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La Necesidad de Arrepentimiento

¿Por qué es el arrepentimiento bíblico la necesidad de esta hora? Porque vivimos en una época en que la mayoría de los líderes religiosos realmente niegan la necesidad de arrepentimiento. Si es que lo predican, lo debilitan como el presidente de un seminario que dijo que el arrepentimiento no significa más que “un caballero decirle a Dios que lamenta haber hecho lo que hizo”. Otros dicen que el arrepentimiento es únicamente para los judíos y no para nosotros en la actualidad. Algunos dicen que el arrepentimiento es sólo para los hijos de Dios y que no tiene nada que ver con los pecadores perdidos, mientras que otros predican justo lo contrario: ¡dicen que el arrepentimiento es sólo para pecadores perdidos pero no para los hijos de Dios! Continuar leyendo


Mortificación del Pecado por John Owen

Mortificar el pecado

La palabra mortificar ha sido traducida al español como “matar”, “hacer morir” y “amortiguar”. La palabra es usada en distintas formas en el español, por ejemplo, a veces significa: Negarse a gratificar (cumplir) un deseo. En su uso simbólico significa molestar, fastidiar o amargar la vida. En su uso bíblico, esta palabra significa: Quitar la fuerza, la vitalidad y el poder de algo a fin de que muera. La palabra incluye la idea de debilitar por falta de alimento o hacer morir de hambre; o privar de la comida o alimento. Esta es la idea que vemos en Romanos 13: 14 que dice: “no proveáis para los deseos de la carne”, en la Versión actualizada se traduce como: “No hagáis provisión para satisfacer los malos deseos de la carne”, En otras palabras, debemos acabar con cualquier cosa en nuestras vidas que sirva como “comida” para alimentar la naturaleza pecaminosa. No debemos proporcionarle ninguna cosa que le fortalezca o que le ayude a tener fuerza, poder y vitalidad.

PECADO En el Nuevo Testamento la mortificación del pecado se describe en términos de una crucifixión. (Romanos 6:6; Gálatas 2:20, 5:24 y 6: 14). La figura es la de una muerte lenta, gradual y dolorosa provocada por la privación. También la mortificación es descrita en términos de violencia, la idea es de hacer “violencia santa” contra el enemigo de nuestras almas. Las palabras de Cristo en Marcos 9:43-47 “córtalo” y “sácalo” corroboran esta idea. También las palabras de Pablo en I Corintios 9:26-27, “pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer” nos hablan no de violencia física sino espiritual en contra del pecado. Además, las palabras en I Pedro 2:11 también nos hablan de violencia espiritual: ”Amados, yo os ruego como á extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma”. El pecado lucha y pelea para preservar su propia vida. La frase “violencia espiritual” es muy apropiada porque no es fácil matar a un enemigo que lucha y se encuentra en peligro. “Todos aquellos que piensan acabar con el pecado con unos cuantos ‘golpes ligeros’ se equivocan, porque fracasarán y terminarán siendo muertos por este enemigo.”

La regeneración asegura que los creyentes no pueden continuar viviendo bajo el control del pecado, pero no significa la  aniquilación o la destrucción de las raíces del pecado en su corazón. La regeneración no aniquila ningún pecado sino que más bien produce un cambio en nuestra relación con todo pecado. El apóstol Pablo es un ejemplo de esta realidad. Vemos en su vida que algunos pecados fueron mortificados en el momento de su nacimiento nuevo (por ejemplo, su odio hacia los gentiles y cristianos). Otros pecados fueron debilitados por la regeneración (Romanos 7:15-25) y algunos permanecieron con mucha fortaleza (II Corintios 12:7-10 su lucha continua contra el orgullo)

Aunque la muerte del creyente al pecado fue comprada y asegurada por la muerte de Cristo en su lugar (Romanos 6:2), sin embargo, la mortificación del pecado sigue siendo todavía el deber cotidiano del creyente. Aunque hemos recibido la promesa de una victoria completa cuando fuimos convertidos al principio, (a través de la convicción de pecado, humillación por pecado y la implantación de un nuevo principio de vida que es opuesto y destructivo para el pecado) el pecado permanece en el creyente. El pecado es activo en todos los creyentes, aún en los mejores creyentes mientras que vivan en este mundo. Por lo tanto, la mortificación continua, día tras día, es esencial a lo largo de toda su vida.

