El Libre Albedrío: Un Esclavo

Sermón predicado el Domingo 2 de Diciembre de 1855
por Charles Haddon Spurgeon
En La Capilla New Park Street, Southwark, Londres.
“Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” — Juan 5:40

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Este es uno de los poderosos cañones de los arminianos, colocado sobre sus murallas, y a menudo disparado con un terrible ruido contra los pobres cristianos llamados calvinistas Yo pretendo silenciar ese cañón el día de hoy, o, más bien, dispararlo en contra del enemigo, pues nunca les perteneció a ellos. El cañón no fue construido en la fundición de los arminianos, y más bien su objetivo era la enseñanza de una doctrina totalmente opuesta a la que los arminianos sostienen.
Usualmente, cuando se explica este texto, las divisiones son: primero, que el hombre tiene voluntad. Segundo, que es enteramente libre. Tercero, que los hombres deben decidir venir a Cristo por ellos mismos, de lo contrario no serán salvos.

Pero nosotros no lo dividiremos de esa manera, sino que nos esforzaremos por analizar de manera objetiva este texto, sin concluir apresuradamente que enseña la doctrina del libre albedrío, simplemente porque contiene palabras tales como “querer” y “no querer.”
Ya se ha demostrado más allá de toda controversia, que el libre albedrío es una insensatez. La voluntad no tiene libertad como tampoco la electricidad tiene peso. Son cosas completamente diferentes. Podemos creer en la libertad de acción del individuo, pero el libre albedrío es algo sencillamente ridículo. Todo mundo sabe que la voluntad es dirigida por el entendimiento, que es llevada a la acción por motivos, que es guiada por otras partes del alma, y que es una potencia secundaria.

Tanto la filosofía como la religión descartan de inmediato la pura idea del libre albedrío; y yo estoy de acuerdo con la rotunda afirmación de Martín Lutero que dice: “Si algún hombre atribuye una parte de la salvación, aunque sea lo más mínimo, al libre albedrío del hombre, no sabe absolutamente nada acerca de la gracia, y no tiene el debido conocimiento de Jesucristo.” Puede parecer un concepto duro, pero aquel que cree con plena convicción que el hombre se vuelve a Dios por su propio libre albedrío, no puede haber recibido esa enseñanza de Dios, pues ese es uno de los primeros principios que aprendemos cuando Él comienza a trabajar en nosotros: que no tenemos ni voluntad ni poder, sino que ambos los recibimos de Él; que Él es “el Alfa y la Omega” en la salvación de los hombres.
Nuestras consideraciones el día de hoy serán las siguientes: primero: todos los hombres están muertos, porque el texto dice: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” Segundo: que hay vida en Jesucristo: “Y no queréis venir a para que tengáis vida.” Tercero: que hay vida en Jesucristo para todo aquel que viene por ella: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida,” implicando que todos los que vengan, tendrán vida. Y cuarto: la sustancia del texto radica en esto, que ningún hombre por naturaleza vendrá jamás a Cristo, pues el texto dice: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” Lejos de afirmar que los hombres por su propia voluntad harán alguna vez eso, lo niega de manera abierta y categórica, diciendo: “Y NO QUERÉIS venir a mí para que tengáis vida.” Entonces, queridos hermanos, estoy a punto de gritar: ¿Acaso los que creen en el libre albedrío no están conscientes que se están atreviendo a desafiar la inspiración de la Escritura? ¿No tienen ningún entendimiento, aquellos que niegan la doctrina de la gracia? Se han apartado tanto de Dios que retuercen el texto para demostrar el libre albedrío; en cambio, el texto dice: “Y NO QUERÉIS venir a mí para que tengáis vida.”

Entonces, en primer lugar, nuestro texto indica QUE LOS HOMBRES ESTÁN MUERTOS POR NATURALEZA. Ningún ser necesita buscar la vida si tiene vida en sí mismo. El texto habla de manera muy fuerte cuando afirma: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” Aunque no lo dice con las palabras, efectivamente está afirmando que los hombres necesitan otra vida que la que tienen. Queridos lectores, todos nosotros estamos muertos a menos que seamos engendrados a una esperanza viva.

Todos nosotros, por naturaleza, estamos legalmente muertos: “el día que de él comieres, ciertamente morirás,” le dijo Dios a Adán; y aunque Adán no murió en ese momento físicamente, murió legalmente; es decir, su muerte quedó registrada en su contra. Tan pronto como en Old Bailey (famosa corte criminal de Londres) el juez se cubre la cabeza con una gorra negra y pronuncia la sentencia, el reo es considerado muerto según la ley. Aunque pueda transcurrir todavía un mes antes de que sea llevado al cadalso para que se cumpla la sentencia, la ley lo considera un hombre muerto. Es imposible que ese hombre realice ninguna transacción. No puede heredar nada ni puede hacer un testamento; él no es nada: es un hombre muerto. Su país considera que no tiene ninguna vida. Si hay elecciones, él no puede votar porque está considerado como muerto. Está encerrado en su celda de condenado a muerte, y es un muerto vivo.
¡Ah! Ustedes, pecadores impíos, que nunca han tenido vida en Cristo, ustedes están vivos hoy, por una suspensión temporal de la sentencia, pero deben saber que ustedes están legalmente muertos; que Dios los considera así, que el día en que su padre Adán tocó el fruto, y cuando ustedes mismos pecaron, Dios, el Eterno Juez, se puso una gorra negra de Juez y los ha condenado.
Ustedes tienen opiniones muy elevadas acerca de propia posición, y de su bondad, y de su moralidad. ¿Dónde está todo eso? La Escritura dice que “ya han sido condenados.” No tienen que esperar el día del juicio para escuchar la sentencia (allí será la ejecución de la sentencia) ustedes “ya han sido condenados.” En el instante en que pecaron, sus nombres fueron inscritos en el libro negro de la justicia; cada uno ha sido sentenciado a muerte por Dios, a menos que encuentre un sustituto por sus pecados en la persona de Cristo.

¿Qué pensarían ustedes si entraran en la celda de un condenado a muerte, y vieran al reo sentado en su celda riéndose muy feliz? Ustedes dirían: “Ese hombre es un insensato, pues ya ha sido condenado y va a ser ejecutado; sin embargo, cuán feliz está.” ¡Ah! ¡Y cuán insensato es el hombre del mundo, quien, aunque tiene una sentencia registrada en su contra, vive muy contento! ¿Piensas tú que la sentencia de Dios no se cumplirá? ¿Piensas tú que tu pecado, que está escrito para siempre con una pluma de hierro sobre las rocas, no contiene horrores en su interior? Dios dice que ya has sido condenado. Si tan sólo pudieras sentirlo, esto mezclaría gotas amargas en tu dulce copa de gozo; tus bailes llegarían a su fin, tu risa se convertiría en llanto, si recordaras que ya has sido condenado. Todos nosotros deberíamos llorar si grabáramos esto en nuestras almas: que por naturaleza no tenemos vida ante los ojos de Dios; que estamos en realidad, positivamente condenados; que tenemos una sentencia de muerte en contra nuestra, y que somos considerados por Dios tan muertos, como si en realidad ya hubiésemos sido arrojados al infierno. Aquí ya hemos sido condenados por el pecado. Aun no hemos sufrido el correspondiente castigo, pero la sentencia ya está escrita y estamos legalmente muertos. Tampoco podemos encontrar vida a menos que encontremos vida ante la ley en la persona de Cristo, de lo que hablaremos más adelante.

