Nos sacó para traernos.

“Y nos sacó de allá, para traernos y darnos la tierra Que juró a nuestros padres.” Deuteronomio 6:23 RV

Es asombroso como cuántos de nosotros que somos creyentes nos sentimos  satisfechos por haber sido “sacados” y se olvidan que Dios también quiere “traernos”. Estamos contentos con el proverbial “seguro contra incendio”  que nos protege de una eternidad en el infierno y sin embargo nos importa muy poco cumplir con nuestro propósito que Dios-Ordenó durante nuestra breve residencia en este mundo.

Recuerdo cuando recibí la salvación de Jesús en 1974 y oí al pastor decir, “Si Dios no tuviera un propósito para su vida, la llevaría directamente al cielo en el momento cuando usted decidió ser una creyente”. Tenía solamente 26 años entonces, con una vida de oportunidades adelante de mí, que podría utilizar para servir Dios–o a mí misma. Tristemente mis elecciones no siempre han sido las correctas; como resultado, yo malgasté mucho del tiempo que pudiera haber sido utilizado para cumplir los propósitos de Dios para mi vida. Me sentí contenta de haber sido “sacada,”  mostrando muy poca consternación de tener una asociación con Dios para “traerme” a Su Reino.  Ahora, en mi séptima década de mi vida, mi arrepentimiento más grande es el tiempo que desperdicié sirviéndome a mí misma, en vez de servir a Dios.

La mayor parte de ustedes están detrás de mí en el viaje a nuestra morada celestial, con más tiempo por adelante para tomar las decisiones  correctas. Yo los animo a estudiar hoy el libro de Deuteronomio y aprender del tiempo de los israelitas en el desierto, como ellos vacilaron entre obedecer a Dios y hacer su propia voluntad. Pero, últimamente, esa es la llave para ser traída al cumplimiento del propósito de Dios para nuestra vida–obediencia. Si Dios dice “doble a la izquierda” pero vamos hacia la derecha, acabamos de tomar un desvío del sendero que Él ha marcado para nosotros. Ser obediente a Dios hoy nos asegura que acabaremos exactamente a donde Él nos desea que estemos mañana. Y esa es la razón por la cual Él “nos sacó” en primer lugar.

No se lo pierdan, mis queridos amigos.  Seguir el plan de Dios para que Él nos “traiga adentro” es la única forma de encontrar el gozo a plenitud que es lo que todos buscamos…  

 

* * * * * * * * * * * * *

Texto escrito por Kathi Macias. Dicho texto forma parte de los devocionales que día a día recibo del site Christianity.com

Anuncios

Conferencia Anual Fiel

fiel

Anualmente se desarrolla en el estado de Sao Paulo las Conferencias FIEL, organizada por la casa editorial FIEL. Este año se celebrara la conferencia numero 25. A lo largo de todos estos años, dicha conferencia a marcado un hito en la teología reformada brasilera, en ella han participado 80 conferencistas de talla mundial, entre los que podemos mencionar a John Piper, John MacArthur, Bill Clark, Geofrey Thomas, Bruce Ray, James Adams, Robert Strain, Tom Ascol, Jay Adams, Robert Selph, Tedd Tripp, John Armstrong, Mark Dever, Andrew King, Ian Murray, etc.

 

Este año la conferencia se celebrará entre los días 5 y 9 de octubre en la ciudad de Atibaia, en el interior de Sao Paulo.

 

Para mayor información, ir a la siguiente dirección WEB: http://www.editorafiel.com.br/conferencias.php

Justicia para vivir por fé

Los cristianos sostenemos una lucha continua entre vivir según la razón o según la fe. Además, esta batalla se incrementa cuando los sucesos mundiales hacen que nuestro corazón se turbe y busque respuestas a la pregunta: ¿Por qué Dios lo permite? Martyn Lloyd-Jones analiza esta situación y nos ayuda a reflexionar acerca del conocido versículo: «El justo por la fe vivirá» (Hb 2.4).

* * * * * * * * * * * * * * * * *

La síntesis del pasaje que va desde el verso 4 hasta el final del capítulo, es que los caldeos, a quienes Dios utilizaría como instrumentos para castigar a Israel, serían también castigados y finalmente derrotados. Dios los estaba utilizando temporalmente, pero su fin estaba sellado. Dios iba a humillar el orgullo de los caldeos y aplicarles un terrible castigo. Los detalles ofrecidos en este pasaje describen la arrogancia y bajeza de ese pueblo con tal exactitud que la misma historia secular puede confirmarlo. Para entender la enseñanza debemos subrayar ciertos principios que claramente aparecen en este pasaje.

 

Dos posibles estilos de vida: el de la razón y el de la fe

El verso 4 dice: «Mas el justo por su fe vivirá». Recordemos que esta importante declaración se cita varias veces en el Nuevo Testamento. Los eruditos discrepan respecto a la traducción exacta de la primera parte del versículo. Puede ser traducido: «Aquel cuya alma se levante (o enorgullece), no es recto» o también como se cita en Hebreos 10.38, donde se indica que Dios no se agrada de aquel cuya alma se retrae, o retrocede (comparar Versión Moderna y V.H-A.). La verdad que declara este versículo es que solo hay dos posibles actitudes hacia la vida en este mundo: de fe y de incredulidad. O conducimos nuestra vida con fe en Dios, y las conclusiones que surgen naturalmente de esa actitud, o nuestro enfoque estará basado en un rechazo de Dios y las negaciones que se derivan de esa decisión. Podemos «retraernos» del camino de la fe en Dios, o por el contrario podemos vivir por fe en Dios. Los mismos términos utilizados sugieren una correspondencia con los dos caminos posibles. Lo que el hombre cree determina la conducta de su vida. El justo, el recto, vivirá por la fe, o dicho de otra manera, el hombre que vive por fe, es un hombre justo. Por la otra parte, el hombre que «se retira» es injusto porque no vive por fe. Aquí nos confrontamos con las dos únicas opciones de la vida, y todos nosotros estamos en una u otra. No importa cuáles sean mis ideas políticas o filosóficas, estas tendrán irremediablemente este común denominador: mi vida está fundada en fe, o no lo está. Si no lo está poco importa cuáles sean mis convicciones, o cuáles mis posiciones políticas, sociales, económicas. Lo que realmente interesa es saber si acepto la regla impuesta por Dios o no. Los famosos capítulos 10, 11 y 12 de la carta a los Hebreos exponen e ilustran esta verdad.

Cuando miramos al mundo de hoy y examinamos el curso futuro de la historia, se presentan dos posibilidades delante de cada uno de nosotros. Podemos observar y meditar sobre lo que vemos y luego, después de leer lo que los expertos políticos y militares, estadistas y demás autoridades opinan, podemos finalmente recurrir a los libros de historia. Como resultado de todo el estudio podremos procurar llegar a conclusiones, y formarnos una opinión propia. Sin duda, este es uno de los motivos por los cuales todos leemos los periódicos. Decimos: Este hombre es un experto; ¿qué opina acerca de este tema? Hubo expertos que dijeron que no habría guerra en 1939. Afirmaban haber estudiado meticulosamente todas las posibilidades, y en su opinión era imposible que Hitler iniciara una guerra. Muchas personas aceptaron esta opinión e hicieron planes y proyectos. Se gobernaban por sus propias opiniones y deducciones, por la aplicación del sentido común y la sabiduría del mundo, o por la perspicacia de ciertos pronosticadores.

Sin embargo, la Biblia claramente nos enseña otra manera de mirar los acontecimientos. Esta enseñanza no se basa en conclusiones derivadas de cuidadosos cálculos del poderío militar que pueda tener una nación. Tampoco se centra en si ha llegado el momento para que tal nación inicie un ataque. ¡La Biblia sólo afirma con sencillez que cierto acontecimiento tomará lugar! No da razones, sólo dice que ha de ocurrir porque Dios así lo ha dicho. Tal es el caso que consideramos tocante a los caldeos. No se ofrecen argumentos ni existe un cuidadoso análisis del poderío de las fuerzas rivales, sino solamente la sencilla declaración de Dios al profeta. El profeta cree esta declaración, y actúa de conformidad a ella.

