún si, agregamos,  que los defensores de corazón verdadero y elevada santidad  van a quedar fuera del camino y se malinterpreten unos a otros, será  más triste aún.  En realidad, estaremos en una situación peor
Respecto a mí mismo, estoy consciente de que ya no soy un ministro joven.  Mi mente quizá se rigidiza y no puedo recibir fácilmente ninguna nueva doctrina.  “Lo antiguo es mejor”.  Supongo que pertenezco a la teología evangélica de la vieja escuela y, por lo tanto, estoy contento con tales enseñanzas acerca de la santificación como aquellas que encuentro en la “Vida de Fe”, de Sibbes y Manton, y en “La Vida, Camino y Triunfo de la Fe”,  de William Romaine.   Debo manifestar mi esperanza de que mis hermanos más jóvenes, quienes han tomado nuevas visiones sobre la santidad,  estén conscientes de las múltiples divisiones que no tienen causa.   Piensan ellos que cristianos de  mayor estándar se necesitan hoy?  Yo también.  Pensarán ellos que Cristo debe ser más exaltado como la raíz y autor de la santificación así como de la justificación?  Yo también.   Pensarán ellos que los creyentes deben ser más y más exhortados a vivir por fe?  Yo, también.  Pensarán ellos que un caminar cercano a Dios debe ser impulsado en los creyentes como un secreto de felicidad y servicio?  Yo, también.   En todas estas cosas estamos de acuerdo.  Pero si ellos quieren ir más allá, entonces les encomiendo tener cuidado donde ellos pisan, y que expliquen muy clara e inconfundiblemente lo que ellos quieren decir.
Finalmente, debo menospreciar, y lo hago en amor, el uso de términos vulgares y rebuscados  y frases al enseñar sobre santificación.  Ruego porque un movimiento a favor de la santidad no pueda progresar por fraseología recién acuñada, o por declaraciones desproporcionadas o parciales, o por utilizar textos particulares fuera de su contexto bíblico, o por exaltar una verdad al costo de otra, o por alegorizar y acomodar textos y extraer de ellos significados o interpretaciones que el Espíritu Santo nunca puso en ellos, o por hablar contenciosa y amargamente de aquellos que no ven enteramente las cosas con nuestros ojos, y que hacen el trabajo de la misma forma que nosotros.  Estas cosas no fomentan la paz, más bien la repelen a las personas y las mantienen a distancia.   La causa de la verdadera santificación no se beneficia, más bien se obstruye, usando armas como estas.  Un movimiento con propósito de Santidad, que produce contienda y disputas entre los Hijos de Dios es de alguna forma sospechoso.  Por la causa de Cristo, y en el nombre de la verdad y la caridad, dediquémonos a buscar tanto la paz como la santidad.  “Lo que Dios ha juntado no lo separe el hombre”.
Es el deseo de mi corazón, y oro diariamente a Dios por ello, que la santidad personal pueda incrementarse grandemente entre los cristianos de Inglaterra.   Confío que todo aquel que se dedique a promoverla se ajustará cabalmente a la proporción de las Escrituras; distinguirá las cosas que difieren y separará “lo precioso de lo vil”. (Jer. 15:19)
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1 La doctrina propia de la Iglesia católica romana, especialmente la que emanó del Concilio de Trento. El término romanismo fue utilizado (a menudo con sentido despectivo) por los protestantes para aludir al conjunto de afirmaciones con las que disentían, especialmente la supremacía papal y su infabilidad, el canon bíblico y la interpretación de sus textos, la transustanciación, la invocación de los santos, el culto de las imágenes, la existencia del Purgatorio, el sacramento de la Penitencia, las indulgencias, etc.
2 La doctrina sociniana es antitrinitaria y considera que en Dios hay una única persona y que Jesús de Nazaret no existía antes de su nacimiento, aunque nacido milagrosamente de la Virgen María por voluntad divina. La misión de Jesús en la tierra fue transmitir la voluntad del Padre tal como le había sido revelada, y tras su crucifixión fue resucitado por Dios y elevado a los cielos, donde adquirió la inmortalidad y desde donde reina sobre el mundo desde entonces. Los que crean en él y en el Dios de la revelación cristiana también disfrutarán de una vida inmortal, mientras que los incrédulos y pecadores no irán al infierno (que no existe según la doctrina de Socino), sino que simplemente sus almas se extinguirán tras la muerte del cuerpo físico. Por tanto, la salvación consiste en la inmortalidad y es concedida directamente por la Gracia divina a los que creen. El socinianismo defiende también una interpretación racionalista de la Biblia y losEvangelios y la capacidad del creyente de discernir la verdad por sí mismo. La doctrina sociniana, tal como se implantó en la Polonia de finales del siglo XVI y primera mitad del XVII, fue expuesta de manera detallada en el Catecismo Racoviano (1609).
3 El arminianismo es una doctrina fundada por Jacobus Arminius y formada a partir de la impugnación del dogma calvinista de la doble predestinación. Específicamente esta teología sustenta la salvación en la fe del Hombre y no en la Gracia (Jesucristo), es decir, si pierdes la fe, pierdes la salvación, negando así la presciencia de Dios como conocimiento de quien se salva y quien no se salva (elección o predestinación).1Sus principios se formularon en el manifiesto de cinco puntos, Remosntrans, publicado en 1610. Los arminianos daban especial importancia al libre albedrío, y la doctrina encontró adeptos entre la burguesía mercantil y republicana de los Países Bajos.
4 El término nomianista proviene de la palabra griega nomos, la cual significa ley.   El término nomianista lo han adoptado un grupo de adventistas que dan a entender que como cristianos se debe exaltar la ley de Dios, mediante escudriñamiento profundo de las Escrituras en búsqueda de una explicación.  No solamente declaran que la ley está vigente, sino que el hombre convertido la puede guardar perfectamente.  Reconocen que el hombre por sí mismo es impotente para guardar la ley y en este sentido ven  a Jesús el  Salvador, por un lado, y como ejemplo, por otro. Como Salvador, sufrió el castigo del pecador a fin de que éste pudiese ser perdonado, y de esa manera ganó el poder para el pecador, que lo habilita para guardar la ley.  Los creyentes, de este modo, son participantes de este poder a través de la justificación por la fe.
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