Pero además de estar legalmente muertos, también estamos muertos espiritualmente. Porque además de que la sentencia fue registrada en el libro, también se registró en el corazón; entró en la conciencia; obró en el alma, en la razón, en la imaginación, en fin, en todo. “El día que de él comieres, ciertamente morirás,” se cumplió, no solamente por la sentencia que fue registrada, sino por algo que ocurrió en Adán. De la misma forma que en un momento determinado, cuando me muera, la sangre se detendrá, cesará de latir el pulso, los pulmones dejarán de respirar, así el día que Adán comió del fruto, su alma murió. Su imaginación perdió su poder maravilloso de elevarse hacia las cosas celestiales y ver el cielo, su voluntad perdió el poder que tenía para elegir siempre lo bueno, su juicio perdió toda la habilidad anterior de discernir entre el bien y el mal, de manera decidida e infalible, aunque algo de eso fue retenido por la conciencia; su memoria quedó contaminada, sujeta a recordar lo malo y olvidar lo bueno; todas sus facultades perdieron el poder de la vitalidad moral. La bondad, que era la vitalidad de sus facultades, despareció. La virtud, la santidad, la integridad, todas estas cosas, eran la vida del hombre; pero cuando desaparecieron, el hombre murió.
Y ahora, todo hombre, está “muerto en sus delitos y pecados” espiritualmente. En el hombre carnal el alma no está menos muerta de lo que está un cuerpo cuando es depositado en la tumba; está real y positivamente muerta: no a la manera de una metáfora, pues Pablo no está hablando de manera metafórica cuando afirma: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.”
Pero, queridos lectores, nuevamente quisiera poderles predicar a sus corazones en relación a este tema. Ha sido algo penoso tener que recordarles que la muerte ya está registrada; pero ahora tengo que hablarles y decirles que la muerte ya ha ocurrido, efectivamente, en sus corazones. Ustedes no son lo que antes eran; ustedes no son lo que eran en Adán, ni son lo que eran cuando fueron creados. El hombre fue creado puro y santo. Ustedes no son las criaturas perfectas que algunos presumen ser; ustedes están completamente caídos, completamente extraviados, llenos de corrupción y suciedad. ¡Oh! Por favor no escuchen el canto de la sirena de quienes les hablan de su dignidad moral, o de su elevada capacidad en los asuntos de la salvación. Ustedes no son perfectos; esa terrible palabra “ruina,” está escrita en sus corazones; y la muerte está sellada en su espíritu.
No pienses, oh hombre moral, que tú serás capaz de comparecer ante Dios sólo con tu moralidad, pues no eres otra cosa que un cadáver embalsamado en legalidad, un esqueleto vestido elegantemente, pero finalmente putrefacto a los ojos de Dios. ¡Y tampoco pienses tú, que posees una religión natural, que tú puedes hacerte aceptable ante Dios mediante tu propia fuerza y poder! ¡Vamos, hombre! ¡Tú estás muerto! Y tú puedes maquillar a un muerto tan gloriosamente como te plazca, pero no dejará de ser una solemne burla.
Allí está la reina Cleopatra: con una corona sobre su cabeza, vestida con sus mantos reales, siendo velada en la sala mortuoria. ¡Pero qué escalofríos recorren tu cuerpo cuando pasas junto a ella! Aun en su muerte, se ve bella. ¡Pero cuán terrible es estar junto a un muerto, aun si se trata de una reina muerta, muy celebrada por su belleza majestuosa! Así también tú puedes tener una belleza gloriosa y ser atractivo, amable y simpático; te pones sobre tu cabeza la corona de la honestidad, y te vistes con los vestidos de la rectitud, pero a menos que Dios te haya dado vida ¡oh, hombre! a menos que el Espíritu haya obrado en tu alma, tú eres a los ojos de Dios tan desagradable, como ese frío cadáver es desagradable para ti.
Tú no elegirías vivir con un cadáver para que comparta tu mesa; tampoco a Dios le agrada tenerte ante sus ojos. Él está airado contigo cada día, pues tú estás en pecado: tú estás muerto. ¡Oh! Debes creer esto; deja que penetre en tu alma; aplícalo a ti, pues es muy cierto que estás muerto, tanto espiritualmente como legalmente.
El tercer tipo de muerte es la consumación de las otras dos. Es la muerte eterna. Es la ejecución de la sentencia legal; es la consumación de la muerte espiritual. La muerte eterna es la muerte del alma; tiene lugar después que el cadáver ha sido colocado en la tumba, después que el alma ha salido de él. Si la muerte legal es terrible, es debido a sus consecuencias; y si la muerte espiritual es espantosa, es debido a todo lo que viene después. Las dos muertes de las que hemos hablado son la raíz, y esa muerte que vendrá es la flor que nace de esa raíz.
¡Oh! quisiera tener las palabras apropiadas para poder describirles lo que es la muerte eterna. El alma se ha presentado ante su Hacedor; el libro ha sido abierto; la sentencia ha sido pronunciada: “Apartaos de mí, malditos” ha sacudido el universo y ha oscurecido a los astros con el enojo del Creador; el alma ha sido arrojada a las profundidades donde permanecerá con otros en muerte eterna. ¡Oh! cuán horrible es su condición ahora. ¡Su cama es una cama de fuego; los espectáculos que contempla son de tal naturaleza que aterran a su espíritu; los sonidos que escucha son gritos sobrecogedores, y quejidos y gemidos y lamentos; y su cuerpo sólo conoce un dolor miserable! Está sumido en un dolor indecible, en una miseria que no conoce el descanso.
El alma mira hacia arriba. La esperanza no existe, se ha ido. Mira hacia abajo llena de terror y miedo; el remordimiento se ha adueñado de su alma. Mira hacia la derecha y las paredes impenetrables del destino la mantienen dentro de sus límites para torturarla. Mira hacia su izquierda y allí los muros de fuego ardiente descartan la menor posibilidad de colocar una escalera para poder escapar. Busca en sí misma el consuelo, pero un gusano que muerde dolorosamente ha penetrado en su alma. Mira a su alrededor y no encuentra a ningún amigo que le pueda ayudar, ni a ningún consolador, sino sólo atormentadores en abundancia. No tiene a su disposición ninguna esperanza de liberación; ha escuchado la llave eterna del destino girar en su terrible cerradura, y ha visto que Dios toma la llave y la lanza al fondo del abismo de la eternidad donde no podrá ser encontrada nunca. No tiene esperanza, no tiene escape, no hay posibilidad de liberación; desea ardientemente la muerte, pero la muerte es su encarnizada enemiga y no vendrá; anhela que la no-existencia lo trague, pero esta muerte eterna es peor que la aniquilación. Anhela la exterminación como el trabajador ansía el día de descanso. Espera ser tragado por la nada de la misma manera que un preso anhela su libertad. Pero nada de esto sucede: está eternamente muerta.
Cuando la eternidad haya recorrido muchísimas veces sus ciclos eternos, estará todavía muerta. La eternidad no tiene fin; la eternidad sólo puede deletrearse con la eternidad. Y después de todo eso, el alma verá un aviso escrito sobre su cabeza: “Tú estás condenada para siempre.” Escucha aullidos que durarán por toda la eternidad; ve llamas que no se pueden extinguir; sufre dolores que no pueden mitigarse; oye una sentencia que no retumba como los truenos de la tierra, que pronto se desvanecen, sino que va en aumento, más y más, sacudiendo los ecos de la eternidad, haciendo que miles de años se sacudan nuevamente con el horrible trueno de su terrible sonido: “¡Apartaos de mí! ¡Apartaos de mí! ¡Apartaos de mí! ¡Malditos!” Esta es la muerte eterna.

En segundo lugar, EN CRISTO JESÚS HAY VIDA, pues Él dice: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” No hay vida en Dios Padre para un pecador; no hay vida en Dios Espíritu Santo para un pecador, aparte de Jesús. La vida de un pecador está en Cristo. Si piensas que en el Padre puedes encontrar la vida aparte del Hijo, aunque Él ame a Sus elegidos, y decrete que vivirán, no es así; la vida está solamente en el Hijo. Si tomas a Dios el Espíritu Santo aparte de Jesucristo, a pesar de que es el Espíritu quien nos da vida espiritual, sin embargo la vida está en Cristo, la vida está en el Hijo. Ni nos atreveríamos ni podríamos pedir la vida espiritual a Dios el Padre o a Dios el Espíritu Santo. Lo primero que se nos ordena hacer cuando Dios nos saca de Egipto es comer la Pascua. Eso es lo primero. El primer medio por el que recibimos la vida es comiendo la carne y la sangre del Hijo de Dios; viviendo en Él, confiando en Él, creyendo en Su gracia y Su poder.
Nuestra segunda consideración es: hay vida en Cristo. Les mostraremos que hay tres tipos de vida en Cristo, de la misma manera que hay tres tipos de muerte.
En primer lugar hay vida legal en Cristo. De la misma manera que todos los hombre considerados en Adán tenían una sentencia de condenación dictada contra ellos en el momento que Adán pecó, y más especialmente en el momento de su propia primera trasgresión, así también, yo, si soy un creyente, y tú, si confías en Cristo, hemos recibido una sentencia legal absolutoria, dictada a nuestro favor por medio de la obra de Jesucristo.
¡Oh, pecador condenado! Tú puedes estar aquí hoy, condenado como el prisionero de Newgate (famosa prisión de Londres para los condenados a muerte); pero antes de que pase este día, tú puedes estar tan libre de culpa como los ángeles del cielo. Hay vida legal en Cristo, y, ¡bendito sea Dios! algunos de nosotros la tenemos. Sabemos que nuestros pecados son perdonados porque Cristo sufrió el castigo merecido por esos pecados; sabemos que nosotros mismos no podremos ser castigados, pues Cristo sufrió en lugar nuestro. La Pascua ha sido sacrificada por nosotros; el dintel y los postes de la puerta han sido rociados y el ángel exterminador no puede tocarnos jamás. Para nosotros no hay infierno, aunque esté ardiendo con terribles llamas. No importa que Tofet esté preparado desde hace mucho tiempo, y tenga un buen suministro de leña y mucho humo, nosotros nunca iremos allí: Cristo murió por nosotros, en nuestro lugar. ¿Qué importa que haya instrumentos de horrible tortura? ¿Qué importa si hay una sentencia que produce los más horribles ecos de sonidos atronadores? ¡Sin embargo, ni los tormentos, ni la cárcel, ni el trueno, son para nosotros! En Cristo Jesús hemos sido liberados. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
¡Pecador! ¿Estás tú, legalmente condenado esta mañana? ¿Sientes que es así? Entonces déjame decirte que la fe en Cristo te hará saber que has sido absuelto legalmente. Amados hermanos, no es una fantasía que estamos condenados por nuestros pecados, es una realidad. Tampoco es una fantasía que hemos sido absueltos, es una realidad. Si un hombre va a morir en la horca, pero recibiera un perdón de última hora, sentiría que es una grandiosa realidad. Diría: “he sido perdonado completamente, ya no pueden condenarme otra vez.” Así me siento yo.

“Libre de pecado ahora, camino en libertad,
La sangre del Salvador es mi completo perdón,
A sus amados pies me arrojo,
Para rendirle homenaje, siendo un pecador redimido.”