 

La inevitable necesidad de elegir entre estas dos alternativas

La vida de cada uno de nosotros se basa en una de estas dos actitudes. O adoptamos la sencilla Palabra de Dios y vivimos de acuerdo a ella, o no la adoptamos. Si protestamos contra la idea de que los profetas pueden predecir el futuro. O si decimos que los milagros y el creer en lo sobrenatural son ridículos en un mundo científico y sofisticado como el actual, solo estaremos retrayéndonos del camino piadoso de la vida. El camino bíblico es un vivir por fe. «El justo por su fe vivirá». Fe significa adoptar la Palabra de Dios y actuar de acuerdo a ella sencillamente porque es la Palabra de Dios. Significa creer en lo que Dios ha dicho precisamente porque él lo ha dicho. Aquellos héroes de la fe listados en Hebreos 11 creyeron la Palabra de Dios sencillamente porque Dios había hablado. No tenían otra razón. Por ejemplo, ¿por qué tomó Abraham a Isaac su hijo y subió al monte Moriah? ¿Por qué estuvo a punto de sacrificarlo? Sencillamente porque Dios le había dicho que lo hiciera.

No obstante, vivir por fe significa mucho más que eso. Significa construir toda nuestra vida sobre la fe en Dios. El secreto de todos aquellos personajes del Antiguo Testamento, es que vivieron «como viendo al invisible» (He 11.27). Prefirieron, igual que Moisés, «ser maltratados con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado» (He 11.25). Por una parte, en la corte de Egipto había sabiduría humana. Por la otra, la sencilla Palabra de Dios que le había revelado a Moisés sus propósitos para el pueblo a quien pertenecía, y el destino para el cual los estaba preparando. Para esa época eran esclavos y eran cruelmente maltratados. Moisés sólo tenía la Palabra de Dios para apoyarse. Sin embargo, desechó la corte del Faraón, y le dio la espalda al futuro promisorio que le ofrecía. Moisés salió, como Abraham, y abandonó su propia patria. Salió «como viendo al invisible». «El justo por su fe vivirá». Estos hombres arriesgaron todo apoyados en la Palabra de Dios. Estaban dispuestos a sufrir por ello y, si fuere necesario, aceptar la pérdida de todo. Muchos de los primeros cristianos enfrentaron la misma alternativa . Tuvieron que enfrentar terribles situaciones. Se les obligaba a decir: César es el Señor, y ellos respondían: No podemos decirlo porque sabemos que no es la verdad; ¡solo hay un Señor, y es el Señor Jesucristo! Las autoridades insistían: Si no dicen que César es el Señor, serán arrojados a los leones. Sin embargo, se rehusaron a hacerlo. ¿Sobre qué base? ¡Sobre la base única de la Palabra de Dios! Creían que cierta Persona había venido a este mundo con gran pobreza en Belén, que había trabajado como carpintero y que luego había muerto en una cruz. También creían que era el Señor de gloria, y que había resucitado de los muertos. En virtud de ello, declaraban que jamás reconocerían a César como el Señor. Lo arriesgaron todo. Murieron por su fe y en la fe.

Esta es nuestra posición como cristianos hoy. La alternativa nos presiona cada vez con más fuerza. ¿Hay todavía personas lo suficientemente insensatas para apoyarse en este mundo y lo que puede ofrecer? ¿Cuál es el principio que controla nuestras vidas? ¿Es el principio de los cálculos? ¿Es la sabiduría del mundo, con un análisis astuto y equilibrado de la historia y del conocimiento humano? ¿O es la Palabra de Dios que nos advierte que esta vida y este mundo solo son transitorios y que ambos son una preparación para el mundo futuro? No nos dice que demos la espalda totalmente al mundo, pero sí insiste en que tengamos un correcto enfoque del mismo. Declara enfáticamente que lo más importante es el reino de Dios. Debemos hacernos, en la presencia de Dios, esta sencilla pregunta: ¿Está mi vida basada en el principio de la fe? ¿Estoy sometiendo mi vida al hecho de que lo que leo en la Biblia es la Palabra de Dios y es verdadero? ¿Estoy dispuesto a arriesgarlo todo, incluso mi vida, basado en este hecho? «Mas el justo por su fe vivirá».

 

La absoluta certidumbre de la destrucción del mal y el triunfo de Dios

Los cinco «ayes» registrados en este capítulo no solo se aplican a los caldeos sino deben considerarse como un principio universal en la historia. Todo lo que sea malo está bajo el juicio de Dios. A pesar de que los caldeos iban a prosperar por un tiempo, el límite de su éxito ya estaba fijado. El impío podrá triunfar por un tiempo, podrá «extenderse como laurel verde» (Sal 37.35), pero no permanecerá. Su sentencia ya está sellada. Lo que produce perplejidad al pueblo de Dios es, ¿por qué Dios lo permite? Lo hace para llevar adelante sus propósitos, para que el mundo tropiece bajo estos poderes del mal, antes que él demuestre repentinamente su poder y manifieste su propia soberanía. El principio al cual nos debemos aferrar es que Dios está sobre todo. «El camino de los transgresores es duro» (Pr 13.15), ya sean individuos, naciones, o el mundo entero. El hombre del mundo podrá hacerse de una fortuna gracias a prácticas impías en su negocio, y así triunfar. ¡Pero miremos el fin de los impíos! ¡Mirémoslo en el lecho de la muerte; mirémoslo enterrado en la tumba, y pensemos en la agonía de su destino eterno! Deberíamos sentir lástima por los impíos que son lo suficientemente insensatos como para embriagarse con su éxito temporal. Su fin ya está sellado.

Lo mismo ocurre con las naciones. Leemos en los libros de historia secular acerca de los imperios impíos que han surgido y cómo parecían tener a todo el mundo bajo sus pies: Egipto, Babilonia, Grecia, Roma. Recordemos su fin. Durante la era cristiana ha ocurrido lo mismo. Hubo un tiempo cuando parecía que Turquía iba a doblegar a todo el mundo pero finalmente cayó. Nación tras nación se ha levantado para luego caer. Llegó el momento en que la calamidad pronunciada por Dios entró en vigencia. Nosotros mismos hemos vivido en un periodo en que hemos visto este principio en acción. No importa qué es lo que está ocurriendo en el mundo de hoy, el mismo principio sigue operando. Los ayes se pronuncian sobre los caminos de todos los que se oponen a Dios. Están condenados. Podrán tener gran prosperidad temporal, y debemos así esperarlo. Podrán cabalgar por el universo, pero así como surge su estrella, también se ha de apagar. El ay, el juicio, la condena de Dios sobre el impío, es irrevocable.

Volvamos ahora al aspecto positivo de esta verdad (v. 14), leemos: «Porque la tierra está llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar». No corresponde a ninguno de nosotros intentar predecir lo que va a ocurrir en detalle, pero podemos estar seguros de este gran hecho, que es, la victoria final de Dios. Sí, los paganos podrán rabiar, y los pueblos imaginar cosas vanas. «Pero yo he puesto mi rey sobre Sión, mi santo monte» (Sal 2.6). Los enemigos de Dios y su pueblo podrán amotinarse, y todas las apariencias podrán señalar hacia la exterminación de la Iglesia cristiana. Sin embargo, viene el día cuando «en el nombre de Jesús» se doblará «toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Fil 2.10,11). Con toda certeza, la tierra será llena de la gloria de Dios. El maligno será derrotado y arrojado al lago de fuego; todo lo que se opone a Dios, será destruido y habrá «cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia» (2 Pe 3.13). La ciudad de Dios descenderá y los justos entrarán en ella. Todo lo impuro quedará fuera, y Dios será el todo en todos. El triunfo final de Dios es seguro.

¿Cuál es entonces nuestra conclusión final, a la luz de todo lo que hemos considerado? «¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿La estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra?» (v. 18). ¡Dios nos guarde de confiar o encomendarnos a cualquier poder que no sea Dios mismo, o a cualquier ídolo que los hombres puedan levantar! «Ay del que dice al palo: Despiértate, y a la piedra muda: ¡Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí está cubierto de oro y plata, y no hay espíritu dentro de él» (v. 19). ¡No pongas tu confianza en absolutamente nada que sea del hombre! ¡Sólo confía en Dios!

 

«Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra»

(v. 20). No solo los paganos deben callar y guardar silencio, sino también los cristianos. No debe haber ninguna duda, inquisición o incertidumbre acerca de la bondad, la santidad y el poder de Dios. No debemos preguntar con tono de queja, ¿por qué permitió Dios que esto sucediera?, tampoco, ¿por qué hace Dios tal cosa? Considera la palabra que Dios le dio al profeta. Mira a Dios. Mira a lo absoluto y final. Tapemos con la mano nuestra boca que está tan pronta a hablar con insensatez. Tomemos conciencia que él está en el templo del universo, Dios sobre todo. Humillémonos silenciosamente e inclinémonos delante de él para adorarle. Magnifiquemos su gracia, su poder, su bondad, y esperémosle a él con paz y calma en el corazón.

