¿Es Dios Un Agente de Seguros?

Yo le creo a mi agente de seguros cuando me habla del tema de los seguros. Es competente, útil y certero. Pero no creo en mi agente de seguros. Cuando habla de economía, religión o casi cualquier otro tema diferente al de los seguros, tan sólo puedo sacudir mi cabeza con consternación por su separación de la fe de sus padres.

Muchos miembros de iglesia tratan a Dios como un agente de seguros. Creen en Él cuando habla sobre el Cielo y el infierno, la muerte y la salvación, y otras cosas similares, pero no creen en Él. Además, no le creen cuando habla con respecto a Sí mismo, Su soberanía, justicia y predestinación, Su requerimiento de la pena de muerte, de la fidelidad y mucho más.

Ellos te dirán con mucha calma que son cristianos creyentes en la Biblia, y que no es necesario creer en la predestinación y en cosas similares. De hecho, a principios de este año, cuando fui invitado a hablar por cuatro tardes de domingo en una iglesia que se enorgullece de ser fiel a la Biblia, se me “pidió” que no regresara después del segundo domingo porque había mencionado la pena capital de manera favorable. Se me dijo que estábamos bajo la gracia y el amor, no bajo la ley.

De hecho, dije que estamos muertos a la ley como una sentencia de muerte en nuestra contra, una carta escrita a mano conteniendo ordenanzas que nos acusan, pero somos nosotros, el viejo hombre en nosotros, quienes estamos muertos, no la ley. Jesucristo declaró, “Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley” (Lucas 16:17).

El error que la gente comete es tratar a Dios como un agente de seguros. Puedo escoger a mi agente y decidir lo que quiero de él. Con el Señor no puedo escoger ni decidir. No le puedo comprar un seguro de vida o un seguro contra incendios. Él no me va a vender tales cosas. Cualquiera que piense que puede escoger y decidir de lo que Dios tiene que ofrecer, creer o no creer, no cree en Dios. Ellos simplemente le creen a Dios en ciertos asuntos y cosas relacionadas con el seguro. Han confundido el seguro con la gracia y la misericordia con la falta de ley.

Yo sólo necesito a mi agente de seguros cuando me conviene. En todas las demás ocasiones no quiero tener parte con él. No puedo tratar así con Dios. No lo puedo comprar a Él o a Su protección. Él me ha comprado con el precio de Su único Hijo unigénito, y soy totalmente Suyo. No puedo usarlo a mi conveniencia, pero Él requiere de mí que yo sea usado de acuerdo con Su palabra. Él no necesita escucharme, pero en Su gracia, lo hace. Sin embargo, yo debo escucharle y obedecerle, porque soy yo el que soy Su agente; Él no es mi agente.

Tratar a Dios como un agente de seguros es despreciarlo y negarlo. Uno se puede acercar al Señor sólo como Dios. Y sólo puede ser conocido como Dios.

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Rev. R. J. Rushdoony
Publicado el 29 de Mayo, 2007
El Granjero Californiano 242:7 (5 de Abril, 1975), p. 34.

Traducción de Donald Herrera Terán, para www.contra-mundum.org

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Ceguera Verdadera

Los hombres verdaderamente ciegos son hombres que creen únicamente en lo que ellos miran, y deliberadamente no miran nada. Miran el mundo a su alrededor, y se rehúsan a ver orden, dirección o significado. Niegan a Dios y lo sobrenatural, e insisten en que el diseño magnífico e intrincado que existe en el mundo natural no es algo planeado y ordenado sino accidental. Ésta no es solamente una fe auto-cegadora sino una fe sorprendente en los milagros mecánicos. Crear que el universo creado, con todo su orden, ley y diseño, es un accidente requiere una fe más grande en los milagros que la que la Biblia requiere.

El salmista nos dice, “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal. 19:1). San Pablo declara que “Porque las cosas invisibles de él [Dios], su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Rom. 1:20). La evidencia es tan convincente que solamente un hombre testarudo, aferrado a su ceguera, puede suprimirla.