Hermanos, hemos ganado una vida legal en Cristo, y no podemos perder esa vida legal. La sentencia fue dictada en contra nuestra una vez: pero ahora ha sido anulada. Está escrito: “AHORA, PUES, NINGUNA CONDENACIÓN HAY,” y esa anulación es tan válida para mí dentro de cincuenta años, como lo es ahora. No importa cuántos años vivamos, siempre estará escrito: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”
Continuando, en segundo lugar, hay vida espiritual en Cristo Jesús. Como el hombre está muerto espiritualmente, Dios tiene una vida espiritual para él, pues no hay ninguna necesidad que no pueda ser suplida por Jesús, no hay ningún vacío en el corazón, que Cristo no pueda llenar; no hay ningún lugar solitario que Él no pueda poblar, no hay ningún desierto que Él no pueda hacer florecer como una rosa.
¡Oh, ustedes pecadores que están muertos! que están muertos espiritualmente, hay vida en Cristo Jesús, pues hemos visto ¡sí! estos ojos lo han visto, que los muertos reviven; hemos conocido al hombre cuya alma estaba totalmente corrompida, pero que por el poder de Dios ha buscado la justicia; hemos conocido al hombre cuya visión era completamente carnal, cuya lujuria lo dominaba plenamente, y cuyas pasiones eran muy poderosas, pero que, de pronto, por un irresistible poder del cielo, se ha consagrado a Cristo, y se ha convertido en un hijo de Jesús.
Sabemos que hay vida en Cristo Jesús de un orden espiritual; sí, y más aún, nosotros mismos, en nuestras propias personas, hemos sentido esa vida espiritual. Recordamos muy bien cuando estábamos en la casa de oración, tan muertos como el propio asiento en el que estábamos sentados. Habíamos escuchado durante mucho, mucho tiempo el sonido del Evangelio, sin que surtiera ningún efecto, cuando de pronto, como si nuestros oídos fuesen abiertos por los dedos de algún ángel poderoso, un sonido penetró en nuestro corazón. Creímos escuchar a Jesús que decía: “El que tenga oídos para oír, oiga.” Una mano irresistible apretó nuestro corazón hasta arrancarle una oración. Nunca antes habíamos orado así. Clamamos: “¡Oh Dios!, ten misericordia de mí, pecador.”
¿Acaso algunos de nosotros no hemos sentido una mano que nos apretaba como si hubiésemos sido sorprendidos en un vicio, y nuestras almas derramaban gotas de angustia? Esa miseria era el signo de una nueva vida. Cuando una persona se está ahogando no siente tanto dolor como cuando logra sobrevivir y está en proceso de recuperación. ¡Oh!, recordamos esos dolores, esos gemidos, esa lucha encarnizada que nuestra alma experimentaba cuando vino a Cristo. ¡Ah!, podemos recordar cuando recibimos nuestra vida espiritual tan fácilmente como puede hacerlo un hombre que ha resucitado de su sepulcro. Podemos suponer que Lázaro recordaba su resurrección, aunque no recordara todas las circunstancias que la rodearon. Así nosotros también, aunque hayamos olvidado mucho, ciertamente recordamos cuando nos entregamos a Cristo. Podemos decir a cada pecador, sin importar cuán muerto esté, que hay vida en Cristo Jesús, aunque esté podrido y lleno de corrupción en su tumba. El mismo que levantó a Lázaro nos ha levantado a nosotros; y Él puede decir, aún a ti pecador: “¡Lázaro!, ven fuera.”

En tercer lugar, hay vida eterna en Cristo Jesús. ¡Oh!, y si la muerte eterna es terrible, la vida eterna es bendita; pues Él ha dicho: “Y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor.” “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria.” “Yo les doy vida eterna; y no perecerán para siempre.” Entonces, cualquier arminiano que quiera predicar acerca de ese texto debe comprar algo que le ayude a estirar sus labios de manera especial; nunca podría decir toda la verdad sin retorcerla de una manera muy misteriosa. La vida eterna: no una vida que se pueda perder, sino la vida eterna. Si perdí mi vida en Adán, la recobré en Cristo; si me perdí a mí mismo eternamente, me he encontrado a mí mismo en Jesucristo. ¡Vida eterna! ¡Oh pensamiento bendito! Nuestros ojos brillan de gozo y nuestras almas se encienden en un éxtasis al pensar que tenemos vida eterna.
¡Estrellas, apáguense!, dejen que Dios ponga Su dedo sobre ustedes: pero mi alma vivirá en el gozo y la bienaventuranza. ¡Oh sol, oscurece tu ojo!, mi ojo verá “al Rey en su hermosura” mientras que tu ojo no hará sonreír más a la verde tierra. ¡Y tú, oh luna, enrojece de sangre! Pero mi sangre nunca dejará de ser; este espíritu vivirá cuando tú hayas dejado de existir. ¡Y tú, grandioso mundo!, tú puedes desaparecer por completo tal como la espuma desaparece sobre la ola que la transporta; sin embargo, yo tengo vida eterna. ¡Oh tiempo!, tú puedes ver a las gigantes montañas morir y esconderse en sus tumbas; puedes ver a las estrellas como higos remaduros caer del árbol, pero nunca, nunca, verás morir mi espíritu.

III. Esto nos lleva al tercer punto: LA VIDA ETERNA ES DADA A TODO AQUEL QUE VENGA BUSCÁNDOLA. Nunca hubo nadie que haya venido a Cristo buscando la vida eterna, la vida legal, la vida espiritual, que no la haya recibido antes, en algún sentido, habiéndole sido manifestado que la tenía tan pronto como vino. Tomemos uno o dos textos: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios.” Todo hombre que venga a Cristo encontrará que Cristo puede salvarle: no solamente puede salvarlo un poco, liberarlo de un pequeño pecado, librarlo de un pequeño juicio, llevarlo por un trecho para luego soltarlo: sino que puede salvarlo completamente de todo pecado, protegerlo durante todo el juicio, hasta las mayores profundidades de sus aflicciones, durante toda su existencia.

Cristo le dice a todo el que viene a Él: “Ven, pobre pecador, no necesitas preguntar si tengo poder para salvar. Yo no te voy a preguntar qué tan hundido estás en el pecado; Yo puedo salvarte plenamente.” Y no hay nadie en la tierra que pueda traspasar ese “plenamente.”
Ahora, otro texto: “El que a mí viene (noten que las promesas son casi siempre para los que vienen) no lo echo fuera.” Todo aquel que venga encontrará abierta la puerta de la casa de Cristo, y la puerta de Su corazón también. Todo aquel que venga (lo digo en el sentido más amplio) encontrará que Cristo tiene misericordia de él. La cosa más absurda del mundo es querer tener un Evangelio más amplio que el que está contenido en la Escritura. Yo predico que todo hombre que cree será salvo: que todo hombre que viene hallará misericordia.
La gente me pregunta: “Pero supongamos que un hombre que no es elegido viene, ¿será salvo?” Tú estás suponiendo una cosa sin sentido y no te la voy a responder. Si un hombre no es elegido, nunca vendrá. Cuando en efecto viene, esa es la mejor prueba de su elección. Alguien dice: “Supongamos que alguien viene a Cristo sin ser llamado por el Espíritu.” Detente, hermano mío, esa no es una suposición válida, pues algo así no puede suceder; dices eso sólo para enredarme, y no lo vas a lograr. Yo afirmo que todo aquel que viene a Cristo será salvo. Puedo decir eso como calvinista o como hipercalvinista, tan sencillamente como tú. Yo no tengo un Evangelio más limitado que el tuyo; mi único Evangelio está colocado sobre un cimiento sólido, mientras que el tuyo está construido sobre arena y podredumbre. “Todo aquel que venga será salvo; porque ninguno puede venir a mí si el Padre no le trajere.”
“Pero,” objeta alguien, “supongamos que todo el mundo quisiera venir, ¿los recibiría Cristo a todos?” Ciertamente sí, si vinieran todos; pero no quieren venir. Les digo que a todos los que vengan, ay, aun si fueran tan malos como los diablos, Cristo los recibirá; si todo tipo de pecado y de suciedad fluyera de sus corazones como de un sumidero común utilizado por todo el mundo, Cristo los recibirá. Otro dice: “Quiero saber acerca del resto de la gente. ¿Puedo salir y decirles: Jesucristo murió por cada uno de ustedes? ¿Puedo decir: hay justicia para cada uno de ustedes, hay vida para cada uno de ustedes?” No; no puedes. Puedes decir: hay vida para todo el que viene. Pero si tú dices que hay vida para alguno de esos que no creen, estarías diciendo una mentira muy peligrosa. Si les dices que Jesucristo fue castigado por sus pecados, y sin embargo se pierden, estarías diciendo una vil falsedad. Pensar que Dios pudo castigar a Cristo y luego castigarlos a ellos: ¡me sorprende que te atrevas al descaro de decir eso!
Un buen hombre predicaba una vez que había arpas y coronas en el cielo para toda su congregación; y luego concluyó de la manera más solemne: “Mis queridos amigos, hay muchos para quienes están preparadas estas cosas que nunca llegarán allá.” De hecho, inventó esa historia lamentable, y pudo haber sido cualquier otra historia. Pero les diré por quiénes debió haber llorado. Debió haber llorado por los ángeles del cielo y por todos los santos, pues eso arruinaría al cielo completamente.