* * * * * * * * * * * * * * * * * *

Artículo tomado de Web Site Desarrollo Cristiano (http://www.desarrollocristiano.com/site.asp?seccion=arti&articulo=2177)

Falsos Arrepentimientos

“Consideraremos ciertos FALSOS ARREPENTIMIENTOS. Voy a comenzar haciendo esta observación: que espantarse bajo el sonido del Evangelio no es “arrepentimiento.” Hay muchas personas que cuando oyen un fiel sermón evangélico, permanecen agitadas y conmovidas. Mediante un cierto poder que acompaña a la Palabra, Dios da testimonio de que se trata de Su propia Palabra, y provoca en aquellos que la oyen un cierto temblor involuntario.

He visto a algunas personas, -cuando las verdades de la Escritura han resonado desde este púlpito- cuyas rodillas han temblado chocando entre sí, cuyos ojos han derramado lágrimas como si hubiesen sido fuentes de agua. He sido testigo de la profunda depresión de su espíritu, cuando -según me han dicho algunos de ellos- fueron sacudidos hasta el punto de no saber cómo soportar el sonido de la voz, pues era semejante a la terrible trompeta del Sinaí, tronando únicamente su destrucción.

Queridos lectores, ustedes podrían estar sumamente turbados bajo la predicación del Evangelio, y, sin embargo, podrían no tener ese “arrepentimiento para vida.” Ustedes podrían saber lo que es estar muy seria y profundamente afectados cuando asisten a la casa de Dios, y sin embargo, podrían ser pecadores endurecidos.

Permítanme confirmar esta observación mediante un ejemplo: Pablo compareció ante Félix con sus manos encadenadas, y cuando disertaba acerca de “la justicia, del dominio propio y del juicio venidero,” está escrito que “Félix se espantó,” y, sin embargo, por buscar dilaciones, Félix se encuentra en la perdición, en medio del resto de personas que han dicho: “prosigue tu camino por esta vez; cuando encuentre un tiempo adecuado te buscaré.”

Hay muchas personas que no pueden asistir a la casa de Dios sin alarmarse; ustedes saben lo que es estar espantados ante el pensamiento de que Dios los castigará; puede ser que con frecuencia hayan sido inducidos a una emoción sincera bajo la influencia del ministro de Dios; pero, permítanme decirles que, a pesar de todo, podrían ser desechados porque no se han arrepentido de sus pecados ni se han vuelto a Dios.

Peor aún. Es muy posible que no solamente se espanten ante la Palabra de Dios, sino que podrían volverse Agripas amigables, y estar “por poco persuadidos” a volverse a Jesucristo, y, sin embargo, no tener ningún “arrepentimiento”; podrían ir más allá y llegar a desear el Evangelio; podrían decir: “¡Oh!, este Evangelio es algo tan bueno, que yo quisiera recibirlo. Asegura tanta felicidad aquí y tanto gozo en el más allá, que quisiera poder llamarlo mío.” ¡Oh, es bueno oír de esta manera esta voz de Dios! Pero podrían quedarse tranquilos, y, mientras algún texto poderoso es predicado adecuadamente, podrían decirse: “creo que es verdad”; pero tiene que entrar en el corazón antes de que puedan arrepentirse. Puedes incluso caer de rodillas en oración y puedes pedir con labios aterrados que esto sea de bendición para tu alma; y, después de todo, podría ser que no fueras un hijo de Dios. Podrías decir como Agripa le dijo a Pablo: “Por poco me persuades a ser cristiano”; sin embargo, igual que Agripa, podrías no pasar más allá del “por poco.” Agripa estaba “casi persuadido a ser cristiano,” pero no “plenamente convencido.”

Ahora, cuántos de ustedes han estado “por poco persuadidos” y, sin embargo, no están realmente en el camino a la vida eterna. Cuán a menudo la convicción los ha conducido a caer de rodillas y “por poco” se han arrepentido, pero han permanecido allí, sin arrepentirse realmente.

¿Ven aquel cadáver? Murió recientemente. Todavía no ha adquirido la lividez mortal, su color se semeja todavía a la vida. Su mano está tibia todavía; podría pensarse que está vivo, y casi pareciera respirar. Todo está íntegro: el gusano escasamente lo ha tocado; la descomposición escasamente se ha presentado; no hay ningún olor fétido. Sin embargo, la vida se ha ido; no hay ninguna vida allí.

Lo mismo sucede con ustedes: por poco están vivos; por poco tienen cada órgano externo de la religión que tiene el cristiano; pero no tienen vida. Podrían tener un arrepentimiento, pero no el arrepentimiento sincero. ¡Oh, hipócrita! Te advierto el día de hoy, que no solamente podrías sentir espanto sino hasta una complacencia por la Palabra de Dios, y, sin embargo, después de todo, no tener “arrepentimiento para vida”. Todavía podrían hundirse en el pozo del abismo, y escuchar que se diga: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”

Pero, además, es todavía posible que los hombres progresen inclusive más allá de esto, y que positivamente se humillen bajo la mano de Dios, pero que sean completos extraños al arrepentimiento. Su bondad no es como la nube mañanera y el rocío temprano que se desvanecen, sino que después que escuchan el sermón, regresan a casa y realizan lo que ellos conciben que es la obra del arrepentimiento, es decir, renuncian a ciertos vicios y necedades, se visten de cilicio y sus lágrimas se derraman muy abundantemente por causa de lo que han hecho; se lamentan delante de Dios; y, sin embargo, con todo eso, su arrepentimiento no es sino un arrepentimiento pasajero, y regresan otra vez a sus pecados.

¿Acaso niegan que exista tal penitencia? Permítanme contarles un caso. Un cierto hombre llamado Acab codiciaba la viña de su vecino Nabot, que se rehusaba a venderla a cualquier precio ni hacer un intercambio. Acab consultó con su esposa Jezabel, que urdió el plan de matar a Nabot para que el rey se apropiara de la viña. Después que Nabot murió, y Acab hubo tomado posesión de la viña, el siervo del Señor se reunió con Acab y le dijo: “¿No mataste, y también has despojado?. . .Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre. . . .He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad.” Leemos que Acab se fue y anduvo humillado; y el Señor dijo: “Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días.”

Él le había concedido una suerte de misericordia; pero leemos a continuación, en el siguiente capítulo, que Acab se rebeló, y en una batalla en Ramot de Galaad, de conformidad al siervo del Señor, fue muerto allí; así que “los perros lamieron su sangre” exactamente en la viña de Nabot.

Ustedes también, les digo, podrían andar humillados delante de Dios por un tiempo, y, sin embargo, podrían seguir siendo los esclavos de sus transgresiones. Ustedes tienen miedo de la condenación, pero no tienen miedo de pecar: tienen miedo del infierno, pero no le temen a sus iniquidades; tienen miedo de ser arrojados al pozo, pero no temen endurecer sus corazones contra Sus mandamientos.

¿No es verdad, oh pecador, que le tienes pavor al infierno? No es el estado de tu alma el que te turba, sino el infierno. Si el infierno fuera extinguido, tu arrepentimiento se extinguiría; si los terrores que te esperan fuesen eliminados, pecarías más pérfidamente que antes, y tu alma se endurecería, y se rebelaría contra su soberano.

No se engañen, hermanos míos, en este punto; examínense para comprobar si andan en fe; pregúntense si tienen el “arrepentimiento para vida”; pues podrían andar humillados por un tiempo, y, sin embargo, no arrepentirse nunca delante de Dios.

Muchos avanzan más allá de esto, y, sin embargo, están destituidos de la gracia. Podría ser posible que confieses tus pecados sin arrepentirte. Podrías acercarte a Dios, y decirle que eres un miserable; podrías enumerar una larga lista de tus transgresiones y de los pecados que has cometido, sin un sentido de la horripilación de tu culpa, sin una sola chispa de odio real a tus acciones.

Podrías confesar y reconocer tus transgresiones, y, sin embargo, no sentir un aborrecimiento del pecado; y si no resistes al pecado, en la fortaleza de Dios, si no lo abandonas, este supuesto arrepentimiento no sería sino el color dorado que luce la pintura decorativa; no se trata de la gracia que realmente transforma en el oro que soporta el fuego. Digo que podrían llegar a confesar sus faltas, y, sin embargo, no tener arrepentimiento.

