Algún día habré de morir

cobarde[1]Se muy bien que algún día habré de morir, y cuando venga nuestros Señor Jesucristo tendré que rendir cuentas acerca de la verdad, si la callé  o la publiqué,…y en general tendré que dar cuenta acerca del talento que se me confió, ¡y pobre de mi si me llegase a juzgar por haberlo escondido! (Mt.25:26-30). Enfurézcase quien quiera, con tal de que yo no sea hallado culpable de haber guardado un impío silencio…pues soy plenamente consciente de ser un deudor de la palabra divina, por grande que sea mi indignidad. Nunca se ha podido discutir en serio el verbo divino sin ocasionar peligro y derramamiento de sangre. Pero así como el verbo murió en bien nuestro, así exige que también nosotros muramos por él al confesarlo. El siervo no es mayor que su señor. “Si a mi me han perseguido” -dice Cristo- “también a vosotros os perseguirán. Si han guardado mi palabra, también guardaran la vuestra”. (Jn 15:20)” Martín Lutero (de su comentario de Gálatas año 1519)

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