El mal de no tomar en serio el pecado

Una persona puede hablar acerca del pecado y decir que es algo muy malo; no obstante, si esa persona no mortifica diariamente su propio pecado, quiere decir que no lo está tomando en serio. La causa principal de la falta de mortificación del pecado es que el pecado sigue adelante sin que la persona se percate de ello.

Alguien que sostiene la idea de que la gracia y la misericordia divinas le permiten pasar por alto sus pecados cotidianos, está muy cerca de convertir la gracia de Dios en un pretexto para pecar, y de ser endurecido por el engaño del pecado. No hay una evidencia más grande de un corazón falso y podrido que esto. Lector, tenga cuidado de tal rebelión. Esto solamente puede conducirle al debilitamiento de su fortaleza espiritual, si no es que a algo peor: la apostasía y el infierno. La sangre de Cristo es para purificarnos (I Juan 1:7; Tito 2: 14), no para consolarnos en una vida de pecado. La exaltación de Cristo debería conducirnos al arrepentimiento (Hechos 5:31) y la gracia de Dios debe enseñarnos a decir no a la impiedad (Tito 2:11-12).

La Biblia habla de personas que abandonan la iglesia porque nunca pertenecieron realmente a ella (I Juan 2:19). La forma en que esto ocurre a muchas de estas personas es más o menos como sigue: Ellas estaban bajo convicción por algún tiempo y esto les condujo a hacer ciertas obras y a profesar la fe en Cristo. Ellos se apartaron de las contaminaciones del mundo por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo (II Pedro 2:20). Pero, después de que conocieron el evangelio se cansaron de sus deberes espirituales. Puesto que sus corazones nunca habían sido realmente cambiados, ellos se permitieron a sí mismos, descuidar varios aspectos de la enseñanza bíblica acerca de la gracia. Una vez que este mal hubo atrapado sus corazones, fue solamente cuestión de tiempo hasta que se hundieron en el camino que conduce al infierno. (Es decir, se convirtieron en apóstatas.)

Una influencia que endurece a otros

Una persona que no mortifica en sí misma el pecado no puede ser preservada de caer abiertamente en la apostasía, y no obstante al mismo tiempo ejerce una influencia doble sobre otras personas: 

Cuando los inconversos pueden ver tan poca diferencia entre sus propias vidas y la de una persona que profesa el cristianismo pero que no mortifica sus pecados, entonces no ven ninguna necesidad de ser convertidos. Ellos observan el celo religioso de dicha persona, pero también observan su impaciencia con aquellos con quienes no está de acuerdo. Ellos observan sus muchas inconsistencias. Ellos ven que en algunas cosas se separa del mundo, pero se fijan más en su egoísmo y su falta de esfuerzo para ayudar a otros. Ellos escuchan su conversación espiritual y sus reclamos de tener comunión con Dios; pero todo es contradicho por su conformidad a los caminos del mundo. Ellos escuchan su jactancia de que sus pecados han sido perdonados, pero también se fijan en su falla de no perdonar a otros. Entonces, observando la pobre calidad de vida de tal persona, se endurecen en sus corazones contra el cristianismo y concluyen que sus vidas son tan buenas como las de cualquier “creyente”.

Por otro lado, otros pueden tomar a tal persona como un ejemplo de un cristiano y asumir que, debido a que pueden imitar su ejemplo o mejorarlo, por lo tanto ellos también podrían considerarse como cristianos. En esta forma tales personas son engañadas y piensan que son cristianos cuando en realidad no poseen la vida eterna.

 

Apartes tomados del libro LA MORTIFICACIÓN DEL PECADO del puritano JOHN OWEN


Arrepentimiento – Martin Lloyd-Jones

“Arrepentimiento significa que te das cuenta que eres un culpable, vil pecador en la presencia de Dios, que te mereces la ira y el castigo de Dios, que estás destinado al infierno. Esto significa que usted comienza a darse cuenta de que ésta cosa llamada pecado está en ti, que deseas deshacerte de él, y que dé la espalda en todas sus formas. Renuncias al mundo cueste lo que cueste, el mundo en su forma de pensar y sus perspectivas, así como su práctica, y negarse a tí mismo, y tomar la cruz y seguir a Cristo. Sus más cercanos y queridos, y todo el mundo, puede llamarte a un tonto, o que eres fanático. Puedes que tengas que sufrir financieramente, pero no hace ninguna diferencia. Ese es el arrepentimiento.”