Además, y entonces habré tocado el más lejano pensamiento que he de dar sobre este punto. Podrían hacer alguna obra digna del arrepentimiento, y sin embargo ser impenitentes. Déjenme darles una prueba de esto en un hecho autenticado por la inspiración.

Judas traicionó a su Señor, y después de haberlo hecho, un sobrecogedor sentido del enorme mal que había cometido se apoderó de él. Su culpa enterró toda esperanza de arrepentimiento, y en el abatimiento de la desesperación, mas no en el dolor de la verdadera compunción, confesó su pecado a los sumos sacerdotes, clamando: “Yo he pecado entregando sangre inocente.” Ellos le dijeron: “¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!” Entonces arrojó las piezas de plata en el templo, para mostrar que no podía soportar cargar con el precio de la culpa; y las dejó allí. Salió, y, ¿fue salvo? No. “Salió, y fue y se ahorcó.”

Y aun entonces la venganza de Dios le siguió: pues cuando se colgó cayó desde la altura donde estaba suspendido, y quedó destrozado; se perdió y su alma pereció. Pueden ver lo que este hombre hizo. Él pecó, confesó su error, y devolvió el oro; sin embargo, después de eso, fue un réprobo. ¿Acaso no nos pone a temblar esto?

Pueden ver cuán posible es ser tan aproximadamente el remedo de un cristiano, que la propia sabiduría, si solamente fuera mortal, sería engañada.”

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Escrito por Charles Spurgeon y tomado del Blog 5 Solas http://las5solas.wordpress.com/2009/06/07/falsos-arrepentimientos-charles-spurgeon/

Joel Osteen y el Evangelio de Prosperidad (*)

El libro y el video de la Nueva Era por Rhonda Byrne: El Secreto, que ganó popularidad recientemente debido a la fuerte promoción de Oprah Winfrey, enseña que podemos “crear nuestra propia felicidad a través de la ley de la atracción.” Ya sea dinero en efectivo, salud, prosperidad o felicidad, todo puede ser nuestro si solamente aprendemos a usar “el secreto.”  Byrne nos dice: “la Enfermedad no puede vivir en un cuerpo que está en un estado emocional sano.” Pero cuidado: “Si usted tiene una enfermedad y usted enfoca su atención en eso y habla con personas acerca de eso, usted va a crear más células de enfermedad.”(1)

Tal retórica debería sonar familiar para alguien incluso débilmente consciente del Movimiento de Palabra de Fe, a menudo llamado “el evangelio de prosperidad.”  Este grupo ha estado infiltrándose en el evangelicalismo por décadas y es ahora el segmento más rápido de crecimiento del Cristianismo en el mundo.  Algunos han estimado que hasta un 90 por ciento de aquellos que afirman ser cristianos en África son de una variedad del evangelio de prosperidad.

Personalidades conocidas dentro del movimiento incluyen a Kenneth Hagin (fallecido), Kenneth Copeland, Robert Tilton, Paul Yonggi Cho, Benny Hinn, Marilyn Hickey, Frederick Price, John Avanzini, Charles Capps, Jerry Savelle, Morris Cerullo, Joyce Meyer y Paul y Jan Crouch.

Como es implícito por el título “Palabra de Fe,” los simpatizantes de este movimiento creen que a la fe funciona como una fuerza o poder poderoso. A través de la fe podemos obtener cualquier cosa que queramos – salud, riqueza, éxito, o cualquier cosa que deseemos. Sin embargo, esta fuerza es liberada sólo a través de la palabra hablada. Cuando hablamos palabras de fe, un poder es descargado para cumplir con sus deseos.

En Cristianismo en Crisis, Hank Hanegraaff resume la teología de Kenneth Hagin (considerado por muchos como el padre de este movimiento) como se encuentra en su folleto Cómo Escribir Su Boleto con Dios:

En el capítulo inicial, titulado “Jesús se me Apareció,” Hagin afirma que mientras él estaba en “el Espíritu,” Jesús le dijo que consiguiera un lápiz y una hoja de papel. Él entonces le dijo “escribe: 1, 2, 3, 4.”  Jesús entonces supuestamente le dijo a Hagin que “si alguien, en donde sea, toma estos cuatro pasos o pone en funcionamiento estos cuatro principios, siempre recibirá cualquier cosa que quiera de Mí o del Padre Eterno.” Eso incluye cualquier cosa que usted quiere financieramente. La fórmula es simplemente: “Dilo, Hazlo, Recíbelo, y Cuéntalo.”

1. El paso número uno es “Dilo”. “Positivo o negativo, es decisión del individuo. Según lo que el individuo diga, eso recibirá.”

2. El paso número dos es: “Hazlo”. “Tu acción puede derrotarte o elevarte. De acuerdo a tu acción, tú recibes o te quedas sin recibir r.”

3. El paso número tres es “Recíbelo”. Debemos conectarnos en “la central eléctrica del cielo.”  “!La fe es la conexión, alabado sea Dios! Simplemente conéctese.”

4. El paso número cuatro es, “Cuéntalo para que otros lo crean.” Este paso final podría ser considerado el programa de extensión del movimiento de Fe. [2]

Kenneth Copeland indica la fórmula de fe de esta manera: “Todo lo que implica es 1) ver o visualizar cualquier cosa que usted necesite, ya sea físico o financiero; 2) valide su afirmación en la Escritura; y 3) declárelo en existencia.” [3]

Paul Yonggi Cho, pastorea la iglesia más grande del mundo en Corea del Sur, tomando prestado de lo oculto, ha desarrollado lo que él llama “las Leyes de la Incubación.” Funciona de esta manera: “Primero establezca una meta bien definida, luego cree una imagen mental, vívida y gráfica, para visualizar el éxito. Luego incúbalo a la realidad, y finalmente háblelo a la existencia a través del poder creativo de la palabra hablada.” [4]

Si una confesión positiva de fe libera cosas buenas, una confesión negativa realmente puede sacar un tiro por la culata.  Capps dice que la lengua “le puede matar, o puede liberar la vida de Dios en usted.”  Esto es así porque, “la Fe es una semilla. . . Usted la planta hablándola” hay poder en “la cuarta dimensión maligna” dice Cho.

Hagin nos dice que si usted confiesa enfermedad usted obtiene enfermedad, si usted confiesa salud usted obtiene salud; cualquier cosa que usted diga usted lo obtendrá. La palabra hablada libera poder – el poder para el bien o el poder para el mal es la perspectiva comúnmente sostenida de este movimiento. Es fácil de ver por qué el titulo de “confesión positiva” es a menudo aplicado a este grupo.

Como usted podría adivinar, las enseñanzas del movimiento de “Palabra de Fe” son muy atractivas para algunos.  Si podemos producir cualquier cosa que nuestros corazones deseen simplemente exigiendo lo que queremos por fe, si podemos manipular el universo e incluso a Dios mismo, entonces tenemos a nuestro genio personal esperando simplemente cumplir con nuestros deseos.  Las similitudes entre las enseñanzas de la Palabra de Fe y El Secreto son inconfundibles.

La Nueva Apariencia: Joel Osteen

Muchos cristianos pueden discernir el error obvio de las enseñanzas de la Nueva Era detrás de El Secreto y libros similares como The New Heart de Eckhart Tolle (otro favorito de Oprah), así como también las proclamaciones sobresalientes de muchos dentro del movimiento del evangelio de prosperidad. Sin embargo cuando las enseñanzas similares sean empaquetadas, expresadas con otras palabras y se replanteen en una moda atractiva, un mayor número de personas caerá presa.  Entre en Joel Osteen y su marca del evangelio-lite de prosperidad.  Como veremos, Osteen enseña esencialmente la misma teología que sus mentores de Palabra de Fe, pero él le da una torsión actualizada.