Tú sabes cuando te reúnes en Navidad, que si has perdido a tu hermano David y su asiento está vacío, dirás: “Bien, siempre disfrutamos de la Navidad, pero ahora no es igual; ¡el pobre David está muerto y enterrado!” Imagínense a los ángeles diciendo: “¡Ah!, este es un cielo hermoso, pero no nos gusta ver todas esas coronas que están allá cubiertas de telarañas; no podemos soportar esa calle deshabitada: no podemos contemplar aquellos tronos vacíos.” Y entonces, pobres almas, tal vez comenzarían a hablar entre sí, diciendo: “ninguno de nosotros está seguro aquí pues la promesa fue: ‘Yo doy vida eterna a mis ovejas,’ y hay muchas de esas ovejas en el infierno a las cuales Dios dio vida eterna. Hay muchas personas por las que Cristo derramó su sangre que están ardiendo en el abismo, y si ellos pueden ser enviados allí, nosotros también podemos ir. Si no podemos confiar en una promesa, tampoco podemos confiar en la otra.” Así el cielo perdería sus cimientos, y caería. ¡Largo de aquí con ese evangelio que no tiene sentido! Dios nos da un Evangelio seguro y sólido, construido sobre un pacto sellado con hechos y bien ordenado en sus relaciones, sobre eternos propósitos y cumplimientos seguros.
IV. Llegamos ahora al cuarto punto, QUE POR NATURALEZA NINGÚN HOMBRE VENDRÁ A CRISTO, pues el texto dice: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” Yo afirmo con base en la autoridad de la Escritura por medio de este texto, que no quieren venir a Cristo para que puedan tener vida. Les digo, podría predicarles por toda la eternidad, podría pedir prestada la elocuencia de Demóstenes o de Cicerón, pero ustedes no querrían venir a Cristo. Podría pedirles de rodillas, con lágrimas en mis ojos, y mostrarles los horrores del infierno y los gozos del cielo, la suficiencia de Cristo, y su propia condición perdida, pero ninguno de ustedes querría venir a Cristo por ustedes mismos a menos que el Espíritu que descansó en Cristo los traiga. Es una verdad universal que los hombres en su condición natural no quieren venir a Cristo.
Pero me parece que escucho a uno de estos charlatanes que hace una pregunta: “Pero, ¿no podrían venir si quisieran?” Amigo mío, te voy a responder en otra ocasión. Ese no es el tema que estamos analizando hoy. Estoy hablando de si quieren, no acerca de si pueden. Ustedes se darán cuenta, siempre que hablan acerca del libre albedrío, que el pobre arminiano en dos segundos comienza a hablar acerca del poder, mezclando dos conceptos que deben mantenerse separados. Nosotros no vamos a tratar esos dos temas conjuntamente; rehusamos tener que pelear con dos a la vez, si me lo permiten. En otra ocasión voy a predicar sobre este texto: “Ninguno puede venir a mí si el Padre no le trajere.” Pero hoy sólo estamos hablando acerca del querer; y es un hecho que los hombres no quieren venir a Cristo, para que puedan tener vida.
Podríamos demostrar esto por medio de muchos textos de la Escritura, pero sólo vamos a tomar una parábola. Ustedes recuerdan la parábola en la que un cierto rey preparó una fiesta para su hijo, e invitó a un gran número de personas para que vinieran; los bueyes y los animales engordados fueron preparados y envió a sus mensajeros para invitaran a muchos a la cena. ¿Fueron a la fiesta los invitados? Ah, no; sino que todos ellos, como si se hubieran puesto de acuerdo, comenzaron a poner pretextos. Uno dijo que se había casado, y por lo tanto no podría asistir, aunque muy bien pudo haber traído a su esposa con él. Otro había comprado una yunta de bueyes y quería ver cómo trabajaban; pero la fiesta era en la noche, y no podía probar a sus bueyes en la oscuridad. Otro había comprado un pedazo de terreno, y quería verlo; pero es difícil pensar que fue a verlo con una linterna. Así que todos pusieron pretextos y no quisieron asistir. Pero el rey estaba decidido a tener la fiesta; por eso dijo: “Vé por los caminos y por los vallados e” invítalos; ¡alto! no invítalos; fuérzalos a entrar;” pues ni aun los mendigos harapientos en los vallados habrían querido venir si no hubieran sido forzados.

Tomemos otra parábola: Un cierto hombre tenía una viña; y en el momento oportuno envió a uno de sus siervos para cobrar su renta. ¿Qué le hicieron? Golpearon al siervo. Entonces envió a otro siervo; y lo apedrearon. Todavía envió a otro y lo mataron. Y, finalmente, dijo: “Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto.” Pero ¿qué hicieron? Dijeron: “Éste es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.” Y así lo hicieron. Lo mismo sucede con todos los hombres por naturaleza. Vino el Hijo de Dios, y sin embargo los hombres lo rechazaron. “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.”
Nos tomaría mucho tiempo mencionar más pruebas de la Escritura. Sin embargo, nos vamos a referir ahora a la gran doctrina de la caída. Cualquiera que crea que la voluntad del hombre es enteramente libre, y que puede ser salvo por medio de esa voluntad, no cree en la caída. Como se los he repetido a menudo, muy pocos predicadores de la religión creen en verdad completamente en la doctrina de la caída, o bien creen que cuando Adán cayó se fracturó su dedo meñique, y no se rompió el cuello arruinando a toda su raza. Pues bien, amados hermanos, la caída destruyó al hombre enteramente. No dejó de afectar ni una sola potencia; todos fueron hechos pedazos, fueron contaminados y envilecidos; como si en un grandioso templo, los pilares todavía están allí, partes de la nave, alguna pilastra y una que otra columna todavía permanecen allí; pero todo está destruido, aunque algunos elementos todavía retienen su forma y su posición.
La conciencia del hombre algunas veces retiene mucho de su sensibilidad, pero eso no significa que no esté caída. La voluntad tampoco se escapó. Y aunque es el “Alcalde de Alma-humana,” como Bunyan la llama, el Señor Alcalde se ha descarriado. El Señor “Obstinado” ha estado continuamente haciendo lo malo. La naturaleza caída de ustedes no funciona; su voluntad, entre otras cosas, se ha apartado claramente de Dios. Pero les diré la mejor prueba de ello; es el grandioso hecho que nunca han conocido en la vida a un cristiano que les haya dicho que vino a Cristo sin que mencionara que Cristo vino primero a él.
Me atrevería a decir que ustedes han oído muchos buenos sermones arminianos, pero nunca han oído una oración arminiana, pues cuando los santos oran, son una misma cosa en palabra, obra y mente. Un arminiano puesto de rodillas oraría desesperadamente igual que un calvinista. No puede orar sobre el libre albedrío: no hay espacio para eso. Imagínenlo orando así: “Señor, te doy gracias porque no soy como esos pobres calvinistas presumidos. Señor, yo nací con un glorioso libre albedrío; yo nací con el poder de ir a ti por mi propia voluntad; yo he aprovechado mi gracia. Si todos hubieran hecho lo mismo con su gracia como lo he hecho yo, todos podrían haber sido salvos. Señor, yo sé que Tú no puedes hacernos querer si nosotros mismos no lo queremos así. Tú das la gracia a todo mundo; algunos no la utilizan, pero yo sí .Hay muchos que irán al infierno a pesar de haber sido comprados con la sangre de Cristo al igual que yo; a ellos les fue dado el Espíritu Santo también; tuvieron una muy buena oportunidad, y fueron tan bendecidos como lo he sido yo. No fue tu gracia lo que hizo la diferencia; acepto que sirvió de mucho, pero fui yo el que hizo la diferencia; yo hice buen uso de lo que me fue dado, en cambio otros no lo hicieron así; esa es la diferencia principal entre ellos y yo.”
Esa es una oración diabólica, pues nadie más que Satanás podría orar así. ¡Ah!, cuando están predicando y hablando cuidadosamente, puede entrometerse la doctrina errónea; pero cuando se trata de orar, la verdad salta, no pueden evitarlo. Si un hombre habla muy despacio, puede hacerlo muy bien; pero cuando se pone a hablar rápido, el viejo acento de su terruño, donde nació, se revela.
Les pregunto otra vez, ¿han conocido alguna vez a algún cristiano que haya dicho: “Yo vine a Cristo sin el poder del Espíritu?” Si en efecto alguna vez han conocido a un hombre así, no deben dudar en responderle: “Mi querido señor, yo verdaderamente lo creo, pero también creo que saliste también sin el poder del Espíritu, y que no sabes nada acerca del tema del poder del Espíritu, y que estás en hiel de amargura y en prisión de maldad.” ¿Acaso escucho a algún cristiano diciendo: “Yo busqué a Jesús antes que Él me buscara a mí?” No, amados hermanos; cada uno de nosotros debe poner su mano en su corazón y decir:

“La gracia enseñó a orar a mi alma,
Y también hizo que mis ojos derramaran lágrimas;
Es la gracia la que me ha guardado siempre,
Y nunca me abandonará.”

¿Hay aquí alguien, alguien solitario, hombre o mujer, joven o viejo, que pueda decir: “Yo busqué a Dios antes que Él me buscara a mí?” No; y aun tú que eres un poco arminiano vas a cantar:

“¡Oh, sí!, verdaderamente amo a Jesús,
Sólo porque Él me amó primero.”

Y ahora otra pregunta. ¿Acaso no nos damos cuenta, aun después de haber venido a Cristo, que nuestra alma no es libre, sino que es guardada por Cristo? ¿Acaso no nos damos cuenta, aun ahora, que el querer no está presente en nosotros? Hay una ley en nuestros miembros, que está en guerra contra la ley de nuestras mentes. Ahora, si quienes están vivos espiritualmente sienten que su voluntad es contraria a Dios, ¿qué diremos del hombre que está “muerto en delitos y pecados”? Sería una cosa maravillosamente absurda poner ambos al mismo nivel; y sería aun más absurdo poner al que está muerto antes del que está vivo. No; el texto es verdadero, la experiencia lo ha grabado en nuestros corazones. “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.”