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Tomado de Los Estudios De El Sermón Del Monte de Martin Lloyd-Jones 1959.


¡CUIDADO con el falso arrepentimiento!

Todo este articulo lo encontré en el BLOG : “Mirad que nadie os engañe” y esto 100% de acuerdo con todo lo que en el se dice. Lo transcribo para nuestra edificación.

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Es un hecho que el arrepentimiento es ordenado en la Biblia:

El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” Mr. 1:15

Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” Lc. 13:3

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” Hch. 17:30-31.

Teológicamente, el arrepentimiento antes que ser una condición para salvación, es realmente una manifestación de ella, ya que evidencia la obra regeneradora del Espíritu Santo en nuestro corazón, al igual que la fe (Fil. 1:29). Esto se demuestra en que el arrepentimiento es concedido por Dios:

“Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: !De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” Hch. 11:18.

“que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” 2 Tim. 2:25

Entonces, cuando el arrepentimiento se produce es una manifestación de lo que describe el profeta Ezequiel:

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” Ez. 36:26-27

El arrepentimiento es evidencia de que el Señor ha transformado nuestro corazón de uno que era enemigo de sus preceptos (Col. 1:21) a uno sensible a la Palabra de su Señor (“de carne”). Nótese la soberanía de Dios en todo esto, siendo sólo Él quien tiene el control completo de la situación.

Por todo lo anterior, es necesario que nos examinemos (2 Co. 13:5), e inquiramos si tenemos ese arrepentimiento para vida. Hay pocas situaciones más desastrosas que la de aquella persona que cree haber alcanzado salvación, que cree haberse arrepentido genuinamente cuando en realidad no conoce el arrepentimiento verdadero.

¿Nos hemos apartado del pecado por amor a Cristo? ¿Hay un cambio en nuestra vida? ¿Somos realmente nuevas criaturas? ¿Es nuestro arrepentimiento genuino, o se trata de una mera ilusión? ¿Estamos creciendo en arrepentimiento y santidad?

Roguemos a Dios por misericordia y gracia, y porque podamos crecer en arrepentimiento y en conocimiento de su Hijo Jesucristo.

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Los dejo con una predicación de Charles Spurgeon sobre falsos arrepentimientos. El audio está tomado de esta página. LES RUEGO QUE LA ESCUCHEN, es fundamental que tengamos claras estas verdades.


¿Somos hipócritas?

Cuando vi este video me acorde de una frase que escuche a un predicador: “si realmente quieres conocer si uno es un creyente o no, ve a su casa y  obsérvalo”.

Es triste ver que lo que se escenifica en este video es la realidad de muchos hogares de miembros de las iglesias. Inclusive, diría yo, de muchos Pastores. Tenemos una fachada de creyentes, pero en realidad estamos lejos de serlos por las evidencias dadas en nuestras vidas.

Uno realmente es salvo por Fe, sin necesidad de que hagamos algo para lograrlo; pero esa salvación debe de producir frutos y estos frutos demostrarán si realmente nuestro arrepentimiento fue real o espurio.

Los invito a observar el video y a meditar.

Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores; y vosotros de doble ánimo, purificad vuestros corazones.Afligíos, lamentad y llorad; que vuestra risa se torne en llanto y vuestro gozo en tristeza.Humillaos en la presencia del Señor y El os exaltará.   Santiago 4: 8-10

 


El Hijo Pródigo y el Hermano Mayor

Por Don Walker

Una de las parábolas mejor conocidas de Jesús es la historia del hijo pródigo. En Lucas 15 Jesús narra la historia de como uno de los dos hijos de un padre – el más joven – obtuvo su herencia, viajó lejos, despilfarró su riqueza en una vida desenfrenada, y terminó en un corral de cerdos. Desde el fondo de esta crisis se arrepintió y comenzó su regreso a casa con la intención de ser un siervo en la casa de su padre. El padre, emocionado al ver el regreso de su hijo pródigo, tuvo compasión de él, le restauró a su lugar en la casa y celebró una fiesta.