Los hombres son ciegos para con Dios porque deciden serlo. Antes bien negarían su vista que confesar su pecado, pues ver la mano, el poder y el señorío de Dios significa reconocer también nuestro pecado contra Él, nuestra declaración anárquica de independencia en cuanto a Dios. Los hombres escogen ser ciegos antes que ser salvos. Prefieren ser su propio dios antes que confesar al Dios verdadero.

De modo que, el hombre pecador es alguien que se ciega a sí mismo, se auto engaña y un aspirante a dios. Los hombres ciegos no pueden gobernar un mundo que se rehúsan a ver, y como resultado, sus intentos de gobernar el mundo sin Dios van de desastre en desastre. Nuestros tiempos son testimonio de esto.

Pero se nos dice que, cuando los hombres clamaron al Señor en sus problemas y penurias, “Él envió Su palabra y los sanó” (Sal. 107:20). Escuchar la Palabra de Dios significa confesarle y declarar que Su Palabra es soberana y por lo tanto, redentora.

Significa reconocerle como Señor y Salvador. Significa confesar que hay más en cuanto al mundo que lo que vemos: siempre están la mano y el gobierno de Dios, en el mundo y en nosotros. ¿Ves eso?

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Rev. R. J. Rushdoony
Publicado el 21 de Agosto, 2007
El Granjero Californiano 244:2 (Ene. 17, 1976), p. 30.

Traducción de Donald Herrera Terán, para http://www.contra-mundum.org

Cristianismo Cultural

“Cristianismo cultural es la búsqueda del Dios que queremos en lugar del Dios que es. Es la tendencia a ser superficial en nuestra comprensión de Dios, queriendo que sea más un abuelito gentil que nos malcríe y nos deje hacer lo que deseamos. Es sentir la necesidad de Dios pero según nuestras propias condiciones. Es querer el Dios que tenemos subrayado en nuestras Biblias sin el resto de lo que Él es. Es un Dios relativo en lugar de un Dios absoluto.

El cristianismo cultural es un cristianismo hecho impotente. Es un cristianismo que tiene poco o ningún impacto sobre los valores y creencias de nuestra sociedad, cuando el punto de vista secular de la vida se mezcla con el cristianismo, ninguno de los dos sobrevive.

El cristianismo cultural pretende que Dios nos asegure tranquilidad y prosperidad como demostración de su amor. Dios es amor, pero no santo. Realmente, Dios nos ama tanto que Él va a limpiar el cristianismo cultural de nuestras vidas, de la misma forma que el platero purifica la plata carbonizando la escoria.”

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“El Hombre frente al Espejo” de Patrick M. Morley
Editorial Betania pag. 48

Teología Reformada (*)

teologos reformadosLa Teología Reformada recibe su nombre de la Reforma Protestante del siglo XVI, con un énfasis teológico distante, pero es una teología sólidamente basada en la propia Biblia. Los creyentes de la tradición reformada tienen mucha consideración a las contribuciones teológicas de Martín Lutero, Jonh Knox y particularmente en las de Juan Calvino, pero ellos también encuentran fuertes distinciones en los gigantes de la fe que fueron antes que ellos, tales como Anselmo y Agustino y principalmente en las cartas de Pablo y las enseñanzas de Jesús Cristo.

Los Cristianos Reformados sustentan las doctrinas características de todos los cristianos, incluyendo la Trinidad, la verdadera divinidad y humanidad de Jesús Cristo, la necesidad del sacrificio de Jesús por los pecados, la Iglesia como institución divinamente establecida, la inspiración de la Biblia, la exigencia para que los cristianos tengan una vida recta y la resurrección del cuerpo. Ellos sustentan otras doctrinas en común con los cristianos evangélicos, tales como justificación solamente por fe, la necesidad del Nuevo Nacimiento, el retorno personal y visible de Jesús Cristo y la Gran Comisión.