Ahora, debemos decirles las razones por las que los hombres no quieren venir a Cristo. Primero, porque ningún hombre por naturaleza considera que necesita a Cristo. Por naturaleza el hombre considera que no necesita a Cristo; considera que está vestido con sus ropas de justicia propia, que está bien vestido, que no está desnudo, que no necesita que la sangre de Cristo lo lave, que no está rojo ni negro, y que no necesita que ninguna gracia lo purifique. Ningún hombre se da cuenta de su necesidad hasta que Dios no se la muestre; y hasta que el Espíritu Santo no le haya mostrado la necesidad que tiene de perdón, ningún hombre buscará el perdón. Puedo predicar a Cristo para siempre, pero a menos que sientan que necesitan a Cristo, jamás vendrán a Él. Puede ser que un doctor tenga un consultorio muy bueno, y una farmacia bien surtida, pero nadie comprará sus medicinas a menos que sientan la necesidad de comprarlas.
La siguiente razón es que a los hombres no les gusta la manera en que Cristo los salva. Alguien dice: “No me gusta porque Él me hace santo; no puedo beber o jurar si Él me ha salvado.” Otro afirma: “Requiere de mí que sea tan preciso y puritano, y a mí me gusta tener mayor libertad.” A otro no le gusta porque es tan humillante; no le gusta porque la “puerta del cielo” no es lo suficientemente alta para pasar por ella con la cabeza erguida, y a él no le gusta tener que inclinarse. Esa es la razón principal por la que no quieren venir a Cristo, porque no pueden ir a Él con las cabezas erguidas; pues Cristo los hace inclinarse cuando vienen. A otro no le gusta que sea un asunto de la gracia desde el principio hasta el final. “¡Oh!” dice:”si yo pudiera llevarme algo del honor.” Pero cuando se entera que es todo de Cristo o nada de Cristo, un Cristo completo o sin Cristo, dice: “no voy a ir,” y gira sobre sus talones y se va. ¡Ah!, pecadores orgullosos, ustedes no quieren venir a Cristo. ¡Ah!, pecadores ignorantes, ustedes no quieren venir a Cristo, porque no saben nada acerca de Él. Y esa es la tercera razón.
Los hombres desconocen Su valor, pues si lo conocieran, querrían venir a Él. ¿Por qué ningún marinero fue a América antes de que Cristóbal Colón fuera? Porque no creían que América existiera. Colón tenía fe, y por tanto él sí fue. El que tiene fe en Cristo viene a Él. Pero ustedes no conocen a Jesús; muchos de ustedes nunca han visto su hermosísimo rostro; nunca han visto cuán valiosa es su sangre para un pecador, cuán grande es su expiación; y que Sus méritos son absolutamente suficientes. Por tanto “no queréis venir a Él.”

Y ¡oh!, queridos lectores, mi última consideración es muy solemne. He predicado que ustedes no quieren venir. Pero algunos dirán: “si no vienen es su pecado.” ASÍ ES. Ustedes no quieren venir, pero entonces esa voluntad de no venir es una voluntad pecaminosa. Algunos piensan que estamos tratando de poner “colchones de plumas” a la conciencia cuando predicamos esta doctrina, pero no hacemos eso. Nosotros no afirmamos que es parte de la naturaleza original del hombre, sino que decimos que pertenece a su naturaleza caída.

Es el pecado el que te ha sumido en esta condición de no querer venir. Si no hubieras caído, querrías venir a Cristo en el momento en que te es predicado; pero no vienes por tus pecados y crímenes. La gente se excusa a sí misma porque tiene un corazón malo. Esa es la excusa más débil del mundo. ¿Acaso el robo y el hurto no vienen de un corazón malo? Supongan que un ladrón le dice a un juez: “No pude evitarlo, tenía un mal corazón.” ¿Qué diría el juez? “¡Bandido!, si tu corazón es malo, voy a darte una mayor sentencia, pues tú eres ciertamente un villano. Tu excusa no sirve para nada.” El Todopoderoso “se reirá de ellos, se burlará de todas las naciones.” Nosotros no predicamos esta doctrina para excusarlos a ustedes, sino para que se humillen. La posesión de una mala naturaleza es tanto mi culpa como mi terrible calamidad.

Es un pecado que siempre será achacado a los hombres. Cuando no quieren venir a Cristo es el pecado lo que los aleja. Quien no predica eso, me temo que no es fiel a Dios ni a su conciencia. Vayan a casa, entonces, con este pensamiento; “soy por naturaleza tan perverso que no quiero venir a Cristo, y esa perversidad impía de mi naturaleza es mi pecado. Merezco ir al infierno por eso.” Y si ese pensamiento no te humilla, a pesar de que el Espíritu lo está usando, ninguna otra cosa podrá hacerlo. Este día no he ensalzado la naturaleza humana, sino que la he humillado. Que Dios nos humille a todos. Amén.

La Inspiración Verbal de la Escritura

La doctrina de la inspiración verbal está íntimamente relacionada con la doctrina de la inspiración plenaria. Esta enfatiza que las palabras de la Escritura son inspiradas por Dios. La Escritura no es sólo la Palabra de Dios, también es la palabra de Dios.

Nuevamente enseñamos y enfatizamos esto en contra de aquellos que piadosamente afirman que la Escritura es inspirada en sus enseñanzas y doctrinas pero no en palabras y detalles. Tal enseñanza es, por supuesto, simplemente un sin sentido, ya que es imposible que la Escritura sea la inspirada Palabra de Dios en sus enseñanzas y pensamientos si las palabras en las cuales aquellas enseñanzas son dadas nos son ellas mismas inspiradas e infalibles.

La creencia en la inspiración verbal hace que nosotros, como cristianos que hablan inglés, seamos fuertes defensores de la versión King James (Autorizada). Una importante característica de esta versión, encontrada en pocas versiones modernas, es que ella pone en cursivas aquellas palabras que no son encontradas en los originales hebreos y griegos, mostrando lo mejor posible a aquellos que no pueden leer hebreo o griego cuales son las palabras de la Escritura. Puede ser necesario
agregar palabras con el objetivo de obtener una buena traducción a nuestros lenguajes, pero aquellos que leen deben saber que las palabras en cursivas fueron agregadas por hombres y no, de hecho, habladas por Dios.

La doctrina de la inspiración verbal se encuentra en pasajes de la Escritura tales como Salmos 12:6, Proverbios 30:5 y Apocalipsis 22:18-19; también hay otros pasajes de la Escritura que se refieren a las palabras que Dios ha hablado y causado a ser escritas (Salmos 50:17; Salmos 119:130). Hay notables ejemplos en la Escritura de la importancia de esta doctrina – del hecho de que las palabras exactas de Dios son importantes. En algunos casos las elecciones de palabras crean
enormes diferencias.

Si Génesis 17:7 dijera descendencias y no descendencia, sólo la diferencia entre singular y plural, no podría ser una profecía sobre Cristo (ver Gálatas 3:16). Esta referencia a Cristo se pierde completamente en algunas versiones modernas. A veces las palabras en el idioma original hace difícil entender el pasaje, como en hebreos 11:11. La Escritura dice que Sara recibió fuerza para concebir. La palabra griega es ordinariamente usada para el masculino y es traducida comúnmente como “engendrar” o “generar”. Ya que esa es la palabra que usa la Escritura, nuestra única obligación es entender por qué la Escritura usa aquella palabra, y no cambiar el pasaje, como lo hace la NVI, para ponerlo en línea con nuestro pensamiento. La NVI dice que Abraham fue capacitado para ser padre, aún cuando Abraham no es mencionado en el versículo. Tales cambios, así hay muchos en la NVI, son una negación de la inspiración verbal.

Hay muchos más ejemplos de lo mismo, pero el punto para nosotros es que necesitamos escuchar cuidadosamente lo que Dios dice. Estar satisfecho con haber obtenido lo esencial del texto, la importancia general de lo que Dios está diciendo, no basta. Debemos estar seguros de que lo hemos oído, creído y obedecido exactamente y en detalle. Si Él ha tomado el cuidado de revelarse, hablándonos por medio de la Palabra escrita, ¿quiénes somos nosotros para no tener cuidado al oír, obedecer y creer que cada palabra de Dios es pura? (Salmos 12:6).

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Sexto Capitulo del libro “Lámpara es tu Palabra “ de Ronald Hanko y traducido por Marcelo Sánchez del Blog “Reformado Reformándome” de donde podrán descargar el libro completo sin costo alguno  (http://reformadoreformandome.wordpress.com/).

Aspectos Esenciales de la Identidad Reformada

El presente articulo fue escrito por el historiador Presbiteriano Alderi Souza de Matos sobre las características distintivas de la Fe Reformada. es un articulo orientado a una realidad (la brasilera), pero que es totalmente acorde con la realidad del presbiterianismo y Fe Reformada en el Perú.

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Introducción.

· La difícil situación de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos – P.C. (USA). Reducción marcada en el numero de miembros: se ha perdido el 25% de miembros en los últimos treinta años (de 4 millones de miembros a un poco menos de 3 millones). Polarización en torno a temas éticos y sociales. Causas: falta de una clara identidad teológica, énfasis en el pluralismo religioso, mudanza en las prioridades, especialmente en lo que respecta a la misión de la iglesia en la sociedad y en el mundo.

· La iglesia Presbiteriana en Brasil corre el mismo peligro, a pesar de tener circunstancias diferentes. Muchos pastores e Iglesias desconocen la fe reformada, lo que nos caracteriza como denominación y nos distingue de otros grupos evangélicos. No ser trata de aislarnos o de creernos mejores a los otros grupos evangélicos, sino que se trata de conocernos e afirmar nuestros valores, que enriquecen a la familia evangélica llamándoles la atención a nuestro énfasis bíblico y teológicos que juzgamos importante y necesario para nuestro testimonio al mundo actual. Al mismo tiempo, sin perder nuestra identidad, podemos tener comunión con otros grupos e aprender de nuestros hermanos cosas útiles que nos puedan enseñar.