 
Toda esta atención especial dispensada en el hermano más joven hizo que el hermano mayor se llenara de ira. El hermano mayor había permanecido en casa, había servido al padre y ahora se sentía desairado. El padre nunca le había celebrado una fiesta. El padre luego le recuerda que todo lo que el padre tenía era suyo. En otras palabras, el padre había guardado su pacto con el hijo mayor. Pero también era el corazón del padre mostrar compasión hacia su hijo arrepentido – el pródigo que había regresado.
Ahora, he aquí la pregunta para nosotros. ¿De quién fue el peor pecado – el del pródigo o el del hermano mayor? Sea honesto. En su opinión, ¿cuál pecado fue más grande? ¿Fue el pecado del pródigo el más grande al haber abandonado a su familia y despilfarrado su herencia con prostitutas, o fue la falta de compasión y el resentimiento centrado en el yo mostrado por el hermano mayor el pecado más grande? Su respuesta revela mucho sobre usted mismo y sobre su actitud a la luz de la Palabra de Dios.

 
Dos características básicas de Dios son Su Justicia y Su misericordia. Estos dos aspectos de la naturaleza de Dios no están en conflicto el uno con el otro. Operan juntos en armonía. Nunca debemos disminuir el estándar justo de Dios, y nunca debemos descuidar el mostrar misericordia y compasión. Nosotros, como creyentes, debemos aprender a caminar en el balance de estas dos cosas. Ambas reflejan el corazón pleno del Padre. Tomemos nota de lo que las Escrituras nos dicen con respecto a Jesús:

Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad.
porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de
Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.”
Juan 1:14, 16-17.

Si mi respuesta es que el pecado del hermano mayor fue más grande, esto revela una “inclinación” hacia el lado de la gracia y la misericordia. Si tomo la posición de que el pecado del pródigo fue más grande, revela una “inclinación” hacia el lado de la verdad y la justicia.
Esta pequeña prueba nos dice hacia qué lado de la ecuación de Dios nos inclinamos con más fuerza – porque cualquiera de las respuestas está fuera de equilibrio, y por lo tanto, es incorrecta. El pecado es pecado, y ambos pecados son igualmente malos a la vista de Dios. Es en Cristo que la misericordia y la justicia se unen. Fue en la Cruz que la justicia de Dios y la misericordia de Dios convergieron en el tiempo y el espacio. Las justas demandas de la ley de Dios fueron allí satisfechas, no obstante, allí fue revelada la misericordia de Dios. Jesús recibió justicia para que usted y yo pudiéramos mostrar misericordia. “La misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron” (Salmo 85:10).

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Sitio web y archivo de anteriores “Saetas de Verdad”: http://www.basileiaministries.org


Falsos Arrepentimientos

“Consideraremos ciertos FALSOS ARREPENTIMIENTOS. Voy a comenzar haciendo esta observación: que espantarse bajo el sonido del Evangelio no es “arrepentimiento.” Hay muchas personas que cuando oyen un fiel sermón evangélico, permanecen agitadas y conmovidas. Mediante un cierto poder que acompaña a la Palabra, Dios da testimonio de que se trata de Su propia Palabra, y provoca en aquellos que la oyen un cierto temblor involuntario.

He visto a algunas personas, -cuando las verdades de la Escritura han resonado desde este púlpito- cuyas rodillas han temblado chocando entre sí, cuyos ojos han derramado lágrimas como si hubiesen sido fuentes de agua. He sido testigo de la profunda depresión de su espíritu, cuando -según me han dicho algunos de ellos- fueron sacudidos hasta el punto de no saber cómo soportar el sonido de la voz, pues era semejante a la terrible trompeta del Sinaí, tronando únicamente su destrucción.

Queridos lectores, ustedes podrían estar sumamente turbados bajo la predicación del Evangelio, y, sin embargo, podrían no tener ese “arrepentimiento para vida.” Ustedes podrían saber lo que es estar muy seria y profundamente afectados cuando asisten a la casa de Dios, y sin embargo, podrían ser pecadores endurecidos.