Entonces, que es distinto con respecto a la Teología Reformada?

1. La Doctrina de las Escrituras

El compromiso de la Reforma para con la Escritura enfatiza la inspiración, autoridad y suficiencia de la Biblia. Una vez que la Biblia es la Palabra de Dios y por tanto, tiene la autoridad del propio Dios, los reformadores afirmaron que esa autoridad es superior a cualquier gobierno de la tierra y a toda jerarquía de la Iglesia. Esta convicción dio a los creyentes reformados el coraje para enfrentar a la tiranía e hizo de la Teología Reformada una fuerza revolucionaria en la sociedad. La suficiencia de las Escrituras significa que ella no necesita ser complementada por una revelación nueva o especial. La Biblia es la guía completamente suficiente para aquello que nosotros debemos creer y nos muestra el cómo debemos de vivir como cristianos.

Los Reformadores, en particular, Juan Calvino, enfatizaron el modo como la Palabra escrita, objetiva y el ministerio interior, sobrenatural del Espíritu Santo trabajan junto, y el Espíritu Santo iluminando la Palabra para el pueblo de Dios. La Palabra sin la iluminación del Espíritu Santo se mantiene como un libro cerrado. La supuesta dirección del Espíritu Santo sin la Palabra lleva a errores. Los Reformadores también insistían sobre el derecho de los creyentes de estudiar las Escrituras por sí mismos. Nunca se negó la necesidad de contar con maestros capacitados, sin embargo, comprendieron que la claridad de las Escrituras en asuntos esenciales para la salvación torna a la Biblia como propiedad de todo creyente. Con ese derecho de acceso, siempre viene la responsabilidad sobre la interpretación cuidadosa y precisa de todo creyente.

2. La Soberanía de Dios

Para la mayoría de los reformadores, el principal y el distinguido de los artículos del credo, es la Soberanía de Dios. Soberanía significa gobierno, y la soberanía de Dios significa que Dios gobierna su creación con absoluto poder y autoridad, El determina lo que va a acontecer, y acontece. Dios no queda alarmado, frustrado o derrotado por las circunstancias, por el pecado o por la rebeldía de sus criaturas.

3. Las Doctrinas de la Gracia

La Teología Reformada enfatiza las doctrinas de al Gracia.

Depravación Total: esto no quiere decir que todas las personas son tan malas como ellas podrían ser. Significa, antes, que todos los seres humanos son afectados por el pecado en las áreas de pensamiento y conducta, de forma que nada de lo que viene de alguien, que se encuentra separado de la Gracia regeneradora de Dios, puede agradarlo. El pecado nos afecta de tal forma, que no podemos entender adecuadamente a Dios o sus caminos. Tampoco somos nosotros los que buscamos a Dios, y, si, Él es quien primeramente trabaja dentro de nosotros para llevarnos a buscarlo a Él.

Elección Incondicional: Un énfasis en la elección incomoda a muchas personas, pero el problema que los preocupa no es realmente la elección; sino algo que tiene que ver con la depravación. Si los pecadores son tan desamparados en su depravación, como la Biblia dice que lo son, incapaces de conocer a Dios y se rehúsan en buscarlo, entonces, el único medio por el cual ellos pueden ser salvos es cuando Dios toma la iniciativa de mudarlos y salvarlos. Es eso lo que significa Elección. Es Dios escogiendo salvar a aquellos que, sin su soberanía elección y subsecuentemente acción, ciertamente perecerían.

Expiación Limitada: el nombre es, potencialmente, engañoso, pues parece sugerir que los reformadores desean de alguna forma limitar el valor de la muerte de Cristo. No es el caso. El valor de la muerte de Cristo es infinito. La cuestión es saber cuál es el propósito de la muerte de Cristo y lo que el realizó con ella. ¿Cristo pretendía hacer de la salvación una posibilidad? o ¿Él realmente salvo aquellos por los que murió? La Teología Reformada acentúa que Jesús realmente hizo la propiciación por los pecados de aquellos a quien el Padre escogiera. Él realmente aplaco la ira de Dios para con su pueblo, asumiendo la culpa sobre sí mismo, redimiéndolos verdaderamente y reconciliando verdaderamente aquellas personas especificas con Dios. Un mejor nombre para expiación “limitada” sería redención “particular” o “especifica”.