· Definición de términos: (a) Presbiterianos: iglesia que adopta la forma de gobierno presbiterial; (b) Calvinistas: partidarios de la teología de Calvino, el mayor teólogo entre los reformadores (incluye presbiterianos, congregacionales, bautistas y otros grupos); (c) Reformados: concepto mucho mas amplio – los herederos de los movimientos liderados por Zwinglio, Calvino, John Knox y sus sucesores, que adoptaron en cuestión de fe e gobierno una posición intermedia entre luteranos e anglicanos, de un lado y de los anabautistas y entusiastas del otro. En su sentido mas amplio, la tradición reformada incluye aspectos teológicos, éticos, filosóficos, sociales y políticos. Veamos algunas particularidades reformadas que debemos conocer y transmitir a otros:

1. Historia:

· Así como la fe bíblica es profundamente histórica, porque se fundamenta en los hechos redentores realizados en el tiempo y espacio, la fe reformada valoriza extraordinariamente la historia de la iglesia. Nuestro censo de la historia nos recuerda que la iglesia cristiana no comenzó con la reforma protestante del siglo diecisiete. Fue por esto que reformadores como Lutero y Calvino no quisieron romper con todo lo que se decía respecto a la Iglesia Antigua y Medieval, Por ejemplo ellos reconocieron la valides de los antiguos concilios ecuménicos de la iglesia (siglo IV y V) e de las extraordinarias formulaciones teológicas producidas por los mismos – Credos, especialmente el niceno y el de Calcedonia. Los reformadores magisteriales, Calvino entre ellos, también tenían un gran aprecio por loq antiguos maestros cristianos, los padres de la iglesia y los citaban abundantemente en sus escritos. Es por eso que debemos de recitar esos credos utilizar las antiguas liturgias, cantar himnos de siglos pasados. No es cuestión de tradicionalismo: todo eso nos coloca en contacto con la iglesia del pasado, de la cual somos herederos y continuadores.

· Por otro lado, los propios reformadores tienen una rica historia que necesita ser conocida, valorizada y transmitida a las nuevas generaciones. Son fuentes de inspiración y reflexión, entre otros los siguientes ejemplos:

a. La vida y obra de Juan Calvino: en nuestros días la visión de muchas personas sobre el gran reformador e tremendamente distorsionada y parcial – Para muchos, inclusive presbiterianos, Calvino e visto como el autor de la doctrina de la predestinación, el tirano de Ginebra, el responsable por la muerte de Servetto y así sucesivamente. Ignoran de su profunda experiencia religiosa, su riquísima producción teológica, su defensa apasionada de los evangélicos europeos perseguidos por su fe, su genio organizador, su contribución para con el mundo moderno, su esfuerzo para que la iglesia refleje la preocupación de Dios con todas las áreas de la vid, tanto individual como colectiva (Ver Fides Reformata II/2, “Amando a Dios y al prójimo: Juan Calvino y el diaconado en Ginebra”[1]

b. El avance del movimiento reformado: La mayoría de los presbiterianos necesitan conocer como la fe reformada se difundió a partir de Ginebra y otros centros para influenciar poderosamente la vida de naciones enteras como Suiza, Escocia, Holanda y los Estados Unidos (sin olvidar a Francia, Alemania, Hungría y Polonia). Pocos conocen la trayectoria sacrificada e inspiradora de los reformadores franceses, los huguenotes, que por varios siglos sufrieron pruebas tremendas por causa de su fe. A propósito, este año esta siendo conmemorado el 4to centenario del edicto de Nantes, que concedió a los hungerotes cierta tolerancia religiosa y cuya revocación posterior produjo la famosa “iglesia del desierto”. También merece destacarse el papel de la fe reformada en la historia holandesa en su lucha por su independencia contra la tiranía española, en su énfasis en a libertad religiosa, y su actuación en el Brasil colonial.

c. Lideres reformados: pocos conocen la participación de los reformadores en la historia de los Estados Unidos o que el gran líder presbiteriano John Witherspoon (1723-1794) fue el único pastor en firmar la declaración de independencia de aquel país. Pocos conocen la historia del calvinista Jonathan Edward (1703 – 1758), el mas notable teólogo y filosofo de la historia de los Estados Unidos, e la de su contemporáneo George Whitefield (1714 – 1770), el mayor evangelista de su tiempo y principal predicador del celebre primer Gran Despertamiento. Mas recientemente Holanda tuvo un gran líder calvinista en la persona de Abraham Kuyper (1837-1920), fundador de la Universidad libre de Amsterdam y primer ministro de aquel país (1901-1905).

d. Otros Destaques: Las misiones presbiterianas alrededor de mundo; las iglesias reformadas florecientes de piases como Corea y Formosa, la valiente actuación de las comunidades reformadas de Europa del este, especialmente de Hungría y de Rumania, y su participación directa de los reformadores en los grandes reavivamientos de los siglos dieciocho y diecinueve, de los dos lados del Atlántico.

· No se trata de glorificar el movimiento reformado, de caer en triunfalismo y criticar a otros grupos. Sabemos que también existen paginas tristes en nuestra historia. Pero sin olvidar los elementos negativos que nos sirven de solemne advertencia, debemos de conocer los personajes y eventos que contribuyeron para la gloria de Dios en nuestro movimiento.

 

2. Teología:

· Los reformadores entienden ser los herederos de una teología que pasa por Pablo, Agustín, Lutero, Calvino y Westmister, entre otros. La teología reformada es en primer lugar la teología de la reforma, sintetizada en los cincos principios cardenales defendido por los reformadores magisteriales:

– Sola Scriptura

– Solo Christo

– Sola gratia

– Sola fide

– Sacerdocio Universal de los Creyentes.

· El énfasis central de la fe reformada esta en la teología propiamente dicha, la doctrina de Dios, acentuando la plena soberanía de Dios en todas las cosas –las creación, la providencia y sobre todo en la redención. N.B. Warfield y C.Van Til se refieren a esto como una actitud religiosa que se expresa en una profunda comprensión de la majestad de Dios. Ese énfasis puede ser visto de forma admirables en los escritos de Jonathan Edwards (ver mi articulo “Jonathan Edwards: Teólogo del Corazón y del Intelecto,” Fides Reformata III/1). El tema central de su teología es la celebración de la majestad, gracia y gloria de Dios.

– Algunos textos bíblicos:

Ø Job 42.2: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti”

Ø Sl 90.2: “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.”

Ø Is 46.9-10: “…yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.”

Ø Rm 11.36: “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él, sea la gloria por los siglos. Amén.”

· De estas bases teológicas, surge todo el corazón de la teología reformada, comenzando en su concepto antropológico del hombre. Delante de un Dios tan grandioso y santo, el ser humano solo puede tener una profunda conciencia de su propia pecaminosidad y su total dependencia del soberano y trino Dios. De ahí también surge el concepto soteriológico, expresado por el Sínodo de Dort en los llamados “Cinco puntos del Calvinismo”:

– Depravación total del hombre

– La Elección incondicional por parte de Dios,

– La Expiación Limitada,

– Su Gracia irresistible (o también llamada “vocación eficaz), y

– La Perseverancia de los Santos.

· A pesar de que exista mucha controversia con relación a estos puntos, aún dentro de los propios Calvinistas, todo reformado conciente no puede dejar de afirmar la plena dependencia del pecador, el cual se encuentra muerto en su desobediencia y alienación. Esto es, su plena dependencia de la iniciativa y actuación soberana de Dios en lo referente a la salvación. La salvación del pecador, es desde el inicio al fin, una obra de Dios, a través del Espíritu Santo (monergismo) Por tanto, cualquier teología o practica que relativaza o limita la soberanía de Dios, dando un énfasis mayor o menor a la iniciativa humanan en su salvación, se aleja de las convicciones reformadas. Cualquier capacidad de elección, preferencia e interés, en detrimento de la soberanía, gloria y majestad de Dios, se opone con el énfasis central de las escrituras y fe reformada.

– Algunos textos:

Ø Juan 6.37-39: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le hecho fuera. Por que he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero “

Ø Juan 17.9: “Yo ruego por ellos, no ruego por el mundo, sino por los que me diste; por que tuyos son.”

Ø Hechos 13.48: “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.”

Ø Ef 1.4-5: [Dios] nos escogió en él [en Cristo] antes de la fundación del mundo, para fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.”

Ø Ef 2.8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”

Ø 2 Ts 2.13: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a dios respecto a vosotros, hermanos amados por el seño, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.”

Ø 2 Tm 1.9: “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.”

Ø 2 Tm 2.19: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos…”

· En el área de Eclesiología, el calvinismo insiste en las marcas de la verdadera iglesia de Cristo, las cuales son la fiel predicación de la Palabra y la correcta ministración de los sacramentos. En la controvertida área de Neumatología, Calvino lucho en dos frentes: contra la teología católica romana, que en la practica hacia que la acción del Espíritu santo dependa del sacerdocio y de los sacramentos; y contra los entusiastas que relativizaban la autoridad de las Escrituras y la supuestas revelaciones directas de Dio. Calvino propuso una serie de principio sobre la relación entre el Espíritu y la Palabra que son extremadamente saludables y relevantes para nuestros días: (a) el Espíritu se reconoce por el Espíritu; (b) el Espíritu habla solamente por la Palabra; (c) la palabra se torna eficaz por medio del Espíritu.

