Al Borde del Camino

Semeador

Es necesario estar alertas contra el diablo cuando oímos la Palabra. Nuestro Señor nos advierte que el corazón de algunos oyentes es como el “borde del camino” (Lucas 8:5). La semilla del evangelio es arrancada por el diablo inmediatamente que esta es sembrada. Ella no ha penetrado en la conciencia, no le causa la menor impresión en su mente.

El diablo, sin dudas, anda por todas partes. Ese espíritu maligno se esfuerza incansablemente para causarnos daño. Siempre esta atento a nuestras debilidades y buscando ocasión para destruir nuestras almas. No hay lugar donde el diablo sea mas activo que en las congregaciones donde escuchamos el evangelio. No hay otro lugar en el cual trabaje tan arduamente para estancar el progreso del bien e impedir que hombres y mujeres sean salvos, como en la congregación de los santos. De el proceden las divagaciones de nuestros pensamientos, las imaginaciones fortuitas, la apatía mental, y los recuerdos de pecados pasados, los ojos soñolientos, y la inquietud nerviosa que muchas veces nos asalta en pleno culto, así como la falta de atención a la exposición del evangelio.

En todos estos obstáculos, la mano de Satanás participa activamente. Las personas se preguntan de donde proceden esas cosas y se extrañan al encontrar los sermones tan pesados y porque no se acuerdan de ellos. Se olvidan de esta parábola del Sembrador. Se olvidan del diablo.

Es necesario estar atentos para no ser oyentes que están al “borde del camino”. Estemos precavidos contra el diablo. Siempre lo hallaremos en la iglesia. El jamás estará lejos de los cultos públicos. Recordemos ello y estemos en guardia. Calor, frio, humedad, nieve, tiempo de lluvia, aguaceros, son condiciones no agradables para nosotros cuando vamos a la iglesia, y son utilizadas para dejar de ir al culto. Pero hay un enemigo que debemos de temer con mayor fuerza que todas estas condiciones climatológicas: Satanás.

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Articulo escrito por J. C. Ryle (1816–1900) y tomado de Day by day with J.C. Ryle, Eric Russell, Christian Focus Pub.,p. 345 lo he traducido de la traducción al portugués de Marcos Vasconcelos en su Blog “Mens Reformata

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