Gracia Irresistible: Abandonados a nosotros mismo, nos resistimos a la Gracia de Dios. Más, cuando Dios actúa en nuestro corazón, regenerándonos y creando una voluntad renovada, entonces, lo que antes era indeseable se torna altamente deseable, y nos volvemos a Jesús de la misma forma como antes huíamos de Él. Pecadores arruinados resisten a la Gracia de Dios, pero su Gracia Regeneradora es efectiva. Ella supera el pecado y realiza los designios de Dios.

Perseverancia de los Santos: Un mejor nombre sería “Perseverancia de Dios para con los Santos”, sin embargo ambas ideas están realmente juntas. Dios permanece con nosotros protegiéndonos de dejar la fe, que ciertamente sucedería si Él no estuviera con nosotros. Más, porque Él persevera, nosotros también perseveramos. En realidad, perseverancia, es la prueba definitiva de nuestra elección.

4. Mandato Cultural

La Teología Reformada también enfatiza el mandato cultural o la obligación de los cristianos a vivir activamente en la sociedad y de trabajar para la transformación del mundo y sus criaturas. Los Reformadores tuvieron varias perspectivas en esta área. Más, en general concordaron con dos cosas. Primero, nosotros somos llamados para estar en el mundo y no para que nos apartemos de el. Esto separa a los reformadores de los monásticos. Segundo, nosotros debemos alimentar a los hambrientos, vestir a los despojados y visitar a los prisioneros. Mas la primera necesidad de las personas es en el ámbito espiritual, y las obras sociales no es el sustituto adecuado de la evangelización. Realmente, el empeño en ayudar a las personas solo será verdaderamente eficiente si su corazón y mente fueren transformadas por el Evangelio. Esto separa al creyente reformado del simple humanismo.

Se ha mencionado que, para la Teología Reformada, cualquier persona que crea y siga la línea reformada perderá toda la motivación para la evangelización. “Si Dios va a actuar, ¿por qué me debo de preocupar?”, Pero no es así como funciona. Es porque Dios ejecuta su obra que nosotros podemos tener el coraje de unirnos a Él, de la forma como Él nos ordena actuar. Nosotros actuamos así alegremente, sabiendo que nuestro esfuerzo jamás será en vano.

 

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(*) Articulo escrito por James Montgomery Boice y publicado en la Biblia de Estudio de Ginebra, de la Editora Cultura Cristiana, Brasil.

El Credo Atanasiano (Greg Uttinger)

El Credo Atanasiano

Aunque lleva el nombre de San Atanasio, el Credo Atanasiano nos llega de otra mano y de una era posterior. Su autor real es desconocido, pero el Credo parece haberse originado en la Galia o en el Norte de África a mediados del siglo quinto. Se halla en la tradición de San Agustín de Hipona y toma prestado libremente de sus escritos. Hace eco también de las victorias de Éfeso y de Calcedonia. Aunque el Credo no fue el producto de un concilio eclesiástico, fue usado extensamente por la iglesia medieval en el Occidente y después fue adoptado generalmente por las iglesias de la Reforma. Debido a que el Credo enseña la procesión del Espíritu desde el Hijo lo mismo que del Padre, ha sido usado en Oriente sólo ligeramente y en una forma alterada.