Joel Osteen se ha hecho de un nombre conocido debido a su éxito increíble.  Él “pastorea” la iglesia más grande en Estados Unidos, Lakewood Church en Houston, Tejas, la cuál en 2008 hacía alarde de una asistencia semanal de 43,500, casi lo doble que su competidor más cercano. [5] Osteen tomó el timón de Lakewood Church en 1999 a la muerte de su padre, John.  John Osteen era abiertamente un predicador del evangelio de prosperidad que fundó Lakewood en 1959 y la había edificado con 6000 miembros antes de que su hijo le reemplazara. Joel, quién hasta ese punto le había dado el liderazgo del ministerio de televisión de Lakewood y antes había predicado solo una vez, fue colocado en el púlpito e inmediatamente la iglesia comenzó a estallar. Hoy los servicios Lakewood son emitidos por radio en más de 100 países, Joel ha escrito a dos libros de ventas multimillonarias, y él, junto con su esposa, la madre, y numerosos músicos de Lakewood, viajan por todo el mundo ofreciendo un evento que llaman “Una Noche de Esperanza.” Mientras que la mayoría de las iglesias luchan por encontrar y alojar miembros, la gente está dispuesta a comprar boletos de $15 para asistir a “Una Noche de Esperanza” y los auditorios están normalmente llenos.

Osteen no tiene entrenamiento teológico y eso es obvio por sus libros, sermones y entrevistas en televisión que él tiene poco conocimiento de la Escritura.  No obstante, él ha atrapado una ola sin precedente de popularidad y claramente podría afirmar el título como el pastor más admirado en Estados Unidos. Esta popularidad por supuesto es debida principalmente por su mensaje.  Esquivando cualquier cosa controversial o negativa (como el infierno o el juicio e incluso el pecado), Osteen proclama un mensaje de positivismo puro. El título de su primer libro, Su Mejor Vida Ahora, resume lo que Osteen tiene que proponer a muchas audiencias. Si hemos de seguir ciertos principios o ciertos pasos (siete para ser exactos), así va el argumento, nuestra existencia será feliz, sana, y bendecida con todo lo que haría maravillosa esta vida. Éste es un mensaje que apela a la carne de los incrédulos y cristianos mundanos y daría razón del estatus de súper estrella que Osteen ahora tiene. Por supuesto ésta es una acusación ruda. Acuso a Joel Osteen de ser un maestro falso: Un hombre que ha tergiversado el evangelio para seducir la naturaleza caída de personas, que ha convertido a Dios en un genio, y que ha distorsionado la Escritura para presentar una forma cálida y no clara pero pervertida de Cristianismo. Para ver si estoy en lo correcto o solo estoy siendo cruel de espíritu, necesitamos recurrir a palabras textuales de Osteen tal y como se encuentran en Su Mejor Vida Ahora

Lo que el lector encontrará en este libro de grandes ventas es una mezcla de sentido común, consejo práctico útil, y una multitud de historias de éxito entrelazados con una dosis pesada de enseñanza engañosa.  Comencemos con el evangelio. No es tanto que Osteen presente un evangelio falso (lo cuál parece hacer en Su Mejor Vida Ahora) sino más bien, no existe evangelio en absoluto. En un libro de 300 páginas el cual será leído por millones de incrédulos, lo más cercano que llega Osteen al evangelio es: “Ocúpese en su salvación. La salvación es más que una sola oración. Está constantemente en funcionamiento con Dios, tratando con los asuntos que El trae a colación y manteniendo una buena actitud, peleando hasta que usted gane la victoria.” [6] Lo que Osteen cree concerniente al evangelio es incierto, pero lo que es innegable es que el énfasis de su ministerio es mantener un punto de vista positivo sobre la vida en vez de una relación correcta con Dios. Excepto por esta sola frase, la totalidad del libro trata con “siete pasos para vivir en su potencial completo” como se indica en el subtítulo. Este tema resuena con el pensamiento de aquellos cuyas vidas y mentes están de conformidad con este sistema mundial en vez de ser “transformadas por la renovación de vuestra mente” (Rom 12:2).

Realmente no nos debería asombrar que hombres como Osteen hayan atrapado el ojo del público puesto que simplemente le dicen lo que quieren oír (2 Tim 4:3) lo cual es: Necesitamos sacar partido de esta vida, gozar cada minuto que podemos, porque esto es lo mejor que alguna vez vaya a suceder. Esta filosofía es del mundo, no de Dios quien consistentemente nos llama a vivir por valores superiores a este mundo y al ego (1 Juan 2:15-17).  Como Pablo escribió a la iglesia en Colosas: “Poned la mira en las cosas de arriba y no en las cosas de la tierra” (Col 3:2).  Pablo no quiso decir con esto, como los cristianos conservadores son a menudo acusados, que debemos ignorar la vida en este planeta y nos escondamos alguna parte hasta que el Señor regrese. Quiere decir que vivimos para un propósito superior que el éxito y el placer personal “porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3:3). Osteen no hace intento de llevar a sus lectores a este propósito superior, a una vida vivida para Dios. En Lugar de eso, Dios debe ser manipulado para nuestro placer. Pienso que Osteen apreciaría el consejo de Elifaz a Job (más tarde condenado por Dios), “Vuelve ahora en amistad con él; y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien” (Job 22:21).

Tomemos algunos aspectos generales en cosas específicas:

La Oferta

La atracción de Osteen se halla en lo que él ofrece lo cual no es nada menos que una vida de buena salud, abundancia, riqueza, prosperidad y éxito, “Si usted desarrolla una imagen de victoria, éxito, salud, abundancia, alegría, paz, y felicidad, nada en la tierra podrá sujetar esas cosas de usted” (p. 5). [7] Puesto que éstas son cosas que la mayoría de la gente atesora y, puesto que Jesús nos reveló que “donde este tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mat 6:21), es previsible que la promesa seductiva de un mapa conduciendo a estos tesoros encuentre a muchos adherentes. Y ciertamente lo hace. Pero ¿qué específicamente está siendo ofrecido?

Salud

Si seguimos las enseñanzas de Osteen podemos esperar buena salud.  Su madre por ejemplo fue diagnosticada con cáncer terminal veinte años atrás, pero debido a que ella confesó buena salud hoy ella es libre del cáncer (pp. 126-127).  De hecho, uno de los distintivos del evento de “Noches de Esperanza” es el testimonio de la madre de Osteen con respecto a su sanidad física – implicando por supuesto, que aquellos en la audiencia también puede ser sanados si están dispuestos a hacer lo que sugiere Joel.

Abundancia

Osteen, sin capacitación, da fe de que todos nosotros estamos destinados a la grandeza de todo tipo: “Usted nació para ganar; usted nació para la grandeza, usted fue creado para ser un campeón en la vida” (p. 35), y la abundancia, “él quiere que usted viva en abundancia.  Él quiere concederle los deseos de su corazón… Dios esta haciendo a su favor las cosas a su alrededor” (p. 78). De hecho, aparentemente sin tener en cuenta nuestra relación con Dios: “Antes de Que estuviésemos formados, El nos programó para que vivamos vidas abundantes, para ser felices, sanos, y plenos. Pero cuando nuestro pensamiento se contamina ya no está más en línea con la Palabra de Dios” (p. 114).

Dos cosas deberían ser notadas a estas alturas.  Primero, las Escrituras no enseñan nada de eso.  Mientras que la vida eterna con el Señor es el destino final del redimido, el juicio y luego el lago de fuego es el destino final de los perdidos (2 Tes 1:9; Apoc. 20:14-15). Entretanto, en esta vida la lluvia cae sobre justos e injustos, y los cristianos pueden sufrir tantas pruebas como los incrédulos, quizás más (Rom 5:3-5; Stgo.1:2-4; 2 Cor 4:8-12, 11:23-29; Heb 11:35-40).  Es verdad que el Salmo 37:4 promete: “deléitate así mismo en Jehová; y el te concederá las peticiones de tu corazón,” pero sobre una reflexión pequeña se verá que aquél que se deleita a sí mismo en el Señor desea a Dios, no simples bendiciones materiales, buenos estacionamientos, éxito empresarial y un armario con guardarropa agradable. El programa de Osteen trivializa la vida abundante que Jesús vino a dar a Sus seguidores (Juan 10:10).

En segundo lugar, cuando los maestros de prosperidad usan la frase “Palabra de Dios,” el lector debe discernir cuidadosamente lo que se quiso decir. A menudo, como en este caso, “la Palabra de Dios no es una referencia a la Biblia sino a palabras habladas, supuestamente por Dios y extra bíblicas a través de los seguidores de la Palabra de Fe. Osteen entonces no acusa a personas de estar fuera de lugar con las Escrituras, sino de estar fuera de lugar con las enseñanzas de hombres como el mismo.  Esto no es nada menos que una afirmación de que Dios ha revelado Su Palabra aparte de la Escritura y a través de líderes de la prosperidad.

