¿Es Dios Un Agente de Seguros?

Yo le creo a mi agente de seguros cuando me habla del tema de los seguros. Es competente, útil y certero. Pero no creo en mi agente de seguros. Cuando habla de economía, religión o casi cualquier otro tema diferente al de los seguros, tan sólo puedo sacudir mi cabeza con consternación por su separación de la fe de sus padres.

Muchos miembros de iglesia tratan a Dios como un agente de seguros. Creen en Él cuando habla sobre el Cielo y el infierno, la muerte y la salvación, y otras cosas similares, pero no creen en Él. Además, no le creen cuando habla con respecto a Sí mismo, Su soberanía, justicia y predestinación, Su requerimiento de la pena de muerte, de la fidelidad y mucho más.

Ellos te dirán con mucha calma que son cristianos creyentes en la Biblia, y que no es necesario creer en la predestinación y en cosas similares. De hecho, a principios de este año, cuando fui invitado a hablar por cuatro tardes de domingo en una iglesia que se enorgullece de ser fiel a la Biblia, se me “pidió” que no regresara después del segundo domingo porque había mencionado la pena capital de manera favorable. Se me dijo que estábamos bajo la gracia y el amor, no bajo la ley.

De hecho, dije que estamos muertos a la ley como una sentencia de muerte en nuestra contra, una carta escrita a mano conteniendo ordenanzas que nos acusan, pero somos nosotros, el viejo hombre en nosotros, quienes estamos muertos, no la ley. Jesucristo declaró, “Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley” (Lucas 16:17).

El error que la gente comete es tratar a Dios como un agente de seguros. Puedo escoger a mi agente y decidir lo que quiero de él. Con el Señor no puedo escoger ni decidir. No le puedo comprar un seguro de vida o un seguro contra incendios. Él no me va a vender tales cosas. Cualquiera que piense que puede escoger y decidir de lo que Dios tiene que ofrecer, creer o no creer, no cree en Dios. Ellos simplemente le creen a Dios en ciertos asuntos y cosas relacionadas con el seguro. Han confundido el seguro con la gracia y la misericordia con la falta de ley.

Yo sólo necesito a mi agente de seguros cuando me conviene. En todas las demás ocasiones no quiero tener parte con él. No puedo tratar así con Dios. No lo puedo comprar a Él o a Su protección. Él me ha comprado con el precio de Su único Hijo unigénito, y soy totalmente Suyo. No puedo usarlo a mi conveniencia, pero Él requiere de mí que yo sea usado de acuerdo con Su palabra. Él no necesita escucharme, pero en Su gracia, lo hace. Sin embargo, yo debo escucharle y obedecerle, porque soy yo el que soy Su agente; Él no es mi agente.

Tratar a Dios como un agente de seguros es despreciarlo y negarlo. Uno se puede acercar al Señor sólo como Dios. Y sólo puede ser conocido como Dios.

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Rev. R. J. Rushdoony
Publicado el 29 de Mayo, 2007
El Granjero Californiano 242:7 (5 de Abril, 1975), p. 34.

Traducción de Donald Herrera Terán, para www.contra-mundum.org

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