El Credo consiste de dos secciones, el primero sobre la doctrina de la Trinidad, el segundo sobre la Encarnación. Cada sección comienza con una advertencia de que la creencia correcta es necesaria para la salvación. El Credo termina con una advertencia similar. Estas así llamadas “cláusulas condenatorias” han sido ellas mismas, a menudo, condenadas, no tanto porque sus críticos pongan en duda los puntos específicos de la fe, sino porque esos críticos parecen ofendidos frente a la idea de que Dios pudiera realmente vincular la salvación celestial con la aceptación de dogmas específicos.[i]

El Credo, claro está, no requiere que todos los Cristianos entiendan plenamente las complejidades e implicaciones de la ortodoxia Trinitaria. Sí, un creyente ignorante puede hablar en, digamos, términos Sabelianos porque no ha sido enseñado en una mejor manera.

Él puede en su ignorancia comparar a la Trinidad con un huevo o un árbol. El Credo no aborda tal ignorancia; se dirige al rechazo absoluto de la verdad por parte de aquellos que tienen todas las razones para conocerla mejor. Hay pecados del intelecto, y el Credo pone esto muy en claro.[ii]

El Credo declara:

Todo el que quiera salvarse, debe ante todo mantener la Fe Universal. El que no guardare ésta Fe íntegra y pura, sin duda perecerá eternamente. Y la Fe Universal es ésta: que adoramos a un solo Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, sin confundir las Personas, ni dividir la Sustancia. Porque es una la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; mas la Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu es toda una, igual la Gloria, coeterna la Majestad. Así como es el Padre, así el Hijo, así el Espíritu Santo.

Increado es el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo.

Incomprensible es el Padre, incomprensible el Hijo, incomprensible el Espíritu Santo. Eterno es el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo.

Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno; como también no son tres incomprensibles, ni tres increados, sino un solo increado y un solo incomprensible. Asimismo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Y sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios. Así también, Señor es el Padre, Señor es el Hijo, Señor es el Espíritu Santo. Y sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor. Porque así como la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada una de las Personas de por sí es Dios y Señor, así la religión Cristiana nos prohíbe decir que hay tres Dioses o tres Señores. El Padre por nadie es hecho, ni creado, ni engendrado. El Hijo es sólo del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado.

El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente. Hay, pues, un Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos. Y en esta Trinidad nadie es primero ni postrero, ni nadie mayor ni menor; sino que todas las tres Personas son coeternas juntamente y co-iguales. De manera que en todo, como queda dicho, se ha de adorar la Unidad en Trinidad, y la Trinidad en Unidad. Por tanto, el que quiera salvarse debe pensar así de la Trinidad.

Además, es necesario para la salvación eterna que también crea correctamente en la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Porque la Fe verdadera, que creemos y confesamos, es que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre; Dios, de la Sustancia del Padre, engendrado antes de todos los siglos; y Hombre, de la Sustancia de su Madre, nacido en el mundo; perfecto Dios y perfecto Hombre, subsistente de alma racional y de carne Humana; igual al Padre, según su Divinidad; inferior al Padre, según su Humanidad. Quien, aunque sea Dios y Hombre, sin embargo, no son dos, sino un solo Cristo; uno, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por la asunción de la Humanidad en Dios; uno totalmente, no por confusión de Sustancia, sino por unidad de Persona. Pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y Hombre es un solo Cristo; El que padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos. Subió a los cielos, está sentado a la diestra del Padre, Dios Todopoderoso, de donde ha de venir a juzgar a vivos y muertos. A cuya venida todos los hombres resucitarán con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras. Y los que hubieren obrado bien irán a la vida eterna; y los que hubieren obrado mal, al fuego eterno. Esta es la Fe Universal, y quien no lo crea fielmente no puede salvarse.

El Credo rechaza tanto al Sabelianismo como al politeísmo con las palabras, “sin confundir las Personas, ni dividir la Sustancia.” De igual manera afirma la Encarnación con una fórmula que asesta un golpe tanto a la herejía Monofisita como a la Nestoriana: “uno totalmente, no por confusión de Sustancia, sino por unidad de Persona.” Aunque el Credo evita la controversial palabra “theotokos,” nos da la Cristología de Éfeso y de Calcedonia en términos nada ambiguos. Pero es en la primera sección sobre la Trinidad donde el Credo va más allá de la obra de los concilios ecuménicos hacia una teología más madura.