Permítanme confirmar esta observación mediante un ejemplo: Pablo compareció ante Félix con sus manos encadenadas, y cuando disertaba acerca de “la justicia, del dominio propio y del juicio venidero,” está escrito que “Félix se espantó,” y, sin embargo, por buscar dilaciones, Félix se encuentra en la perdición, en medio del resto de personas que han dicho: “prosigue tu camino por esta vez; cuando encuentre un tiempo adecuado te buscaré.”

Hay muchas personas que no pueden asistir a la casa de Dios sin alarmarse; ustedes saben lo que es estar espantados ante el pensamiento de que Dios los castigará; puede ser que con frecuencia hayan sido inducidos a una emoción sincera bajo la influencia del ministro de Dios; pero, permítanme decirles que, a pesar de todo, podrían ser desechados porque no se han arrepentido de sus pecados ni se han vuelto a Dios.

Peor aún. Es muy posible que no solamente se espanten ante la Palabra de Dios, sino que podrían volverse Agripas amigables, y estar “por poco persuadidos” a volverse a Jesucristo, y, sin embargo, no tener ningún “arrepentimiento”; podrían ir más allá y llegar a desear el Evangelio; podrían decir: “¡Oh!, este Evangelio es algo tan bueno, que yo quisiera recibirlo. Asegura tanta felicidad aquí y tanto gozo en el más allá, que quisiera poder llamarlo mío.” ¡Oh, es bueno oír de esta manera esta voz de Dios! Pero podrían quedarse tranquilos, y, mientras algún texto poderoso es predicado adecuadamente, podrían decirse: “creo que es verdad”; pero tiene que entrar en el corazón antes de que puedan arrepentirse. Puedes incluso caer de rodillas en oración y puedes pedir con labios aterrados que esto sea de bendición para tu alma; y, después de todo, podría ser que no fueras un hijo de Dios. Podrías decir como Agripa le dijo a Pablo: “Por poco me persuades a ser cristiano”; sin embargo, igual que Agripa, podrías no pasar más allá del “por poco.” Agripa estaba “casi persuadido a ser cristiano,” pero no “plenamente convencido.”

Ahora, cuántos de ustedes han estado “por poco persuadidos” y, sin embargo, no están realmente en el camino a la vida eterna. Cuán a menudo la convicción los ha conducido a caer de rodillas y “por poco” se han arrepentido, pero han permanecido allí, sin arrepentirse realmente.

¿Ven aquel cadáver? Murió recientemente. Todavía no ha adquirido la lividez mortal, su color se semeja todavía a la vida. Su mano está tibia todavía; podría pensarse que está vivo, y casi pareciera respirar. Todo está íntegro: el gusano escasamente lo ha tocado; la descomposición escasamente se ha presentado; no hay ningún olor fétido. Sin embargo, la vida se ha ido; no hay ninguna vida allí.

Lo mismo sucede con ustedes: por poco están vivos; por poco tienen cada órgano externo de la religión que tiene el cristiano; pero no tienen vida. Podrían tener un arrepentimiento, pero no el arrepentimiento sincero. ¡Oh, hipócrita! Te advierto el día de hoy, que no solamente podrías sentir espanto sino hasta una complacencia por la Palabra de Dios, y, sin embargo, después de todo, no tener “arrepentimiento para vida”. Todavía podrían hundirse en el pozo del abismo, y escuchar que se diga: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.”

Pero, además, es todavía posible que los hombres progresen inclusive más allá de esto, y que positivamente se humillen bajo la mano de Dios, pero que sean completos extraños al arrepentimiento. Su bondad no es como la nube mañanera y el rocío temprano que se desvanecen, sino que después que escuchan el sermón, regresan a casa y realizan lo que ellos conciben que es la obra del arrepentimiento, es decir, renuncian a ciertos vicios y necedades, se visten de cilicio y sus lágrimas se derraman muy abundantemente por causa de lo que han hecho; se lamentan delante de Dios; y, sin embargo, con todo eso, su arrepentimiento no es sino un arrepentimiento pasajero, y regresan otra vez a sus pecados.

