Compre Ahora, Pague Después

El cristianismo evangélico ahora ofrece el cielo en un plan a plazos. Por medio de un tipo mágico de fe podemos aprovecharnos de un plan del tipo “compre ahora y pague después.” Podemos vender el evangelio usando un sistema de pago de 90 días. El futuro puede ser nuestro, ahora.

¿Cómo funciona este artificio mágico? Con la fórmula apropiada la nueva magia saca al conejo del sombrero sin necesidad de usar espejos. Es la maniobra del “dilo y recíbelo por fe,” una estratagema que incluso Houdini no pudo llegar a dominar. Si podemos decirlo y recibirlo por fe entonces podemos tener el cielo y todos sus beneficios ahora. Antes de morir. Antes que Cristo venga. Antes que el reino sea consumado.

Recientemente acudí a una cita con mi cirujano ortopédico armado con la esperanza de que de alguna manera pudiera encontrar alivio a mi artritis degenerativa. Revisó mis rodillas, mis hombros y mi columna vertebral y concluyó, “Todo lo que usted necesita es… ¡un cuerpo totalmente nuevo!” Pensé para mí mismo, “¿A dónde puedo ir en busca de un cuerpo nuevo?” Casi le dije a mi doctor, “Usted sabe, tengo una cita en el cielo. Cuando llegue allá recibiré un cuerpo nuevo. Un cuerpo sin artritis. Un cuerpo sin pruebas. Sin dolor en las articulaciones ni huesos que crujan. Mi nuevo cuerpo será como el cuerpo de Jesús resucitado.”

Sin embargo, hasta entonces, debo soportar la desintegración diaria del cuerpo que ahora tengo. En el cielo podré caminar hasta el punto inicial de un juego de golf, podré colocar allí la bola y podré balancearme con un movimiento fluido sin pasar un montón de minutos haciendo ejercicios de estiramiento y calentamiento. En el cielo (donde seguramente hay cursos maravillosos de golf) no tendré que cargar una botella de Absorbine Junior en mi maletín de golf.

Mientras tanto, contra el reloj en este cuerpo mortal que parece incapaz de vencer la maldición de la Caída. Envejezco. Siento dolores. Me muevo inexorablemente hacia la tumba donde estos huesos artríticos algún día serán puestos a descansar.

Todos los cristianos que han vivido en la tierra durante los primeros 1,800 años de historia cristiana han muerto. El cuerpo de San Agustín se deterioró. Tomás de Aquino sucumbió a la enfermedad. Martín Lutero soportó incontables enfermedades físicas antes de morir. Calvino se vio afectado por la enfermedad. Edwards también fue afligido. Ninguno de los santos de la historia jamás se las arregló para “reclamarlo y recibirlo por fe” hasta que llegaron al cielo.

Algunos predicadores televisivos ofrecen el secreto que todos los santos han pasado por alto. Nos dicen que la sanidad siempre es la voluntad de Dios. La cura instantánea para todas las enfermedades, para todo pecado, para toda pobreza puede ser nuestra sólo con pedirla y reclamarla. Todo lo que tenemos que hacer es reclamar las promesas. Compre ahora. Pague después.

Nos dicen que Dios nunca toma la vida de nadie. Él se frota sus celestiales manos de manera impotente mientras sus siervos fieles sucumben ante los embates de la Madre Naturaleza. La Madre Naturaleza es repugnante. Ella mata a todos. Es la asesina más implacable de todos los tiempos. Mata hombres, mujeres y niños. Ataca con accidentes, guerras y enfermedades. Y Satanás es su principal cómplice. La naturaleza, asociada con el diablo, hace que Asesinato S.A. parezca un grupo de caridad benevolente.

Pero, a menudo escuchamos que “la sanidad está (incluida) en la expiación.” Y claro que lo está. También la santificación. El resultado final de la expiación de nuestro Señor será la total libertad del pecado y sus consecuencias. Se nos promete que en el cielo no habrá dolor, ni sufrimiento, ni muerte, ni pecado. Dios enjugará nuestras lágrimas de una vez por todas.

Recuerdo unos momentos tiernos en mi infancia cuando me raspé la rodilla y me fui llorando donde mi madre. Me agarré de su delantal mientras ella se inclinaba y con sus besos enjugaba mis lágrimas. Su toque en mis mejillas le puso fin a mis sollozos.

Ahora, cuando mi nieto se lastima, llora y dice, “necesito un cubo de hielo.” Un frío cubo de hielo en el lugar de la herida hace que todo se mejore. Hasta la siguiente ocasión. Entonces se requiere otro cubo de hielo. Hice muchos viajes al delantal de mi madre. Ella podía detener mis lágrimas, pero no para siempre. Todavía lloro. Mis lágrimas no cesarán hasta que Dios las enjugue en el cielo. Entonces se desvanecerán para siempre. Mis conductos lacrimales se usarán sólo para llorar lágrimas de éxtasis.

Dios me promete un cuerpo nuevo. Él garantiza una vida sin dolor. Pero no ahora. Ahora me promete lo opuesto. Él me dice que en mundo tendré tribulación. Dios no le promete a ningún hombre la libertad del dolor y el sufrimiento en este mundo. No hay manera de agarrar el cielo por adelantado. No hay un plan de salvación del tipo “compre ahora, pague después.”

Dios nos promete su presencia en medio del dolor. Él nos promete su consuelo. Pero hasta que el último enemigo sea final y plenamente destruido, debemos caminar en fe. Tenemos esperanza. Tenemos la certeza de un futuro glorioso. Pero no hay ninguna magia.

Hay una razón por la cual Dios prohíbe consultar a los hechiceros y a los que leen la fortuna. Él aborrece la magia impía. Tenemos un futuro. Pero no es nuestro hasta el tiempo que Él ha designado para que suceda. Los hechiceros prometen el futuro ahora. Es la adquisición de la promesa de Dios antes de su tiempo.

La fe sin paciencia es un insulto al Señor de la historia. Voy a recibir mi cuerpo nuevo, pero todavía no.

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Articulo escrito por R.C.Sproul y publicado originalmente en la revista Eternidad, en Enero de 1987.

Traducción de Donald Herrera Terán, para http://www.contra-mundum.org

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