 

Trinitarianismo Maduro

El Credo Atanasiano es mucho más riguroso y detallado en su doctrina de la Trinidad de lo que es el Credo Niceno. Mientras que Nicea y Constantinopla confesaron la verdadera deidad del Hijo y del Espíritu Santo, dejaron lugar para la subordinación del Hijo al Padre y del Espíritu Santo a ambos. Todas las herejías que plagaban la iglesia primitiva requerían alguna forma de subordinación de esencia en la Trinidad. Es decir, cada una de ellas buscaba disminuir la deidad del Hijo y del Espíritu. El Padre era “realmente” Dios y el Hijo y el Espíritu eran emanaciones o proyecciones menores. Tal entendimiento de Dios era necesario, así afirmaban los herejes, para evitar un retorno al politeísmo y para guardar la dignidad de la Deidad y la racionalidad de la teología Cristiana.

Pero el subordinacionismo constituye, de hecho, una guerra contra Dios. Asesta un golpe a la comunión y a la comunicación que existe en la Trinidad, dejando a Dios silencioso y remoto. Priva al Hijo de su poder salvador, convirtiéndolo en un hijo entre muchos posibles hijos. El subordinacionismo conduce necesariamente a la fragmentación de la verdad, a la salvación por obras, a mesías alternos, y a la deificación del Estado. “El resultado inevitable de todo subordinacionismo es otro salvador.”[iii]

El Credo Atanasiano afirma la igual deidad de todas las Tres Personas. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son co-iguales en naturaleza, majestad y gloria. Cada uno posee la esencia divina en toda su plenitud. Cada Persona es verdadera y plenamente Dios. Pueden ser distinguidos solo por sus propiedades personales: el Padre “por nadie es hecho, ni creado, ni engendrado”; el Hijo es “del Padre… no creado sino engendrado”; el Espíritu Santo “es del Padre y del Hijo, ni hecho ni creado ni engendrado, pero procedente.” Las confesiones Protestantes posteriores han añadido poco a esta descripción de la Trinidad.

Por ejemplo, la Confesión de Ausburgo (1530) dice:

Nosotros, unánimemente sostenemos y enseñamos, en concordancia con el decreto del Concilio de Nicea, que hay una esencia divina, que es llamada y que es verdaderamente Dios, y que hay tres personas en esta única esencia divina, igual en poder e igualmente eternas: Dios el Padre, Dios el Hijo, Dios el Espíritu Santo. Todos los tres son una esencia divina, eterna, sin división, sin fin, de poder, sabiduría y bondad infinitas, un creador y preservador de todas las cosas visibles e invisibles. La palabra “persona” ha de entenderse como los Padres emplearon el término en esta conexión, no como una parte o una propiedad de otro sino como aquello que existe en sí mismo.

Y la Confesión de Fe de Westminster (1646) nos dice:

En la unidad de la Divinidad hay tres Personas, de una sustancia, poder y eternidad; Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. El Padre no es engendrado ni procede de nadie; el Hijo es eternamente engendrado del Padre, y el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo.

Sin embargo, debemos ser cuidadosos de no pensar que nuestras confesiones han conseguido expresar todo lo que hay que decir con respecto a Dios, mucho menos todo lo que Dios conoce de Sí mismo. Por ejemplo, “Un Dios, tres Personas” no significa que tenemos un Dios de tres cabezas, tres personalidades separadas que comparten alguna sustancia abstracta en común. Dios es simple en Su esencia y no tiene partes. No hay tres voluntades o tres inteligencias en la Sustancia de Dios, sino que cada Persona posee todos los atributos divinos total e igualmente. O para ver la doctrina desde otra dirección, la Escritura habla del único Dios (“una Sustancia”) como “Él,” no como “ello” o “Ellos”; y a menos que las tres Personas estén haciendo referencia los unos de los otros, Dios dice “Yo,” no “Nosotros.” Claramente, nuestras fórmulas – tan cruciales como son – no agotan el misterio de la Divinidad.