Algunos textos bíblicos:

Ø Juan 16.13-14: “Pero cuando venga el espíritu de verdad, él nos guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; por que tomará de lo mío, y os lo hará saber. “

Ø 2 Pe 1.20: “entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”

· Para estos y otros temas se recomienda la lectura de buenos autores reformados, comenzando por el propio Calvino (Institutas, comentarios); los grandes documentos confesionales del calvinismo; a los puritanos, Jonathan Edwards; autores modernos como Lloyd-Jones, Michel Horton, R.C. Spoul; y revistas como Fides Reformata.

3. Hermenéutica:

· Gran parte de los problemas doctrinarios enfrentados por las iglesias evangélicas actuales se origina en su errada interpretación bíblica: hermenéutica alegórica, intuitiva, experimental (la Biblia como un deposito de experiencias a ser imitadas).

· El presupuesto principal de la Hermenéutica Reformada: sola Scriptura (e tota Scriptura). Abordaje Hermenéutico: las escrituras como libro divino e humano. Cuanto al aspecto divino, se colocan principios como inspiración, claridad y necesidad de la iluminación del Espíritu Santo. En cuanto al aspecto humano, los reformados valorizaron el estudio serio de las escrituras en sus lenguas originales, teniendo en cuenta el contexto histórico-cultural en que fueron producidos y, de modo especial, la intención del autor humano como el único sentido verdadero del texto. El método más equilibrado y saludable de la interpretación bíblica es el histórico–gramatical, como correctivo, contra la hermenéutica subjetiva y tendenciosa tan común en nuestros días.

· Por causa de esa doble característica de las Escrituras, su interpretación exige oración y estudio. Paulo Anglada: “Orare et labutare fueron palabras empleadas por Calvino para resumir su concepto hermenéutico. Con estos términos el expreso la necesidad de súplica por la acción iluminadora del Espíritu Santo y del estudio diligente del texto y del contexto histórico, como requisito indispensable para la interpretación de las Escrituras. Con el mismo propósito, Lutero empleo una figurar: un barco con dos remos, el remo de la oración y el remo del estudio. Con uno solo de ellos, se navega en círculos, se pierde rumbo, y se corre el riesgo de no llegar a ningún lugar ” (“Orare et Labutare: A Hermenêutica Reformada das Escrituras,” Fides Reformata II:1).

· Augustus N. Lopes: “En nuestros días todos los evangélicos afirmamos amar las Escrituras y creer que ellas son inspiradas por Dios. Pero la pregunta es si aman la verdad, y si desean conocerla y someterse a ella. En esta época pluralista, no son muchos los que buscan la verdad a cualquier precio. Los reformadores interpretaban las escrituras para encontrar la verdad de Dios en ellas, y reformar la Iglesia y sus vidas – hoy los evangélicos parecen estar mas preocupados con los sentimientos correctos que con la verdad” (predicación: “Teologia Reformada, Reformada para os Dias de Hoje”).

4. Culto:

· Los reformadores dieron énfasis al llamado “principio regulador” – el culto cristiano se debe regir por lo que es claro y claramente revelado en el Nuevo testamento. En contrate, luteranos y anglicanos entendían que lo que no es prohibido, es permitido. De ahí que el culto reformado se caracteriza por una austeridad e simplicidad en sus formas, a diferencia de las otras confecciones protestantes.

· Los principios básicos que rigen el culto reformado son entre otros: precedente bíblico, simplicidad formal, música congregacional con contenido doctrinario y la centralidad de la predicación. En cuanto a la música, nunca es demás acentuar que la teología de una iglesia es influenciada por la música que ella canta. Los pastores pueden predicar sermones doctrinariamente correctos, pero si la iglesia canta himnos e cánticos heterodoxos, estos últimos influenciaran más que las palabras del pastor.

· La práctica creciente de sustituir los antiguos himnos utilizados por generaciones de creyentes, por los coritos con ritmos mas contemporáneos tienen dos serios riesgos: primero, la perdida del sentido de la historia que ya mencionamos, la ruptura de nuestra relación con la iglesia del pasado; en segundo lugar, se tiene el hecho de que muchas de esos cánticos, además de ser pobres en melodía, poesía y gramática, padecen de serias distorsiones teológicas (“te coronamos a ti o Rey Jesús “) o son simplones y repetitivos, trayendo muy poca instrucción para el pueblo de Dios, al contrario de los himnos tradicionales de la iglesia, con todo su rico contenido bíblico y doctrinario.

5. Prdicación:

· Otro énfasis primordial de la fe reformada y del culto reformado es la centralidad de la predicación. Sin minimizar los otros aspectos del culto, la predicación es el gran medio escogido por Dios para proclamar el evangelio a los perdidos y para nutrir en la fe a los hijos e hijas de Dios. Como dice el apóstol de los gentiles: “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?…Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios ” (Rm 10.14-15,17).

· La predicación reformada es esencialmente expositiva y doctrinaria, visando enseñar la Palabra de Dios de manera profunda y sistemática. Pero ella debe ser también experimental y practica, estando ligada a la experiencia del predicador, conteniendo instrucciones para la vida diaria de los oyentes. Es por tanto al mismo tiempo un ejercicio intelectual y espiritual. Se requiere de preparación, estudio serio, así como de oración, comunión con Dios. Esto nos recuerda otro énfasis reformado, el sólido estudio de los ministros de la Palabra, a través de una educación teológica consistente.

· En los días actuales, la predicación a perdido, en los cultos de muchas iglesias, el prestigio que antes gozaba. A sido substituida por películas, cantatas, dramatizaciones, testimonios, programas musicales y muchas otras cosas que buscan atraer multitudes para la iglesia. Se puede comprender lo que genero esta reacción contra la predicación: sermones carentes de unción, contenido bíblico y aplicaciones practicas; estilo y lenguaje divorciados de la vida diaria de las personas, sermones repletos de experiencias personales, referencias a libros que el predicador a leído, chistes, ilustraciones sin fin, pero poca exposición bíblica.

· Siendo mas claros, hay poco interés en el pulpito con las doctrinas fundamentales de la Reforma. Los presbiterianos raramente oyen sermones sobre la soberanía de Dios, la pecaminosidad del hombre, la elección divina, la gracia eficaz, la esclavitud del libre albedrío, las alianzas y otros temas reformados. Todo ello apunta a la necesidad de una renovación en el énfasis de la predicación con vista a revitalizar la iglesia y la genuina profundización de la vida espiritual, cosa que todos anhelamos. Es interesante notar que la iglesia de Jonathan Edwards fue bendecida por un poderoso avivamiento mientras el predicaba una serie de sermones sobre la justificación por la Fe.

6. Ética:

· Otro énfasis reformado, tremendamente crucial para nuestros días, está en el campo da la ética cristiana. Este es un verdadero “talón de Aquiles” de la iglesia evangélica, en una época en que se multiplican los casos de comportamientos cuestionables por parte de muchos lideres y miembros de la iglesia. Problemas en las áreas sexuales, dinero e poder son los mas comunes. Además de esto, la mayoría de las comunidades revelan una gran insensibilidad en relación a los problemas sociales que enfrenta el país.

· La doctrina reformada resulta inevitablemente en una ética individual y social de contornos bien definidos. Debido a que Jesucristo es el Señor, todas las áreas da la vida deben reflejar su señorío y su voluntad. En conexión con la ética, los reformadores también tiene una visión misionera propia, que visa no solamente el anunciar las buenas nuevas, sino el hacer discípulos e reformar la sociedad, como sucedió en Ginebra e entre los puritanos.

· Un punto interesante en este aspecto es la diferencia de abordaje entre Lucero y Calvino en relación a la ley. Mientras que el reformador alemán tenia una actitud un tanto negativa, viendo la ley apenas como algo que resalta la pecaminosidad del ser humano y lo lleva hacia Cristo, Calvino también reservaba a la ley un papel importante en la vida de los redimidos, pues por la obediencia a la misma el creyente expresa su gratitud y consagración a Dios. De ahí, la centralidad de la ética en el pensamiento reformado, como se ve, por ejemplo, en el catecismo de Heidelberg, donde la enseñanza de los Diez Mandamientos viene después de la exposición del Credo Apostólico.

· En este punto, Jonathan Edward, nos proporciona una vez más de luz al respecto, al trazar la profunda relación que existe entre la ética y la espiritualidad. Edward no esconde su aprecio por una espiritualidad fervorosa e intensa. Como Lloyd-Jones destaca, él es el teólogo del avivamiento de la experiencia, del corazón. Pero eso no significa que la experiencia sea el criterio de la verdad. Significa apenas que el cristianismo tiene que ser experimental y práctico, no solo racional e cognitivo. La norma suprema de fe y el criterio por el cual se debe aquilatar toda y cualquier experiencia religiosa es siempre la Escritura. Su criterio básico para definir la cuestión es el mismo que debe ser observado por la iglesia contemporánea: verificar hasta que ponto Dios ocupa el centro de la vida, del culto, de las prácticas y del testimonio personal. Además de advertir contra el emocionalismo puro, que excita las emociones mas no producen transformación duradera, Edwards también combate el error de dar el énfasis a las experiencias y respuestas humanas, que a Dios mismo; algo tan común en nuestros días, con la celebración del yo, pomposidad religiosa y los testimonios auto-aprobatorios. En último análisis, lo que determina si la conversión y la vida espiritual son genuinas son los frutos visibles: convicción de pecado, seriedad en las cosas espirituales, cambio en el comportamiento ético, preocupación con la gloria de Dios, apego a las Escrituras, relaciones personales transformadas e influencia regeneradora en la comunidad. (Fides Reformata III/1, 86).