Riqueza

“Dios quiere aumentarle financieramente, dándole ascensos, creatividad e ideas frescas” (p. 5), o así es que Osteen promete.  ¿Cómo sabe él esto puesto que en los tiempos bíblicos los ascensos no eran una práctica común, las ideas frescas y la creatividad no conllevaron el valor que conllevan hoy y la riqueza no era necesariamente visto como señal del deleite de Dios? Alguien podría contestar que David y Salomón estuviera bien económicamente, pero éste no fue el caso para Jeremías y Habacuc, ambos hombres piadosos perdieron todo. El trabajo prosperó por un tiempo, perdiendo todo, y luego lo ganó de nuevo. ¿Le hizo uno de “los consoladores” de Job alguna indicación de la filosofía de prosperidad? ¿Era ese el momento decisivo? Difícilmente. Fue hasta que Job se arrepintió de su arrogancia que Dios restauró su anterior afluencia, y Dios no estaba bajo ninguna obligación de hacer eso. El principio bíblico es que el Señor está soberanamente obrando en nuestras vidas. Él puede elegir bendecirnos con abundancia de riquezas, o él puede elegir bendecirnos quitando nuestras riquezas.

Entonces ¿de donde saca Osteen la idea de que “Dios quiere aumentarnos financieramente?” Su base está en su experiencia muy limitada y selectiva. Él nos dice, por ejemplo, que cuándo su padre “estaba dispuesto a ir de más allá de las barreras del pasado [aplicando los principios encontrados en este libro], él quebrantó esa maldición de pobreza en nuestra familia. Ahora, mis hermanos y yo, y nuestros hijos, nuestros nietos, incluso nuestros bisnietos, vamos todos a experimentar más de la bondad de Dios por lo que uno hizo” (p. 25). Por supuesto, millones de ejemplos en todo el mundo y a lo largo de la historia podrían ser dados de personas piadosas viviendo en pobreza, y los hijos de los ricos malgastando su herencia y privilegios, pero Osteen parece convenientemente ignorar tales ejemplos. En lugar de eso él está convencido de “que Dios quiere darle su casa” (p. 35).  El gobierno de Estados Unidos y el sistema bancario parecieron estar de acuerdo con Osteen hasta el choque económico reciente.  Ahora están quitando muchas de esas casas.  Pero esto no disuade a Osteen; él está persuadido de que prosperaremos.

Prosperidad

La prosperidad es más que la salud y la riqueza; incluye todas las buenas cosas que la vida puede dar. Aparentemente Dios está trabajando más duro para facilitarnos la vida. Osteen promete: “va a suceder… repentinamente, su situación cambiará para mejor… él realizará sus sueños (pp. 196-198).  Tales declaraciones no le dejan lugar al paciente de cáncer que no se pone mejor, el trabajador de la fábrica que es despedido del trabajo y nunca más encuentra un trabajo igual, el atleta que tiene una lesión que destruye su carrera, o todos aquellos perdedores en las audiciones de “American Idol” (podemos estar agradecidos por esto al menos).  Tales personas tendrían motivos para cuestionar el pronunciamiento de Osteen de que: “Dios te hizo para ser común. Dios te creó para sobresalir” (p. 82).  Simplemente dos minutos de reflexión descubrirían la falacia de esta declaración. Por definición todo el mundo no puede estar por encima del promedio – alguien tiene que estar en medio del paquete, y alguien tiene que cubrir la retaguardia. Esta clase de idea suena como al grado de inflación familiar que sucede en muchas de nuestras escuelas y nuestras universidades hoy.  Si el noventa por ciento de todos los estudiantes hacen una “A” común (lo cuál ya no es raro) eso no quiere decir que son más listos que los estudiantes del pasado, solamente quiere decir que el sistema de evaluación ha variado a fin de que más estudiantes (y patrones potenciales) piensen que tienen éxito. Además, ¿no nos dijo Pablo que los únicos que Dios llama “no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios…” (1 Cor 1:26-27)?  Nuestro Señor parece tener estándares y valores que están fuera de alineación con Osteen.

Pero aún Osteen insiste, “Usted a menudo recibirá tratamiento preferencial simplemente porque su Padre es el Rey de reyes, y Su gloria y honor se derramarán sobre usted” (p. 40). Osteen ora, “Padre, te agradezco que tengo Tu favor” (p. 41). Por el favor de Dios Osteen tiene en mente tales asuntos trascendentales como encontrar su lugar perfecto en un lote abarrotado (pp. 41-42). El por qué un hombre perfectamente saludable de mediana edad oraría por un lugar de primer rango, sabiendo por supuesto que alguien con mayores necesidades físicas se le negaría tal lugar, nunca es explicado.  Osteen admite que Dios algunas veces se rehúsa a contestar su oración por una posición, pero esto no quiere decir que vaya a dejar de creer en el favor de Dios” (p. 43). Osteen no puede perder.  Si él encuentra el mejor sitio en un lote él tiene el favor de Dios; si él da vueltas por 15 minutos y fracasa en esta tarea de suma importancia, no va a descarrilarse su teología.

Éxito

“Dios quiere que usted vaya más allá que sus padres” (p. 8). Esta declaración se hace sin una pizca de evidencia bíblica. Al contrario es raro encontrar en la Escritura a un hijo superar a un padre piadoso o exitoso. Por otro lado, lo mismo es a menudo cierto en nuestra experiencia – algunos hijos van más allá que sus padres, otros no.  Osteen hace una declaración sin fundamento.

Pero para no ser disuadido se nos dice: “Dios quiere que usted viva una vida de superación de victoria.  Él no quiere que usted apenas pase inadvertido. El es llamado El Shaddai, ‘el Dios mas que suficiente’” (p. 33, énfasis de él).  Al contrario: El Shaddai es un título usado para nuestro Señor en el Antiguo Testamento que es a menudo traducido “el Dios Todopoderoso.”  Habla de toda la suficiencia de Dios, y es un título especial de reverencia. Osteen ha inventado su propio significado y durante el proceso ha convertido a Dios en nuestro papito personal de azúcar, listo para repartir los dulces a cualquiera que piense que haya descubierto el secreto de Su corazón.

Buena imagen-propia

“Dios quiere que nosotros tengamos imágenes propias sanas, positivas, para vernos como tesoros sin precio. Él quiere que nosotros nos sintamos bien acerca de nosotros mismos… Dios lo ve a usted como un campeón… él te estima como una persona fuerte, valiente, exitosa, que vence” (p. 57-58). ¿Realmente? ¿De qué fuente traza Osteen su perspectiva de imagen propia?  Ciertamente ningún texto bíblico nunca menciona tal cosa. En vez de ir en busca de una buena imagen propia Pablo nos advierte “que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura” (Rom 12:3).  Pero en lugar de tomar en serio la instrucción de la Escritura, Osteen es feliz saliendo en búsqueda de las modas pasajeras encontradas en la psicología popular. Él continúa: “Cuando usted es tentado en desalentarse, recuerde a usted mismo que según la Palabra de Dios, su futuro se pone cada vez más brillante; usted está en camino hacia un nivel nuevo de gloria” (p. 67).  Eternamente ésta es una declaración verdadera para el hijo de Dios, pero prometer que algo semejante sucederá en esta vida es engaño puro. Y puesto que Osteen no hace distinción entre los redimidos y los no renovados espiritualmente en su libro, él ofrece una esperanza falsa e dañina a la mayoría de su audiencia, aquellos que no conocen a Cristo como su Salvador.

El Sistema de Creencia

¿En qué basa Osteen su sistema de creencia? Ciertamente no de la Escritura porque la Biblia nunca enseña ninguna cosa remotamente parecida a este tipo de prosperidad del Cristianismo. Esto no es decir que Tu Mejor Vida Ahora está completamente desprovisto de referencias bíblicas, pero las pocas que se pretenden están desesperadamente fuera de contexto o torcidas más allá del reconocimiento (vea a pp. 10,14,18, 30-31, 33, 61, 76, 79-83, 87-89, 104, 115, 129-130, 134,164).  Osteen indica desde el comienzo y a menudo que sus puntos de vista no son extraídos fundamentalmente de la Escritura sino de sus experiencias y estas de otros.  Incluso, en la introducción Osteen escribe, “Dentro de estas páginas, usted encontrará siete pasos simples, pero profundos, para mejorar su vida, a pesar de su nivel actual de éxito o falta de él. Sé que estos pasos funcionan, porque han surtido efecto en las vidas de los miembros de mi familia, amigos, y socios, así como también en mi vida” (p viii).