 

Implicaciones y Aplicaciones

La naturaleza exacta de la Trinidad se halla más allá de la razón humana. Esto debiese ser claro. Sin embargo, confesamos la doctrina como verdad porque Dios mismo la ha revelado en la Escritura. De esto, y de manera más general, de la doctrina misma podemos sacar algunas lecciones importantes.

Primero, está claro que no necesitamos entender exhaustivamente una cosa para entenderla verdaderamente. Dios se conoce a Sí mismo y al mundo de manera exhaustiva, y Él nos dice cosas verdaderas acerca de ambas cosas en la Sagrada Escritura. De esa manera nos capacita para edificar nuestro conocimiento del mundo sobre el seguro fundamento de Su propia omnisciencia. Podemos hablar con significado de Dios y del universo sin tener nosotros mismos que saberlo todo con respecto a ellos.

Segundo, podemos esperar que el misterio que envuelve a la doctrina de la Trinidad aparezca en toda discusión del Ser y las obras de Dios. La razón humana no puede escalar la infinidad y medir la eternidad. La razón debe tropezar cuando se pone como meta el entendimiento completo de la Deidad, pero servirá bien cuando humildemente recibe las declaraciones de la Escritura como verdad. Debemos confesar que creemos muchas cosas extensas y profundas, no porque podemos arreglarlas todas juntas, sino simplemente “porque la Biblia así nos lo dice.”

Tercero, tenemos en la Trinidad un patrón para la vida comunal que Dios tiene como propósito para Su pueblo. Pues somos miembros de un solo cuerpo (1 Cor. 12) y somos llamados, en toda nuestra diversidad, al amor, al compañerismo y al servicio mutuos dentro del marco de la ley pactal. No somos como las abejas zánganos absorbidos en una colmena ni estrellas errantes perdidas en el vacío. Nuestras vidas y dones son significativos precisamente porque pertenecemos a algo – a Alguien – más grande que nosotros mismos.

La iglesia, como la Trinidad, es Una y Muchos, y mantenemos el balance entre los dos polos por la obediencia fiel a toda la palabra de Dios. La Escritura nos da libertad dentro de la forma, libertad bajo la ley, amor sin egoísmo.

Cuarto, podemos también comenzar a contestar el problema del Uno y los Muchos en su forma más general. La doctrina Bíblica de la Trinidad implica la igual condición de último del Uno y los Muchos tanto en Dios como en Su creación. Dios es Uno; Dios es Tres. En Dios la unidad y la diversidad son igualmente reales y últimas. Lo mismo es cierto en el mundo que Él ha hecho. Unidad y diversidad, forma y libertad, el grupo y el individuo, la constancia y el cambio, significado total y hecho individual, todos por igual tienen su lugar en el orden de Dios. Dios ordena los años cíclicos y las repetitivas estaciones. Él crea a la célula y al cuerpo, al organismo y al ecosistema. Él ordena la aún mayor unidad en diversidad de la familia, la comunidad y la iglesia. Nos da una diversidad fantástica y una individualidad sorprendente en el contexto del significado total. No somos dejados en el estancamiento panteísta o en el hecho aislado. Nuestras opciones no son la tiranía o la anarquía (o una mezcla dialéctica – un poco de tiranía con un poco de anarquía). El Cristianismo Trinitario nos provee de verdadero significado para todos los pormenores y verdadera libertad bajo la ley pactal de Dios.