¿Acaso niegan que exista tal penitencia? Permítanme contarles un caso. Un cierto hombre llamado Acab codiciaba la viña de su vecino Nabot, que se rehusaba a venderla a cualquier precio ni hacer un intercambio. Acab consultó con su esposa Jezabel, que urdió el plan de matar a Nabot para que el rey se apropiara de la viña. Después que Nabot murió, y Acab hubo tomado posesión de la viña, el siervo del Señor se reunió con Acab y le dijo: “¿No mataste, y también has despojado?. . .Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre. . . .He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad.” Leemos que Acab se fue y anduvo humillado; y el Señor dijo: “Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días.”

Él le había concedido una suerte de misericordia; pero leemos a continuación, en el siguiente capítulo, que Acab se rebeló, y en una batalla en Ramot de Galaad, de conformidad al siervo del Señor, fue muerto allí; así que “los perros lamieron su sangre” exactamente en la viña de Nabot.

Ustedes también, les digo, podrían andar humillados delante de Dios por un tiempo, y, sin embargo, podrían seguir siendo los esclavos de sus transgresiones. Ustedes tienen miedo de la condenación, pero no tienen miedo de pecar: tienen miedo del infierno, pero no le temen a sus iniquidades; tienen miedo de ser arrojados al pozo, pero no temen endurecer sus corazones contra Sus mandamientos.

¿No es verdad, oh pecador, que le tienes pavor al infierno? No es el estado de tu alma el que te turba, sino el infierno. Si el infierno fuera extinguido, tu arrepentimiento se extinguiría; si los terrores que te esperan fuesen eliminados, pecarías más pérfidamente que antes, y tu alma se endurecería, y se rebelaría contra su soberano.

No se engañen, hermanos míos, en este punto; examínense para comprobar si andan en fe; pregúntense si tienen el “arrepentimiento para vida”; pues podrían andar humillados por un tiempo, y, sin embargo, no arrepentirse nunca delante de Dios.

Muchos avanzan más allá de esto, y, sin embargo, están destituidos de la gracia. Podría ser posible que confieses tus pecados sin arrepentirte. Podrías acercarte a Dios, y decirle que eres un miserable; podrías enumerar una larga lista de tus transgresiones y de los pecados que has cometido, sin un sentido de la horripilación de tu culpa, sin una sola chispa de odio real a tus acciones.

Podrías confesar y reconocer tus transgresiones, y, sin embargo, no sentir un aborrecimiento del pecado; y si no resistes al pecado, en la fortaleza de Dios, si no lo abandonas, este supuesto arrepentimiento no sería sino el color dorado que luce la pintura decorativa; no se trata de la gracia que realmente transforma en el oro que soporta el fuego. Digo que podrían llegar a confesar sus faltas, y, sin embargo, no tener arrepentimiento.

Además, y entonces habré tocado el más lejano pensamiento que he de dar sobre este punto. Podrían hacer alguna obra digna del arrepentimiento, y sin embargo ser impenitentes. Déjenme darles una prueba de esto en un hecho autenticado por la inspiración.

Judas traicionó a su Señor, y después de haberlo hecho, un sobrecogedor sentido del enorme mal que había cometido se apoderó de él. Su culpa enterró toda esperanza de arrepentimiento, y en el abatimiento de la desesperación, mas no en el dolor de la verdadera compunción, confesó su pecado a los sumos sacerdotes, clamando: “Yo he pecado entregando sangre inocente.” Ellos le dijeron: “¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!” Entonces arrojó las piezas de plata en el templo, para mostrar que no podía soportar cargar con el precio de la culpa; y las dejó allí. Salió, y, ¿fue salvo? No. “Salió, y fue y se ahorcó.”

Y aun entonces la venganza de Dios le siguió: pues cuando se colgó cayó desde la altura donde estaba suspendido, y quedó destrozado; se perdió y su alma pereció. Pueden ver lo que este hombre hizo. Él pecó, confesó su error, y devolvió el oro; sin embargo, después de eso, fue un réprobo. ¿Acaso no nos pone a temblar esto?

Pueden ver cuán posible es ser tan aproximadamente el remedo de un cristiano, que la propia sabiduría, si solamente fuera mortal, sería engañada.”

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Escrito por Charles Spurgeon y tomado del Blog 5 Solas http://las5solas.wordpress.com/2009/06/07/falsos-arrepentimientos-charles-spurgeon/


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