Osteen apoya su tesis a través del uso de numerosas historias de éxito de un tipo u otro.  Algunas de sus historias son imposibles y/o en el mejor de los casos incapaz de ser documentados y por consiguiente levanta una bandera roja con respecto a su integridad (pp. 12, 23, 73, 122, 161, 167, 201-202, 229, 280-281, 292). Los otros son ejemplos altamente selectivos de finales felices (vea a pp. 4, 7-8, 27, 111-112, 125, 127, 199-200, 246). Como resultado de tales historias Osteen le puede prometer que, si sus teorías son aceptadas, “repentinamente, las cosas cambiarán, repentinamente, ese negocio despegará. Repentinamente, su marido deseará una relación con Dios. Repentinamente, ese hijo caprichoso volverá a casa. Repentinamente, Dios cumplirá sus esperanzas y sus sueños” (p. 199). ¡O tal vez no!  Inexplicablemente (dado su sistema de creencia y su insistencia de que Dios traerá prosperidad a nuestras vidas si seguimos la fórmula) Osteen debe admitir que todas las cosas no terminan en éxito. Tanto su hermana como su padre experimentaron el fracaso del divorcio (pp. 151, 176), algunas personas no son sanadas (pp. 181-182), las cosas no siempre se resuelven en la forma en que deseamos (pp. 207-209), su padre sufrió una falla renal y estaba en diálisis por años (p. 247) y murió de un ataque al corazón (p. 248).  Mientras que Osteen declara “que Dios no envía problemas” él admite que “algunas veces El nos permite pasar por ellos” (p. 205).  Pero el hecho es que aun en el mundo de historia de la teología de Osteen el pueblo de Dios sufre los mismos altibajos, éxitos y fracasos, salud y enfermedad y así sucesivamente al igual que los incrédulos. Uno solo tiene que examinar rápidamente los Salmos para darse cuenta de que ésta no es nuestra “mejor vida ahora.” Vivimos en un mundo corrupto y hasta el regreso del Señor nuestro universo manchado en pecado a menudo nos decepcionará y nos acongojará. Las historias de éxito (y fracaso) pueden ser puestas en fila de aquí hasta la eternidad, pero tales historias no son la base de la verdad, o de la vida; pero la Palabra de Dios si.

Los Métodos

Trayendo, sin embargo, desde muchas historias selectivas, e ignorando lo que tiene Dios que decir, Osteen presenta una metodología que él promete producirá una vida de abundancia, éxito, salud y afluencia. Este sistema no es único para Osteen, habiendo casi literalmente provenido de los maestros de prosperidad mencionados arriba, pero él ha tomado esta enseñanza falsa para una audiencia nueva.  Examinemos cómo surte efecto el programa.

Hay tres pasos básicos para “su mejor vida ahora.”

La visualización

El paso inicial en el programa de Osteen es la visualización: “El primer paso para vivir en su potencial completo es ampliar su visión. Para vivir su mejor vida ahora, usted debe ponerse a buscar en la vida a través de los ojos de la fe, viéndose elevar a la altura de niveles nuevos.  Vea su negocio despegando. Vea su matrimonio restaurado. Vea a su familia prosperando. Vea sus sueños cumplirse. Usted debe concebir y creer que es posible si usted espera experimentarlo alguna vez” (p. 4, énfasis de él).

La razón por la que la visualización es necesaria es porque tiene el poder para causar lo que usted visualiza. “Usted producirá lo que usted continuamente ve en su mente… Si usted desarrolla una imagen de victoria, éxito, salud, abundancia, alegría, paz, y felicidad, nada en la tierra podrá mantener esas cosas lejos de usted… Comience anticipando ascensos e incremento sobrenatural. Usted lo debe concebir en su corazón y mente antes de que usted lo pueda recibir … Usted debe dar lugar al incremento en su pensamiento, y luego Dios ocasionará esas cosas” (pp. 5-6).

Aparentemente incluso Dios está a merced de lo que visualizamos; después de todo, “los Pensamientos [no de Dios] determinan El destino” (p. 101).  “Si usted no piensa que su cuerpo puede ser sanado, nunca lo será… Cuando usted piensa pensamientos positivos, excelentes, usted se estará impulsando hacia la grandeza, inevitablemente con dirección al incremento, ascenso, y bendiciones sobrenaturales de Dios” (p. 104).

La fe

No es suficiente pensar y visualizar lo que queremos, también debemos expresar fe. “Dios trabaja mediante la fe. Usted debe creer primero, y luego usted lo recibirá” (p. 33). “Recibimos lo que creemos.  Desafortunadamente, este principio trabaja tan negativamente fuerte como lo hace en el positivo” (p. 72).  “Comprenda esto: Dios le ayudará, pero usted lanza el voto decisivo [debemos] llegue a un acuerdo con Dios” (p. 74).  “Es nuestra fe la que activa el poder de Dios” (p. 306).

Es vital que visualicemos lo que queremos y esperamos (“exprese fe”) porque nuestra fe atrae lo que visualizamos. Mientras que Osteen nunca llama esto la “ley de la atracción” note su similitud al mismo concepto enseñado por maestros de la Nueva Era como Eckhart Tolle, Rhonda Byrne y otros. “Su vida seguirá sus expectativas. Lo que usted espera es lo que usted obtendrá” (p. 13).  “Nuestros pensamientos contienen un poder tremendo.  Recuerde, atraemos a nuestras vidas aquello que constantemente pensamos. Si siempre hacemos hincapié en lo negativo, atraeremos a personas negativas, experiencias, y actitudes. Si siempre hacemos hincapié en nuestros miedos, obtendremos como fruto, más miedo. Usted establece la dirección de su vida con sus pensamientos” (p. 109).

Las palabras

No obstante, no es suficiente tener buenos pensamientos y expresar fe en ellos; hay que decir en voz alta sus deseos. Esto es por qué el evangelio de prosperidad es a menudo llamado el movimiento de “Palabra de Fe” – pues el poder recae sobre la palabra hablada.  Siga el pensamiento de Osteen: “Nuestras palabras tienen un poder tremendo, y ya sea que queramos o no, daremos vida a lo que decimos, ya sea bueno o malo…las palabras son similares a las semillas, hablándolos en voz alta, son plantadas en nuestras mentes subconscientes, y cobran una vida propia” (p. 122).  Osteen sugiere: “levántese cada mañana y véase al espejo y diga, ´soy de valor´. Soy amado. Dios tiene un gran plan para mi vida. Tengo favor dondequiera que vaya. Las bendiciones de Dios me están persiguiendo hasta encontrarme y alcanzarme. Todo lo que toco prospera y tiene éxito. ¡Me entusiasma mi futuro!’ Comience a hablar ese tipo de palabras, y antes que pase mucho tiempo, usted se elevará a un nivel nuevo de bienestar, éxito, y victoria. Verdaderamente hay poder en sus palabras” (p. 123).

Pero hay más.  También debemos hablar a nuestros problemas: “Cualquier cosa que sea su montaña, usted lo debe hacer algo más que pensar acerca de ello, más que orar acerca de ello; usted le debe hablar a ese obstáculo… Comience a declararse sano, feliz, pleno, bendito, y próspero. Deje de hablar a Dios acerca de qué tan grande son sus montañas, y empieza a hablarle a sus montañas acerca de qué tan grande es su Dios” (p. 124).  Osteen seguramente nos puede prometer: “Amigo, hay un milagro en su boca” (p. 125). ¿Cómo es eso? “En el momento que usted expresa públicamente algo, usted le da vida a ello. Este es un principio espiritual, y funciona ya sea que lo que usted diga sea bueno o malo, positivo o negativo” (p. 129). Por consiguiente, “Usted debe comenzar atrevidamente a confesar la Palabra de Dios, usar sus palabras para seguir adelante en la vida, para traer a la vida las grandes cosas que Dios tiene guardadas para usted” (p. 130).

Y es completamente decisión de nosotros llevar a cabo esta clase de vida.  “Dios ya ha hecho todo lo que El va a hacer. La pelota está ahora en su tribunal.  Si usted quiere éxito, si usted quiere sabiduría, si usted quiere ser próspero y saludable, usted va a tener que hacer más que meditar y creer; usted atrevidamente debe declarar palabras de fe y victoria sobre usted mismo y su familia” (p. 132).  Osteen está presentando un programa de esfuerzo propio puro y bautizándole en el nombre de Dios. Aquellos que fracasan en alcanzar estos beneficios prometidos solo obtienen culpa, puesto que aparentemente no siguieron la fórmula de Osteen.