 

Conclusión

En el capítulo final de Perelandra, C. S. Lewis habla de la creación, dirigida por la Providencia prevaleciente, como “La Gran Danza.” La metáfora es adecuada. En un salón de baile o en una danza popular, cada participante es responsable de su propio rol. No puede ver el todo, mucho menos moldear el todo. Pero a medida que realiza bien su parte de la danza, mientras se somete a las reglas de la danza, ayuda a crear una cosa de extraordinaria complejidad y de gran belleza. Así es el universo, y así es la iglesia. Pero la raíz de todo esto yace en la vida interior del Dios Trino. El Credo Atanasiano – y en verdad cualquier declaración de fe Trinitaria – puede parecer intrincado, repetitivo y muy elaborado, pero la Fe que tales declaraciones delinean es el mismo fundamento de la comunión, la libertad, la belleza y el gozo.

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Greg Uttinger enseña teología, historia y literatura en la Escuela Cristiana de Cornerstone en Roseville, California. Vive cerca del Condado de Sacramento con su esposa Kate y sus tres hijos. Puede ser contactado en paul_ryland@hotmail.com


[i] Schaff, habiendo expresado su propia insatisfacción con estas cláusulas, registra las quejas más audaces de otros escritores. Véase Philip Schaff, Los Credos de la Cristiandad, vol. I (Grand Rapids: Baker Book House, 1990 reimpresión), 40n.

[ii] Véase la discusión entre el joven y el teólogo en la obra El Gran Divorcio de C. S. Lewis (New York:Macmillan Publishing Company, 1946), 39ss.

[iii] Rousas J. Rushdoony, Fundamentos del Orden Social (N. p.: Presbyterian and Reformed Publishing Company, 1968), 94.

Des-elegido no hay ningún elegido

Este articulo lo leí en el Blog de Mis Libros y Pergaminos de Humberto Pérez, disfrútenlo como yo.

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“Clama aún, diciendo: Aún rebosarán mis ciudades con la abundancia del bien, y aún consolará Jehová a Sión, y aún escogerá todavía a Jerusalén” (Zacarías 1.17)

Tú dices, “Dios me escogió pero pequé, me escogió en otro tiempo, ahora no soy ya escogido por él, si así todavía fuera, él me hubiera respondido”. Los judíos en Babilonia pensaban de modo similar, habían sido transportados hasta allí y vividos 70 años fuera de Israel lo que les había hecho creer que ya no eran el pueblo de Dios, que Jerusalén había sido desechada como asiento de los pies divinos.

Habían perdido el concepto de la elección como nación y por eso desmayaban, muchos no querían regresar, se miraban como las otras naciones, abandonadas por la providencia y sujetas al azar y la fortuna. Una palabra muy importante para el profeta para animarlos es escoger y la repite varias veces; (2:12; 3:2).

Si Dios te escogió cuando eras débil e impío y te dio su gracia, y por un tiempo fuiste su siervo o sierva, ¿no hay ya una razón para devolverte la gracia que malgastaste? Aunque el servicio a Dios no te vista con una justicia intrínseca, ¿es injusto Dios para olvidar el servicio que le prestaste? No se diga eso. Pero aquí no se trata de apostasía sino de un largo tiempo de castigo, y el pueblo se siente abandonado por Dios. Si aún puedes creer estate seguro que la elección permanece. Los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables (Ro. 11:28, 29). Zacarías habló mucho del amor de Dios por Jerusalén y que ese amor no ha cambiado. La elección divina y el llamamiento de Dios son dos doctrinas inconmovibles que garantizan la fe en la providencia, sabiduría, el proceso de avance del reino de Dios, su triunfo. Si Dios te ha escogido, en 70 nuevos años te volvería a escoger, en mil años más no se arrepentirá el Señor de haberte elegido para la salvación.

Aunque usted no lo crea…

Años atrás se pasaba por la TV una serie llamada “Aunque usted no lo crea..”; bueno, este es el titulo de este post, que si bien es cierto no tiene nada que ver con el tema del BLOG no pude evitar comentar.

El Coyote por fin capturo al Correcaminos!!!!! bravoooooooo a la perseverancia del pobre Coyote, que todos estos años no ha comido nada. Que lo disfrute el Coyote. jajajajajaja