· Desvíos de la fe reformada encontrados en muchas iglesias:

a. Arminianismo (semi-pelagianismo): la elección se basa en la presciencia de Dios; la obra del Espíritu Santo puede ser resistida; él creyente puede caer de la gracia divina. Línea histórica: Pelágio, Trento, Armínio, Wesley, Finney. Las reuniones evangelisticas con matiz arminiana ponen todo el énfasis en el ser humano, la importancia en a decisión, la elección divina queda totalmente en un segundo plano. De ahí por los apelos insistentes, cargados de emocionalismo, como se todo dependiese de la persona y no de Dios.

b. Pragmatismo: se da énfasis en lo que funciona, en lo que produce resultados, independiente de consideraciones teológicas. Un buen ejemplo de ello es el movimiento de Crecimiento de Iglesias (Iglecrecimiento). La preocupación en atraer personas afecta todas las áreas, comenzando con el culto, ya que este tiene que ser agradable y atractivo, para que las personas se sientan bien. La teología reformada insiste en que el culto debe de ser agradable a Dios y no necesariamente a las personas. Muchas veces es necesario el hablar de cosas desagradables a los hombres, pero que las escrituras enseñan y que por lo tanto es preciso que lo oigan.

c. Carismatismo: preocupación con manifestaciones e dones espectaculares, en detrimento de otros dones igualmente importantes para la salud del cuerpo de Cristo. Poco énfasis al fruto del Espíritu, justamente el contenido práctico y ético de la vida cristiana. Tendencia a asimilar sin análisis critico los modismos neo-pentecostales, tales como la teología de la prosperidad, batalla espiritual, confesión positiva, así como un lenguaje enteramente extrañó a las escrituras y a nuestra teología: “yo reprendo esto o aquello “, “te amarro en el nombre de Jesús”, “tal bendición es derecho mío ” (como si Dios fuese nuestro siervo y tuviera que obedecer nuestras ordenes).

Conclusión.

· La mayoría de los presbiterianos desean una espiritualidad mas profunda, un evangelismo mas incisivo, un culto mas vibrante. Podemos obtener todo esto sin abandonar nuestras convicciones reformadas, ya que esos elementos están implícitos en ellos. En estos días conturbados, en que nuestra cultura asume formas cada vez mas distanciadas de los valores del reino de Dios, necesitamos pedir al Señor sabiduría y discernimiento para dar testimonio de la verdad con firmeza y convicción, no conformándonos con el presente siglo, sino transformándonos por la renovación de nuestras mentes.


[1] “Fides Reformata”, revista teológica subvencionada por el Centro de Postgrado Andres Jumper de la Iglesia Presbiteriana de Brasil-

 

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Profesor de Historia da la Iglesia, Coordinador del Área de Teología Histórica.
Se graduó en teología en el Seminario Presbiteriano de Campinas (1974), graduándose en Bachiller de Filosofía por la Universidad Católica de Paraná (1979) y en Derecho por la Escuela de Derecho de Curitiba (1983). Luego de varios años de ministerio en Paraná, realizo una maestría en Nuevo Testamento (S.T.M.) en Andover Newton Theological School, en Newton Centre, Massashusetts, EUA (1988) y un doctorado de Historia de la Iglesia en Boston University School of Theology (1996).
En 1997, el Dr. Alderi vino a trabajar al Centro Presbiteriano de Posgrado Andrew Jumper – CPAJ, donde también se desempeña como co-editor de la revista de teología Fides Reformata. Es historiados oficial de la Iglesia Presbiteriana de Brasil, pastor auxiliar de la Iglesia Presbiteriana Ebénezer de São Paulo y escritor conocido en diversas revistas académicas.

¿Por qué ser Reformado?

Encontré este articulo en el BLOG “Biblioteca Reformada” (http://bibliotecareformada.blogspot.com/2008/11/soy-reformado.html) y hago mío lo que en el articulo se dice.

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clip_image001Diré por qué yo lo soy; tal vez ello sirva como respuesta a la pregunta más general:

(1) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque es verdad!

En estos tiempos posmodernos en los que lo que prima es lo que se siente, hay que decir en voz alta que si algo no es verdad, no vale para nada. Si no es verdad, no me interesa. Si yo creyese que el cristianismo no era verdad, no sería cristiano, aunque el serlo me hiciera sentirme muy feliz. Y es lo mismo con el ser reformado. Yo no era reformado; era, de forma inconsciente pero muy clara, anti-reformado. Me sabía todos los argumentos en contra de las ideas reformadas, aunque fuera sin haber oído jamás la palabra “reformado”. Pero al seguir leyendo, escuchando, estudiando y orando, llegué a conocer, a entender y a creer “las doctrinas de la gracia”, y, no sin cierta lucha, me postré ante el Dios soberano con lágrimas de gozo. No pude resistir lo que me parecía clarísimamente la pura verdad de la Palabra de Dios. Decidí someter mi falta de entendimiento, mi resistente voluntad y mi vida a partir de entonces, a lo que vi que decía y enseñaba Dios en su Palabra.

(2) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque exalta a Dios!

Una manera de entender la Biblia que humilla al hombre y exalta a Dios me parece irresistiblemente convincente. No es eso lo que el hombre por sí solo hubiera diseñado y servido; ¡es algo anti-natural! Para mí, la manera reformada de entender la teología bíblica hace eso: humilla al hombre, y exalta a Dios. Afirma de forma innegociable la soberanía absoluta de Dios en todo: en la Creación; en la Providencia; en la Salvación; en la Consumación; en todo. Y cuando el hombre, a fin de cuentas solo un orgulloso trozo de barro, se atreve a dirigir sus mejores argumentos contra el divino Alfarero, se encuentra respuestas tan poco satisfactorias como incontestables, como: “Dios lo hizo así porque quiso, y punto”; “Dios lo hizo así para su propia gloria”; y: “¿Quién eres tú para que alterques con Dios?”

(3) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque exalta a Cristo!

Hay dos maneras de que se predica el evangelio: una de ellas pretende decirnos que el Hijo de Dios encarnado no salvó a nadie; solo hizo posible la salvación de todo el mundo; derramó su sangre por los millones de condenados al infierno – ¡poco consiguió su sangre en el caso de ellos!; y presentan a un pobre Jesús que hizo todo lo que pudo, pero que, vamos, el factor determinante no está en sus manos, sino en las de cada muerto espiritual; y la otra manera de predicar el evangelio es presentando a un Cristo que realmente vino para salvar y salvó; un Cristo no impotente, llamando al corazón del pecador, sino todopoderoso, abriendo, vivificando, transformando el duro corazón humano. A mí me parece que esta segunda manera de enfocarlo exalta más al Señor Jesucristo.

(4) ¿Por qué ser reformado? ¡Porque satisface!

Estoy seguro de que un “sistema” bíblico-teológico sin problemas y que satisfaga plenamente no existe, ni va a existir a este lado de la gloria; y creo que todo el mundo sabe que en la Biblia hay aparentes contradicciones, diferencias de perspectiva y de énfasis, y tensiones entre dos o más principios que parecen casi incompatibles. Pero en mi experiencia, el “sistema” reformado es el que menos problemas tiene o crea, y el que mejor explica la Biblia como un todo.

(5) ¿Por qué ser reformado? ¡Por la nube de testigos!

Es triste, pero desde la superficial perspectiva del cristianismo evangélico de hoy, centrado en sí mismo y con poco interés en el pasado – o sea, en las raíces – del pueblo de Dios, la “versión” reformada es la que parece rara, increíble y tan minoritaria como para parecer de un sector de la iglesia extremista, sectario y herético. Pero los que saben por lo menos un poco sobre la historia de la iglesia, saben que desde el gran despertar que fue la Reforma protestante del siglo XVI y hasta muy entrado el siglo XVIII esa “versión” reformada fue “la normal” y una que produjo todo un ejército de predicadores, pastores, misioneros y teólogos cuya estatura, a mi entender, todavía no se ha superado; y todas esas otras “versiones” que hoy nos parecen tan “normales” son relativamente jóvenes. Es más, ¡me atrevería a decir que la inmensa mayoría de los cristianos evangélicos hoy día comparten, pero sin darse cuenta de ello, el semi-pelagianismo de la Iglesia Católica Romana, tan eficazmente criticado y herido de muerte por Agustín de Hipona hace nada menos que mil seiscientos años! De acuerdo, lo que importa es la enseñanza de la Biblia, nuestra única fuente de autoridad absoluta, y aun la mayoría puede estar equivocada. Pero si creemos que la teología bíblica ha de hacerse dentro de la comunidad de la fe, tampoco debemos descartar casi sin más a uno de los sectores de la iglesia cristiana que a lo largo de los siglos más ha aportado al bienestar de la iglesia y a la defensa y proclamación del evangelio: a saber, el sector reformado.

¿Por qué ser reformado? Estas son algunas de las razones que hay; habrá otras, y seguramente tan buenas o mejores. Y seguramente habrá también no pocas razones para no ser reformado, y entre estas los errores, pecados, incoherencias y orgullo teológico de no pocos cristianos reformados. Todo esto nos lleva hacia una doble llamada: a todos los cristianos reformados, que examinemos y corrijamos el flaco favor que no pocas veces hemos hecho y hacemos a nuestra propia causa; y a todos los cristianos todavía no reformados, que hagan un mayor esfuerzo por entender y saber valorar en su justa medida la aportación que pueda hacer a la causa de Cristo tanto el pensamiento como el pueblo reformado.