Conclusión

Cada vez que las supuestas cosas de Dios y el pueblo de Dios se hacen populares con los habitantes de este mundo caído deberíamos ser sabios para andar suavemente y de más discernimiento.  Los judíos acosaron y/o asesinaron a casi cada uno de sus profetas (Hechos 7:52); los apóstoles fueron despreciados por el mundo y Jesús fue asesinado por aquellos que El vino a salvar.  Jesús pronunció una bendición sobre aquellos que son acosados por el bien de la justicia (Mat 5:11) y son advertidos, “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20).  ¿Por qué? Porque el mensaje de la Cruz es tontería para aquellos que perecen (1 Cor 1:18).  Por eso cuando encontramos un ministerio u hombre o mujer o mensaje cristiano siendo alabados por incrédulos podemos estar seguros que o la humanidad no renovada espiritualmente no ha entendido aun lo que se está diciendo, o lo que dicen está dentro lo que el incrédulo ya cree. Como hemos demostrado, el mensaje de Osteen es exactamente lo que los incrédulos y cristianos sin discernimiento quieren creer y están emocionados de tener a alguien que afirma ser un portavoz confiable de Dios que está de acuerdo con ellos.  Esto daría razón del éxito increíble de Osteen, pero justificaría, o excusaría la inmadurez y credulidad inconcebible de cristianos profesantes.

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

(*) Articulo escrito por Gary Gilley y publicado en el Blog El Evangelio según Jesucristo (http://evangelio.wordpress.com/2009/06/17/joel-osteen-y-el-evangelio-de-prosperidad/#more-832)

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

[1] Tomado de The Secret DVD.

[2] Hank Hanegraaff, Christianity in Crisis (Eugene, Oregon: Harvest House Publishers, 1993), p. 74, 75.

[3] Ibid., p. 80.

[4] Ibid., pp. 83, 84.

[5] http://churchrelevance.com/top-100-largest-churches-in-america-of-2008/. It is digno de notar que según esta fuente, la asistencia ha descendido a 3,500 personas desde el año anterior; una mega iglesia virtual en su propio derecho.

[6] Joel Osteen, Your Best Life Now ( New York: Faith Word, 2004), p. 212.

[7] las citas y números de página a través del resto del libro son tomadas de Osteen, Your Best Life Now.

Oyendo a los Coyotes

La semana pasada, nuestra hija menor y su familia estuvieron aquí con nosotros. Después de la primera noche, hizo un comentario acerca de los coyotes que habían aullado toda la noche. No los había escuchado por años. Están allá afuera todo el tiempo, pero estoy tan acostumbrado al sonido, que ya no los escucho. Por otro lado, cuando visito a mi hija, oigo a todos los automóviles que pasan por la calle durante la noche.

Con demasiada frecuencia, escuchamos cosas sin ponerles atención en realidad. Los sonidos están allí, pero estamos tan familiarizados y somos tan indiferentes a ellos que oímos sin escuchar, y no les prestamos atención.

Esto es lo que significa estar endurecidos hacia el evangelio. Un antiguo significado de ese término es alguien que oye el evangelio semana tras semana sin escucharlo en realidad. Una de las marcas distintivas de tal persona endurecida hacia el evangelio es que no muestra crecimiento, año tras año.

Nuestro Señor dice, “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo” (Apoc. 3:20). Su llamado no es una súplica para entrar sino una convocatoria ya sea a la comunión o al juicio, y Él no tolerará ninguna tibieza (Apoc. 3:15-16). Casi siempre soy “tibio” para con la voz de los coyotes, a menos que piense que pueden ser de amenaza para los pollos. No me atrevo a ser tibio a la voz del Señor.

Como nación, hace mucho que perdimos la sintonía de la Palabra de Dios. Compramos Biblias en grandes cantidades pero no las leemos. Escuchamos la Palabra de Dios, y escuchamos con oídos adormilados. Esto quiere decir que tratamos Su Palabra como algo que no es más importante que todas las otras palabras a nuestro alrededor.

Más bien necesitamos decir, cuando leemos Su Palabra, o cuando la escuchamos leída en la iglesia, Señor, “Habla que tu siervo oye” (1 Samuel 3:10).

———————————-

Escrito por Rev. R. J. Rushdoony y publicado en para http://www.contra-mundum.org

Los Diez Mandamientos, Manual para la vida cristiana

image Hace un tiempo compre el libro “Los Diez Mandamientos, Manual para la vida cristiana” de J. Douma, y lamentablemente quedo relegado por no contar con el tiempo suficiente para leerlo. Bueno, el día de hoy comencé y me he propuesto hacerlo en una plazo de tres meses desde hoy. He leído el prologo (24 paginas) y he quedado sumamente impactado. 

 

Quiero copiar algunos párrafos de lo leído hasta el día de hoy. Disfrútenlo.

 

No son los mandamientos de un déspota que dicta su ley en el sentido de “obedezcan y callen”, porque son los mandamientos de Yahvé el Liberador, que quiere que su pueblo permanezca libre. Primero se da el éxodo hacia la libertad, luego la ley. Aquí se funden la libertad y sus límites. Para poder crecer, el pez esta limitado a vivir en el agua, su elemento. Así también, las personas son libres como el pez en el agua y el pájaro en el aire, solo cuando escuchan la ley de Dios. En su epístola, Santiago describe a la ley como una ley de libertad (Stg. 1:25).

En ese contexto, deberíamos mencionar Deuteronomio 6:20-25 como un pasaje muy pertinente. En generaciones posteriores, cuándo un hijo le preguntaba a su padre, “¿Qué significaban los mandamientos, preceptos y normas que el Señor nuestro Dios mando?” el padre tenia que contar primero la historia de la liberación de Israel de Egipto, antes de llegar a los mandamientos mismos. El propósito de cumplir con estos mandamientos es suficientemente claro: “El Señor nuestro Dios nos mandó temerle y obedecer estos preceptos, para que siempre nos vaya bien y sigamos con vida” (Dt. 6:20-25). Al que cumpla la ley, todo le irá bien. Éste es el tema que se repite (Dt 4:40; 10:13; 12:28 para mencionar unas pocas referencias). Como alguien ha dicho, la ley es la melodía cuyas notas consisten en una vida gozosa delante de Dios….Hablando en forma metaforiza, no es el trueno sino el rocío lo que mejor caracteriza a la ley dada en Horeb. Al frente de la ley no marcha su rigor, sino su preocupación por impedir que el que ha sido liberado regrese a la esclavitud”. (pag. 14)

 

…debemos de ver con claridad que el Dios que se anuncia como Legislador, lo hace como nuestro Salvador en Cristo en forma más explicita que bajo el antiguo pacto. Invocando las misericordias de Dios, Pablo nos invita a que presentemos nuestras vidas a Dios como sacrificio santo (Ro 12:1): Hemos sido escogidos con el fin de que podamos vivir en forma santa y sin tacha delante de Dios (Ef 1:4). Dios nos ha creado en Cristo para hacer buenas obras, que ha preparado de antemano para que andemos en ellas (Ef 2:10). Primero está el evangelio, luego la ley. El pueblo debe mantenerse firme en su libertad y no permitir ser esclavizado de nuevo (Ga 5:1). Debemos decir adiós a la visa vieja, pecaminosa y no permitir que nos seduzca los deseos de otro tiempo cuando no sabíamos como era todo. Porque así como Aquel que nos llamó es santo, así también nosotros debemos ser santos en todo lo que hagamos, como dice Pedro, recurriendo al versículo del Antiguo Testamento: “Sean santos, porque yo soy santo” (1 Pe 1:15-16).

Esa condición de vida también contrasta con la forma mundana de la que hemos sido liberados. Debemos ser irreprochables y sin mancha, hijos que viven sin faltas en medio de una generación deshonesta y perversa, y debemos ser estrellas brillantes en el mundo (tenebroso) (Fil 2:15). La liberación de Egipto, y de cualquier otra tierra de esclavitud a cualquier pecado, exige una antítesis visible de en estilo de vida entre el entonces y el ahora.”  (pag. 17)

———————————

J. Douma es profesor de ética en la Universidad Teológica de Kampen (Países Bajos) y ha escrito más de una veintena de libros en cuanto a la pertinencia de la Escritura respecto a los problemas morales contemporáneos.

Los Diez Mandamiento, Manual para la vida Cristiana, J.Douma; Libros Desafíos.