Ceguera Verdadera

Los hombres verdaderamente ciegos son hombres que creen únicamente en lo que ellos miran, y deliberadamente no miran nada. Miran el mundo a su alrededor, y se rehúsan a ver orden, dirección o significado. Niegan a Dios y lo sobrenatural, e insisten en que el diseño magnífico e intrincado que existe en el mundo natural no es algo planeado y ordenado sino accidental. Ésta no es solamente una fe auto-cegadora sino una fe sorprendente en los milagros mecánicos. Crear que el universo creado, con todo su orden, ley y diseño, es un accidente requiere una fe más grande en los milagros que la que la Biblia requiere.

El salmista nos dice, “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal. 19:1). San Pablo declara que “Porque las cosas invisibles de él [Dios], su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Rom. 1:20). La evidencia es tan convincente que solamente un hombre testarudo, aferrado a su ceguera, puede suprimirla.

Los hombres son ciegos para con Dios porque deciden serlo. Antes bien negarían su vista que confesar su pecado, pues ver la mano, el poder y el señorío de Dios significa reconocer también nuestro pecado contra Él, nuestra declaración anárquica de independencia en cuanto a Dios. Los hombres escogen ser ciegos antes que ser salvos. Prefieren ser su propio dios antes que confesar al Dios verdadero.

De modo que, el hombre pecador es alguien que se ciega a sí mismo, se auto engaña y un aspirante a dios. Los hombres ciegos no pueden gobernar un mundo que se rehúsan a ver, y como resultado, sus intentos de gobernar el mundo sin Dios van de desastre en desastre. Nuestros tiempos son testimonio de esto.

Pero se nos dice que, cuando los hombres clamaron al Señor en sus problemas y penurias, “Él envió Su palabra y los sanó” (Sal. 107:20). Escuchar la Palabra de Dios significa confesarle y declarar que Su Palabra es soberana y por lo tanto, redentora.

Significa reconocerle como Señor y Salvador. Significa confesar que hay más en cuanto al mundo que lo que vemos: siempre están la mano y el gobierno de Dios, en el mundo y en nosotros. ¿Ves eso?

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Rev. R. J. Rushdoony
Publicado el 21 de Agosto, 2007
El Granjero Californiano 244:2 (Ene. 17, 1976), p. 30.

Traducción de Donald Herrera Terán, para http://www.contra-mundum.org

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